Una mirada a la Red de Parques Nacionales

En el Parque de Arganzuela  podemos ver estos días una exposición de paneles fotográficos relacionados con los Parques Nacionales de España, en la que se destaca la reciente incorporación a dicha Red Nacional del Parque de la Sierra de Guadarrama, declarado oficialmente como tal en junio del presente año 2013.

La exposición cuenta con 70 paneles fotográficos e informativos en gran formato, en los que se muestran bellos parajes y detalles de flora y fauna de cada uno de los 15 Parques Nacionales existentes en España, de los que recordemos, diez se encuentran en la Península, cuatro en las islas Canarias y uno en las Baleares. Refresquemos seguidamente con una simple enumeración la lista de dichos parques:

  • Picos de Europa (Asturias, León y Cantabria)
  • Ordesa y Monte Perdido (Huesca)
  • Cañadas del Teide (Tenerife)
  • Caldera de Taburiente (La Palma)
  • Aigüestortes y Lago San Mauricio (Lérida)
  • Doñana (Huelva)
  • Tablas de Daimiel (Ciudad Real)
  • Timanfaya (Lanzarote)
  • Garajonay (La Gomera)
  • Archipiélago de Cabrera (Islas Baleares)
  • Cabañeros (Ciudad Real, Toledo)
  • Sierra Nevada (Granada, Almería)
  • Islas Atlánticas de Galicia (Pontevedra, A'Coruña)
  • Monfragúe (Cáceres)
  • Sierra de Guadarrama (Madrid, Segovia)

El primer Parque Nacional creado en el mundo fue, en 1872, el de Yellowstone (EE. UU.), famoso entre nosotros no tanto por su gran concentración de geiseres y fenómenos volcánicos, sino especialmente por haber sido la residencia del popular Oso Yogi de nuestra infancia. En España, el primero de estos Parques fue el de Picos de Europa, declarado como tal en junio de 1918 y que originalmente se llamó Parque Nacional de la Montaña de Covadonga. En la actualidad es el segundo Parque más visitado de nuestro país (el primero es el de las Cañadas del Teide).

La incorporación de la Sierra de Guadarrama a la Red de Parques Nacionales ha venido justificada, tal como indica la disposición de ley 7/2013 del pasado 25 de junio en la que se oficializa la creación del nuevo Parque, "no sólo por dar satisfacción al interés general de preservar toda la riqueza natural y cultural que atesora la Sierra de Guadarrama, sino que además hace justicia con lo que ha sido un profundo anhelo social sentido desde hace casi un siglo: la necesidad de frenar el deterioro que el incremento demográfico y el turismo de masas producen en un entorno tan próximo a una gran urbe como Madrid". ¡Bienvenido sea el nuevo Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama! y esperemos que cumpla su cometido conservacionista.

Recorriendo visualmente las fotografías expuestas en los paneles del Parque de Arganzuela, todas ellas de una gran fuerza y belleza, se despertará sin duda en el observador amante de la naturaleza el deseo de conocer estos parajes, o revivir gratificantes experiencias pasadas si ya se ha estado en ellos. Confiemos en que también sirvan para reforzar conciencias y responsabilidades, individuales y colectivas, sobre la importancia de proteger y preservar nuestro Medio Ambiente.



Las antíguas Escuelas Pías de San Fernando


Lavapiés, referente del casticismo madrileño de manolos y manolas, ha sido siempre un barrio de gente humilde, con viviendas que en muchos casos, como ocurre con buena parte de las famosas corralas existentes aún en el distrito, rozan los límites de habitabilidad exigibles hoy en día. Es evidente que durante años ha faltado en el barrio inversión para el mantenimiento y regeneración urbanística, quedando como un claro ejemplo de la desidia municipal en la zona el hecho de que, con el comienzo del siglo XXI, en el corazón del barrio aún permanecieran en estado de casi abandono los restos de las Escuelas Pías de San Fernando, destruidas en los primeros días de la Guerra Civil.

En 1996 la Gerencia de Urbanismo de Madrid sacó por fin un concurso para remodelar este espacio en ruinas, acometiéndose las obras en 2001. La adjudicación fue ganada por el arquitecto Jose Ignacio Linazasoro, quien con verdadero acierto presentó un proyecto visualmente integrador, en el que lo nuevo compartiría espacio con las ruinas existentes sin alterarlas, ya que se valoró que estas se habían convertido de alguna manera en un símbolo representativo del barrio. Por una vez, lo nuevo se supeditó a lo viejo, exhibiéndose los restos del pasado no como mero adorno sino como resalte del valor que encierran en sí mismos. Así, las ruinas de la iglesia de lo que fue el convento y colegio de San Fernando son hoy el caparazón de una hermosísima biblioteca cuya visión interior nos sorprenderá, y sobre el solar anexo, integrándose adecuadamente con los restos de la iglesia señalados, se edificó un funcional Centro de la UNED, al que merece la pena también pasar para subir hasta su azotea (hay un bar con agradable terraza desde la que disfrutaremos contemplando los tejados del viejo Madrid).

Pero hagamos como siempre un poco de retrospectiva histórica en torno a este lugar para conocerlo mejor:

El Convento y Colegio de San Fernando se funda en 1729 sobre unos terrenos existentes en la calle de Mesón de Paredes en los que por lo visto había estado desde 1617 el Hospital de Nuestra Señora de Montserrat (perteneciente a la Corona de Aragón). Este Colegio, orientado a recoger a los niños de las familias de clase humilde que vivían en Lavapiés, fue el primero perteneciente a la Orden de los Padres Escolapios creado en Madrid (posteriormente abrirían el de San Antón, en la calle Hortaleza). El Colegio tuvo buena acogida, incrementando significativamente el número inicial de alumnos previsto, lo que llevó a los fundadores a adquirir casas anejas al solar inicial para una previsible ampliación, que culminaría con la proyección de un nuevo Colegio más espacioso, encargándose el proyecto a Francisco Ruiz, uno de los notables arquitectos madrileños de la primera mitad del siglo XVIII. En 1734 Ruiz proyectó la planta del Colegio, del Convento y su Iglesia, y tres años después comenzó su construcción. Tras la muerte del arquitecto en 1744, José Álvarez continuó con las obras del conjunto que finalizaron en 1791. La fachada principal del complejo daba a la calle de Mesón de Paredes y ocupaba todo el área comprendida entre esta y las calles de Tribulete, Embajadores y Sombrerete.

El Colegio de San Fernando tuvo fama, durante sus muchos años de funcionamiento, de buen hacer pedagógico, siendo por ejemplo destacable que ya en 1795 funcionase allí la primera escuela de sordomudos de España. El Centro vivió varias obras de ampliación a lo largo del tiempo, que le dotaron ya entrado el siglo XIX de remodeladas instalaciones para atender a sus ahora cerca de 2000 alumnos, buena biblioteca (contaba con más de 17.000 volúmenes), gabinete de Historia Natural, de Física, comedor para los alumnos internos, sala de visitas, etc.

Con la llegada de la Guerra Civil, como ocurrió con otros edificios religiosos de Madrid, el conjunto fue saqueado e incendiado, quedando para la posteridad como único testimonio del edificio original las ruinas de parte de los muros perimetrales, los gruesos muros del tambor de la cúpula de la iglesia, la fachada principal y restos de la decoración barroca. También se conservan, aunque instaladas ahora en el Colegio de la Inmaculada de los P.P. Escolapios en Getafe (son figuras policromadas que han sido restauradas recientemente por Patrimonio Histórico).

En los años 40 en la parte del solar de las Escuelas que daba a la calle de Embajadores se construyó el Mercado Municipal de San Fernando y algunos años después, junto a la calle Tribulete, el Cine Lavapiés, abriéndose en los bajos de este edificio la famosa sala de fiestas "El Molino Rojo", referencia del cabaret madrileño entre los años 50 y 80. El edificio sería finalmente demolido a finales del siglo XX, construyéndose sobre su solar el actual Centro de la UNED enmarcado en el ya mencionado proyecto de remodelación de Linazasoro y que incluía junto al área de las Escuelas Pías, las plazas adyacentes de Agustín Lara (se había construido un aparcamiento en el subsuelo) y de La Corrala.
 

La biblioteca de las Escuelas Pías es accesible en principio sólo para alumnos de la UNED, pero puede visitarse libremente de  lunes a viernes, en horario de 9,15 a 10,00 h. y de 21,00 a 21,45 horas.

Real Academia de Medicina

En el número 12 de la calle Arrieta, cerca de la Plaza de la Encarnación, un edificio singular llama sin duda la atención del paseante por los dos enormes y forzudos atlantes de piedra que, a ambos lados de la puerta, parecen sostener la fachada. Alzando la vista vemos que se trata de la Real Academia de Medicina  y que el edificio se encuentra además coronado por un gran escudo y dos figuras de mujer (alegorías de la Medicina y de la Ciencia).

Las Reales Academias, surgidas del espíritu de la Ilustración y amparadas por la Corona, empezaron a constituirse en España en el siglo XVIII. Existen ocho Reales Academias oficiales con sede en Madrid (la RAE o de La Lengua, la de Bellas Artes de San Fernando, la de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, la de Ciencias Morales y Políticas, la de Medicina, la de Jurisprudencia y Legislación, y la de Farmacia). Además de estas, que tienen un carácter centralizador, hay otras cincuenta Reales Academias con dimensión autonómica y sectorial.

La Real Academia de Medicina, al igual que ocurrió con las de otras disciplinas, asienta por lo visto sus orígenes en la actividad de un grupo de asiduos tertulianos, médicos y farmacéuticos de profesión, que se reunían en la rebotica del nº 10 de la calle de la Montera (propiedad de José Ortega) y que en 1733 deciden constituirse en agrupación profesional con el nombre de Tertulia Literaria Médica Matritense, la cual pasaría al año siguiente a convertirse en Academia por Real Decreto de Felipe V. Su objetivo fundacional: “Fomentar el progreso de la medicina española, publicar su historia bibliográfica, formar la geografía médica del país y un diccionario tecnológico de la Medicina”.

Tras su constitución, la Real Academia de Medicina pasó por diversas sedes a lo largo de los años hasta asentarse definitivamente, a comienzos del siglo XX, en su ubicación actual, gracias a un real decreto por el que se aprobaba la construcción de un nuevo edificio, pensado ya específicamente para servir a dicha institución, en el solar de la calle de Arrieta que hasta ese momento había ocupado la Biblioteca Nacional. El arquitecto fue Luis María Cabello Lapiedra y la  primera piedra, valga la curiosa redundancia,  se colocó en 1911, finalizando las obras en 1914. Puede observarse que en la fachada del edificio están grabadas la fechas significativas de constitución de la Academia (1733) y de inauguración de la sede (1913), detalle este último que nos lleva a constatar que entonces, como ahora, las inauguraciones no siempre se hacían después de la finalización de las obras.

El interior del edificio, más allá de las salas de exposición temporal habilitadas en su planta baja, sólo es visitable en determinadas ocasiones, por lo que conviene aprovecharlas. Una de ellas ha sido con motivo de la X Semana de la Arquitectura y he de decir que la visita mereció la pena.

Tras atravesar el zaguán de entrada (se muestra en él una de las copias originales del famoso plano de Texeira) encontramos el vestíbulo y el Patio de Honor (el solar del edificio es relativamente pequeño y toda la edificación se construyó buscando la optimización de espacios). Este último presenta un bonito techo acristalado y está rematado con una majestuosa lámpara de La Granja. Pasando el Patio se entra en la que sin duda es la pieza más interesante de la casa: El Salón de Actos. Coquetón, solemne y con apariencia de reducido teatro, se encuentra presidido, con permiso de la mesa, por un gran cuadro de Felipe V.  Frente a la presidencia, o mejor dicho de costado a ella, los sillones de los 50 académicos. A continuación, en butacas de patio y anfiteatro, el resto de asistentes. Retratos de destacadas figuras de todos los tiempos ligadas a la medicina contemplan la sala desde medallones en lo alto de las paredes.

El guía nos lleva seguidamente al denominado Salón Amarillo, que en realidad es la antesala al Salón de Actos destinada a los señores académicos, y que se encuentra decorado con elegantes muebles y con retratos de insignes médicos, como el de José Celestino Mutis (recordar que es el que aparecía en los antiguos billetes de 2000 pesetas) o el del académico Amalio Gimeno, pintado por Sorolla y que recojo en la fotografía adjunta. También se encuentra en este salón un busto del gran Santiago Ramón y Cajal, obra del escultor Victorio Macho. La visita prosigue pasando al Salón Azul, en el que llaman la atención sobre todo dos cosas: el suelo primitivo de azulejos hidráulicos, descubierto no hace demasiado bajo una moqueta azul (de ahí el nombre que se dio a esta estancia), y un curioso cuadro, cedido por el Museo del Prado, titulado Centro de Vacunación y que hace referencia al importantísimo descubrimiento de la vacuna.

En el primer piso, el tradicionalmente concebido como principal en las casas de época, encontramos el Salón de Gobierno, lugar donde los académicos celebran sus reuniones de trabajo, y la hermosísima biblioteca. El edificio tiene un piso más, pero creo que no es visitable, o al menos no lo fue en el recorrido que nos mostraron (entiendo que no contiene ya aspectos destacables para los foráneos a la institución).

Si tienes curiosidad sobre la actividad actual de la Real Academia de Medicina te propongo que accedas a su web. ¡Salud!

Las playas de Madrid

Ante la simpática provocación a los madrileños que nos lanzaba el grupo Los Refrescos cuando decían aquello de “podéis tener Retiro, Casa Campo y Ateneo, podéis tener mil cines, mil teatros, mil museos, podéis tener Corrala, organillos y chulapas, pero al llegar agosto, ¡vaya, vaya!, aquí no hay playa”, hemos de responder que eso no es verdad del todo. Somos imaginativos y puesto que el verano madrileño es caluroso, ante la falta de mar bueno es el río y las piscinas.

Aunque hoy resulte impensable bañarse en el río Manzanares a su paso por la ciudad, está costumbre estuvo arraigada entre los madrileños hasta principios de  los años setenta del siglo XX.  Las riberas del río, preferentemente en áreas no urbanizadas como Puerta de Hierro y El Pardo, se llenaban de bañistas dispuestos a darse un refrescante remojón, pues nadar, lo que se dice nadar, difícilmente se conseguía en un río con tan escaso caudal. Fue por ello que, tras la canalización del Manzanares llevada a cabo entre 1914 y 1925, van a empezar a crearse, en las márgenes del mismo, las primeras piscinas madrileñas. Así, en 1931 se abre la Piscina de La Isla y, en 1932, la Playa de Madrid, considerada la primera playa artificial de España.

La Piscina de la Isla se denominó así porque se ubicaba realmente sobre una isla que había en medio del río, en las proximidades del Puente del Rey. Dicha isla fue ampliada artificialmente para construir el recinto de baños. Al conjunto se le quiso dar un toque marinero y para ello se construyó dándole forma de buque varado, con la proa en línea con la corriente del río. El recinto contaba con tres piletas de baño, dos de ellas al aire libre y una cubierta.

Con la posterior apertura de La Playa de Madrid se palió en buena medida el complejo de orfandad playera, pues se disponía ahora realmente de todo aquello que asociamos con ella: La arena hasta la orilla del agua, las sombrillas, el alquiler de tumbonas, e incluso barcas de recreo. Esta playa, de carácter público, fue posible gracias a un gran embalse del río que se construyó cerca del actual Hipódromo de la Zarzuela, a la altura de la desembocadura del Arroyo del Fresno, dos kilómetros aguas arriba del Puente de San Fernando. Con el tiempo se abandonó la opción de baño en el río y el recinto pasó a ser polideportivo privado, funcionando como tal hasta que hace ya varios años cerró.

Poco a poco Madrid fue ampliando su oferta de baño con la apertura de nuevas piscinas públicas y privadas por toda la ciudad, aunque el entorno del río ha mantenido desde entonces siempre cierta asociación preferente con el baño. En sus cercanías, por ejemplo, podemos mencionar recintos como el populoso Parque Sindical, conocido como “la charca del obrero”, que se inauguró en 1955 (actualmente se denomina Parque Deportivo Puerta de Hierro), o la en su día aperturista, por ser una de las pioneras en acoger el topless, piscina de El Lago (estaba junto al Puente de los Franceses, en el lugar que hoy ocupa la Clínica Moncloa ).

Con la reciente creación del Parque Madrid Río nuevamente resurgió el sueño de dotar de playa a Madrid y, aunque al resultado hay que echarle imaginación para ver la equiparación, ahí tenemos las tumbonas, las sombrillas y el refrescante agua “a chorros”. ¡A disfrutarla!

Recomiendo seguidamente varios enlaces relacionados con el tema tratado en esta entrada:

   - Piscina La Isla (Autor: David Miguel Sánchez Fernández.)
   - Playa de Madrid (Autor: Guerra Esetena)
   - La playa de Madrid Río


La antigua Casa de Fieras del Retiro

Cuando transcurrido un tiempo acudimos nuevamente a un lugar que en el pasado conocimos y que ya no es lo que fue, suelen invadirnos, especialmente si los recuerdos son agradables, sensaciones nostálgicas que nos hacen revivir viejas imágenes y que nos llevan, además, a intentar redescubrir qué había antes en este o ese rincón, tratando de buscar aquí y allá elementos testimoniales perdurables aún de aquel pasado grabado en nuestra memoria. Este es, por ejemplo, para los que tenemos cierta edad el caso de los denominados Jardines del Arquitecto Herrero Palacios, nombre que a muchos sonará a chino, pero que identificaremos rápidamente si decimos que son los que se corresponden con la antigua "Casa de Fieras" del Parque del Retiro.


Es verdad que hace ya mucho tiempo que la actividad zoológica dejo de desarrollarse aquí, pues fue en junio de 1974 cuando finalizó la exhibición de fieras en este lugar (ya se había inaugurado el nuevo Zoo de la Casa de Campo) pero, quién de entre los que lo conocieron no recuerda aquellas jaulas de leones que olían a tigre, aquellos osos polares tratando de supervivir en el sofocante calor del verano madrileño, o aquellos mandriles, indecorosos en algunos de sus gestos, que jugueteaban en el foso. Como niños que éramos disfrutábamos entonces viendo aquellos animales, especialmente si nuestra visita familiar coincidía con la hora de su comida, momento en el que abandonaban durante unos instantes la apatía del enjaulamiento (¡Que inhumanas condiciones las de aquellos reducidos espacios!).

De la antigua Casa de Fieras sólo quedan en pie algunos testimonios significativos, como el foso de los monos, las dos jaulas cueva en las que residían los osos pardos, los estanques de los patos, la llamativa bancada de azulejo de la entrada principal o las estatuas de leones y osos que custodian los dos extremos del paseo central. En abril de 2013 se inauguró en el edificio principal una moderna biblioteca pública, remodelándose la fachada de la primera planta y sustituyendo en ella las jaulas de animales por balconadas acristaladas que mantienen cierto toque evocador a aquellas (¿exhibición hoy de homo sapiens?).

Madrid cuenta con zoológico desde 1774, fecha en la que Carlos III mandó construir uno en lo que hoy es la Cuesta de Moyano (complementaba al Museo de Ciencias Naturales previsto en el edificio del Paseo del Prado que luego se destinaría a pinacoteca). Aquel temprano zoo fue el segundo creado en Europa (el de Viena, de 1965, fue el primero). A finales del siglo XVIII se decide trasladarlo a la esquina del Parque del Buen Retiro junto a la Puerta de Alcalá. Con la invasión francesa el recinto se deterioró y muchos animales murieron, por lo que tras su expulsión, Fernando VII decide en 1830 reconstruirlo, mejorando las instalaciones y trasladándolas a un nuevo recinto en la zona del Retiro adyacente a la actual Puerta de Sainz de Baranda. Se conformaba así lo que sería ya la Casa de Fieras que conocimos y que perduró como zoo madrileño hasta que se inauguró el actual de la Casa de Campo en 1972.

Los actuales jardines se llaman "del Arquitecto Herrero Palacios" en homenaje a quien fue Director de Parques y Jardines Municipales en los años 60 y autor, por ejemplo, de la construcción de la cascada y el Centro Cultural de la Villa (actual teatro Fernán Gómez) en la plaza de Colón y de la fuente alegórica al nacimiento del agua que hay en la Pza. de España.
 

Exposición fotográfica de Rafael Sanz Lobato

En la Real Academia de Artes de San Fernando podemos ver hasta el 8 de septiembre una gran exposición retrospectiva de la obra comprendida entre los años 1960 y 2008 del fotógrafo sevillano Rafael Sanz Lobato, Premio Nacional de Fotografía 2011 y Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2004.

Considerado uno de los precursores del documentalismo fotográfico antropológico en nuestro país, su obra refleja la idiosincrasia y la tradición de los pueblos de España a través de series como Barcianos de Aliste, en la que recoge el desfile del Santo Entierro en ese pueblo zamorano, o en Rapa das Bestas, práctica desarrollada en la localidad gallega de Sabucedo consistente en recoger los caballos del monte y encerrarlos en un reciento para raparlos y marcarlos, pero sin emplear cuerdas, palos o aparatos para reducir al animal. Otra de sus series más conocidas, Auto sacramental de Camuñas, refleja la singular celebración en ese pueblo toledano del Corpus con la fiesta Pecados y Danzantes, en la que se representa la confrontación entre el Bien y el Mal.

Su obra, desarrollada en blanco y negro ya que considera que el color quita fuerza a la imagen, ha incorporado en los últimos años el estudio de composiciones muertas como elemento fotográfico, buscando la fuerza del contraste de texturas, luces y formas.

Para acceder directamente a la página de la web de la Fundación Telefónica con información sobre esta exposición pulsa aquí.

Metro de Madrid recupera su antiguo plano

Metro de Madrid recupera el diseño del antiguo plano de su red, muchísimo más claro e intuitivo que esa nueva versión existente desde 2007 en la que predominaban los trazos rectos y en los que no se respetaban proporciones de distancias ni ubicaciones orientativas respecto a la situación en las barriadas.

Pese a que se explicó en su día el motivo del cambio en base a la necesidad de incorporar en el plano las 80 estaciones nuevas y los 90 Km de línea que se habían creado desde 2003, la solución que se dio no gustó en general a casi nadie, ya que si bien reflejaba líneas y estaciones no era fácil asociar estas con ubicaciones reales de la ciudad.

¡Enhorabuena por la decisión!.



La imagen ha sido tomada de la edición digital del diario El Mundo de fecha 31-5-2013