Mostrando entradas con la etiqueta MUSEOS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MUSEOS. Mostrar todas las entradas

Un posible nuevo museo en Madrid

Hace unos días pudimos leer en la prensa que la nueva alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, tiene la intención de abrir al público el Palacete del Parque del Capricho, dentro de una política de aprovechamiento de edificios municipales actualmente sin actividad. Me parece una estupenda noticia, especialmente porque lo que se tiene proyectado es la creación en su interior de un museo dedicado a la destacada figura de la duquesa de Osuna, mujer de gran trascendencia social y cultural en su tiempo e impulsora del precioso recinto que conforma El Capricho (ya tratado en este blog).


Exteriormente el palacete se conserva en muy buen estado, pero parece ser que no tanto así el interior, que precisará seguramente de algunos retoques para restituir parte de su antíguo lustre. En línea con ello se informa que existen negociaciones para que el museo del Prado ceda a este nuevo museo cuadros y muebles de la época, algunos de ellos procedentes originalmente de dicho palacete.

¡Bienvenidas iniciativas como esta y ojalá se extiendan!

Alcorcón: Museo de Arte en Vidrio

En el Castillo Grande de Valderas, posiblemente el edificio más claramente identificable del municipio de Alcorcón, se ubica un interesante museo desconocido para muchos madrileños y que desde aquí animo a visitar. Me estoy refiriendo al Museo de Arte en Vidrio de Alcorcón o MAVA, como abreviadamente se le conoce.

Este museo municipal funciona desde 1997 y está centrado expositivamente en el arte contemporáneo en vidrio, lo que le diferencia de otros, como el segoviano de la Real Fábrica de La Granja de San Ildefonso, en los que el peso de las obras mostradas tiende a inclinarse más hacia aquellas creaciones anteriores al siglo XX.

El origen de la colección permanente del MOVA, compuesta actualmente por más de 160 piezas creadas por reconocidos artistas del vidrio nacionales e internacionales, se debe a la iniciativa e impulso del escultor abulense Javier Gómez, quién habiéndose iniciado allá por 1971 en el conocimiento de las técnicas industriales del manejo del vidrio pronto se pasaría al tratamiento artístico de este material, siendo uno de los primeros en hacerlo en España (el precursor fue Joaquín Torres Esteban), abriendo así camino en nuestro país a la nueva corriente artística que había empezado a gestarse en América a comienzos de los sesenta con el Studio Glass Movement. Consciente años después y ya consolidado como artista que la Comunidad de Madrid merecía tener, como ya ocurría en otros muchos lugares del mundo, un museo en el que mostrar lo que se estaba haciendo artísticamente en vidrio, convenció tanto al Ayuntamiento alcorconero como a artistas y coleccionistas privados para que se implicasen proactivamente en este proyecto museístico, consiguiendo por ejemplo, por destacar la que fue principal aportación, que la coleccionista japonesa Takako Sano, gran amiga del artista y persona de prestigio internacional en el arte del New Glass por ser durante años comisaria de importantes exposiciones, donase 57 piezas de su colección particular.

La verdad es que cuando en la visita uno observa con detenimiento las piezas y tiene la suerte de que alguien experto en la materia le vaya explicando las diversas formas en que están estas trabajadas, no puede dejar de admirar la labor realizada por los artistas con este frágil material. Descubres como en el trabajo del vidrio se distingue primeramente entre aquel que se hace en caliente y el que se realiza en frío. Hacerlo en caliente supone trabajar directamente con la materia ígnea, es decir cuando su estado de elasticidad permite la manipulación directa y rápida mediante el uso de cañas y otras herramientas. Hay distintos tratamientos: Vidrio soplado, colado, moldeado, centrifugado, prensado, fundido, pasta de vidrio, estirado, etc. Por su parte las técnicas del vidrio en frío, que implican por lo general un proceso bastante más lento, trabajan a partir de piezas ya enfriadas y presentadas en formas varias, como pueden ser láminas, objetos huecos, estirados, varillas, etc. Estas se trabajan luego cortando, pegando, puliendo, grabando, pintando, esmaltando, mateando con chorro de arena, tallando, ... Además, algunos autores agrupan y combinan diversas de estas técnicas en lo que sería un paso intermedio entre frío y caliente, aumentando así las posibilidades. ¡Sin duda un trabajo minucioso y delicado!

Señalar por último, pues resulta también interesante, que el MOVA organiza talleres en los que el visitante puede aprender de forma práctica a trabajar con vidrio, creando sencillas piezas de arte que puede incluso llevarse. Entérate de la posibilidad antes de ir y atrévete a probarlo. ¡Te gustará!

Antes de finalizar esta entrada del blog y puesto que si acudimos a ver este museo sentiremos curiosidad sin duda por el edificio en el que se alberga, referiré aquí el origen de este castillo:  Fue mandado construir a principios del siglo XX (se inauguró en 1917) por los marqueses de Valderas a raíz de que él, D. José Sanchiz de Quesada, que era capitán del regimiento de Artillería, fuese destinado a esta zona. Originalmente se construyeron tres edificios: la residencia principal (sede del museo), el Oratorio (situado detrás del primero) y el de caballerizas y residencia del servicio (hoy desaparecido). El curioso estilo arquitectónico elegido responde al capricho, frecuente entre nobles y ricos burgueses de finales del siglo XIX, de emular edificios antiguos.

Tras la muerte de los marqueses, el paso del tiempo y sucesivos herederos poco interesados en el mantenimiento integral de la hacienda (los amplios terrenos de la finca fueron vendiéndose y hoy conforman en gran parte el barrio de San José de Valderas) fueron degradando los edificios, llegando a alcanzar un estado casi ruinoso (como curiosidad sepamos que por aquel entonces, en 1973, sirvió de escenario para una película de esas de miedo titulada “La Saga de los Drácula”). Asumida finalmente por el Ayuntamiento de Alcorcón su protección, los edificios fueron rehabilitados y destinados a uso cultural. En el edificio principal se optó por la sustitución de los elementos estructurales interiores, a fin de dar amplitud de espacio, así como por conservar sólo tres de las fachadas originales del Castillo Grande (en la posterior, la que da al Oratorio o Castillo Pequeño, se abrió un amplio ventanal que da luminosidad natural a la escalera principal y a buena parte del interior del edificio. En el entorno de los castillos, un parque público salpicado con diversas modernas esculturas invita a visitantes y vecinos a un tranquilo paseo y a la contemplación, en uno de sus extremos, de ese proyecto inacabado del CREAA, conjunto de edificios pensados para albergar un auditorio, un circo estable, un conservatorio de danza y música, un área de restauración y no sé cuantas otras cosas, y que pasado el tiempo siguen ahí cerrados y sin uso, como pruebas palpables a juicio de muchos de esa inversión alocada y un punto especulativa sufrida los últimos años en nuestro país. Confiemos en que, ya que están algunos construidos, se terminen estos y se les de uso público.

MAVA. Museo de Arte en Vidrio de Alcorcón
Dirección: Avenida de los Castillos (Alcorcón)
Horario: Lunes a viernes de 10 a 14 h y de 17 a 20 h (cierran sábados tarde, domingos y festivos)
Metro: Joaquín Vilumbrales (Línea 10)
Entrada gratuita

Museo Arqueológico Nacional

El Museo Arqueológico Nacional (MAN), tras la profunda remodelación que lo ha mantenido cerrado estos últimos años, reabrió el pasado 1 de abril y, de momento al menos, está siendo muy visitado por madrileños y turistas, con lo que esperemos se haya logrado el propósito marcado de atraer más público del que tradicionalmente había tenido en el pasado.

Hay que reconocer que la remodelación ha quedado bien. El museo presenta ahora unos espacios más amplios y agradables para el visitante, con abundante y comprensible cartelería informativa que, complementada como está con numerosos audiovisuales y mapas, facilitan la puesta en contexto y hacen accesible, comprensible y atrayente la exposición para el público no especializado.

Un amplio hall de entrada, en el que también se ubica la cafetería y una tienda, recibe al visitante. Tras los tornos de acceso y siguiendo un recorrido secuencial que nos llevará por las diversas plantas del edificio, encontramos las salas museísticas: Prehistoria, Protohistoria, Hispania Romana, Mundo Medieval: Al Ándalus, … Un amplio recorrido por épocas y culturas que llega hasta la Edad Moderna. Entre los numerosos objetos expuestos, que incluyen pequeñas y grandes piezas, encontramos utensilios caseros, armas, joyas, monedas, e incluso elementos ornamentales como porticos de piedra, techumbres de madera policromada y suelos de mosaico. Entre todas ellas hay piezas sin duda de gran singularidad, como la Estela de Solana de Cabañas, las archifamosas Dama de Elche y Dama de Baza, el valioso Tesoro visigodo de Guarrazar o, por poner otro ejemplo, el preciosista Bote de Zamora, delicada pieza minuciosamente labrada en marfil y que fue un regalo del califa al-Hakam II a su favorita Subh.



Para finalizar esta entrada, un poco también de historia de este museo: Fue fundado en 1867 por Real Decreto de Isabel II y se inauguró oficialmente el 9 de julio de 1871 por el rey Amadeo I de Saboya. Tuvo provisionalmente una primera sede en el palacete del Casino de la Reina (junto a la calle Embajadores) que el Ayuntamiento de Madrid había regalado a Isabel de Braganza, esposa de Fernando VII. En 1895 los fondos museísticos fueron trasladados definitivamente al nuevo Palacio de Bibliotecas y Museos, grandiosos edificio que va a compartir con la Biblioteca Nacional y que cuenta con dos monumentales fachadas neoclásicas, la correspondiente a la Biblioteca dando al Paseo del Prado y la del Museo Arqueológico dando a la calle Serrano.


Museo Arqueológico Nacional (MAN)
Dirección: c/Serrano, 13
Horario: Martes a sábado 9,30 a 20 h. Domingos 9,30 a 15 00 h.
Precio: 3 euros

Temporalmente, hasta el 20 de abril de 2014, la entrada es gratuita

Museo ABC de Dibujo e Ilustración

Como su nombre indica, el Museo ABC de Dibujo e Ilustración está dedicado a exponer la obra artística de dibujantes, ilustradores y pintores, especialmente de aquellos que desde finales del siglo XIX hasta nuestros días alimentan la Colección ABC, un legado que se nutre con la obra de más de 1500 artistas de todos los estilos, técnicas y tendencias y que hoy cuenta con cerca de 200.000 dibujos originales.

La visita a este museo, que fue inaugurado en septiembre de 2010, tiene como primer aliciente el propio edificio en el que se ubica, pues fue en tiempos la dependencia principal (la dedicada a oficinas y viviendas) de la primera Fábrica de Cerveza Mahou en la capital. Dicha fábrica, fundada en 1889 con el nombre de "Hijos de Casimiro Mahou, Fábrica de Hielo y Cerveza" constaba de varios edificios, quedando como testigo de otra de las antiguas dependencias la chimenea de ladrillo que sobrevuela los tejados en la aledaña calle del Limón y que formaba parte del área de calderas.

El Edificio original fue obra de los arquitectos municipales Andrés Octavio y José Lopéz Salaberry, artífices también del proyecto inicial de la construcción de la Gran Vía madrileña y, en el caso de Salaberry del diseño del otro símbolo arquitectónico ligado al ABC: La llamativa fachada del edificio ABC y Blanco y Negro en la calle Serrano.

En el remodelación que se hizo para uso museístico del edificio vemos que, buscando sin duda aportarle una seña de identidad modernista, se añadió al  ladrillo original una gran viga de cristal y metal en la fachada exterior, así como una cubierta de despieces triangulares en la cara que da al patio-plaza que constituye la entrada al centro. Interiormente la instalación presenta un aspecto funcional, contando con más de 3.500 metros cuadrados distribuidos en seis plantas, en las que se combinan espacios de uso público con áreas restringidas destinadas a depósito de obras, laboratorio de restauración, almacenes, oficinas, etc.


Actualmente el museo ABC nos muestra tres exposiciones:


* Eulogio Varela. Modernismo y modernidad: Este polifacético artista gaditano nacido en 1868 fue el gran referente gráfico en Madrid del modernismo imperante en Europa a lo largo de las primeras décadas del siglo XX.  Destacó en el ámbito de la pintura, la ilustración, el diseño gráfico y de mobiliario, además de llevar a cabo una labor pedagógica y teórica que ayudó a realzar su nombre, siendo inspirador por ejemplo de Juan Gris o de Pablo Picasso. Desde 1898 colaboró estrechamente con la revista Blanco y Negro y, fruto de ello, la Colección ABC custodia 950 dibujos con ilustraciones y diseño de letras capitales, adornos, orlas y piezas de decoración. En la muestra que se expone pueden apreciarse obras con influencias de la estampa japonesa, de la arquitectura germana y vienesa, de los simbolistas prerafaelistas ingleses, de las temáticas wagnerianas y de su interés por el medievalismo y otros neohistoricismos. Esta exposición está abierta hasta el 22 de junio de 2014. 

* Pensar con las manos. Pep Carrió e Isidro Ferrer: La muestra reúne más de un centenar de obras de estos dos actuales creadores, exponiéndose dibujos, cuadernos, collages y creaciones interactivas con realidad aumentada, animación 3D, 2D, vídeo y otros contenidos multimedia. Esta exposición está abierta hasta el 30 de marzo de 2014.

* Juan Berrio. Cuaderno de frases encontradas: Dibujos originales en pintura acrílica sobre papel, con algunos trazos de grafito, en los que este ilustrador español captura frases cotidianas sueltas escuchadas por azar en el deambular cotidiano y las acompaña de la imagen memorizada del aspecto de las personas que las pronunciaron, prescindiendo de los detalles ambientales y del entorno. Esta exposición permanece hasta el 31 de marzo de 2014.


Museo ABC
Dirección: Calle Amaniel 29-31
Horario: Martes a sábado de 11 a 20 h. Domingos de 10 a 14 h.
Entrada: Gratuita

Museo del Instituto San Isidro

En la calle de Toledo número 39, formando cuerpo arquitectónico con la Colegiata de San Isidro, que recordemos fue la catedral provisional de Madrid hasta 1993 en que abrió sus puertas la Almudena, encontramos el instituto de educación que lleva su mismo nombre y que está considerado como el más antiguo de los existentes en España. Dicho Instituto San Isidro tiene un museo en el que se nos muestra parte de su interesante historia y que desde luego animo desde aquí a visitar, especialmente ahora que ha ampliado los días de apertura e incluido entre ellos la mañana de los sábados, lo que sin duda facilitará a muchos madrileños la posibilidad de visita. Aprovecho para felicitar y agradecer desde aquí a los chicos y chicas de bachillerato de esta institución que colaborar como guías en el recorrido habilitado para la visita su voluntariosa labor. ¡Muchas gracias por vuestro tiempo!

El Instituto San Isidro es heredero de los Estudios de la Villa fundados en 1346 por el rey Alfonso XI y, posteriormente y de forma más especial, del Colegio Imperial de la Compañía de Jesús. Los jesuitas, que recordemos tuvieron un papel muy relevante en el marco de la Contrarreforma y que habían empezado a adquirir gran poder a partir de la segunda mitad del siglo XV, decidieron crear en Madrid una institución educativa. Emplazaron su construcción sobre un terreno de la calle Toledo que les había sido cedido a la Compañía por doña Leonor Mascareñas, dama de la emperatriz Isabel y de doña María de Portugal. En 1564 se construyó pues un primer edificio que empezó a funcionar en 1572 por orden de Francisco de Borja, ofreciendo en él estudios de gramática, retórica y teología. El auge y prestigio de esta nueva institución madrileña forzó la entrada en crisis de los anteriormente mencionados Estudios de la Villa que pasarían a desaparecer totalmente en 1619.

Los jesuitas, que van a ir adquiriendo una relevante posición en la Europa católica, encontrarán en nuestro país gran apoyo en el entorno de la Corte, especialmente al contar con el importante respaldo de la Emperatriz María de Austria, hija mayor de Carlos V y que tras enviudar de su esposo el emperador Maxilimiano II en 1581, regresó a Madrid para ingresar en el monasterio de las Descalzas Reales. Su respaldo fue tal que cuando falleció en 1603 dejo buena parte de su fortuna a la Compañía, con el objetivo de que el colegio fuera ampliado con terrenos colindantes y reconstruido de nueva planta, deseo que se llevaría a cabo, refundándose la institución con el nombre de Colegio Imperial y reconociendo a María de Austria como patrona, dotadora y fundadora del mismo. El nuevo edificio que se construye y que es el que actualmente vemos integrando colegio y Colegiata (originariamente esta era la iglesia del colegio) se erigió siguiendo los cánones arquitectónicos del barroco herreriano (los arquitectos fueron los jesuitas Pedro Sánchez y Francisco Bautista)  y se convirtió en uno de los edificios emblemáticos de Madrid. Su significación también se verá incrementada a partir de este momento desde el punto de vista académico, especialmente cuando a partir de 1627 se fundan en el seno del Colegio Imperial los Reales Estudios, que van a venir a concentrar enseñanzas que se encontraban hasta ese momento dispersas en la villa de Madrid, como matemáticas, teología, filosofía, geografía y ciencias.

En 1725 Felipe V inauguró en los Reales Estudios el Real Seminario de Nobles, con las mismas funciones pero reducido en cuanto al número de quienes van a tener acceso al mismo, siendo esta la primera institución de enseñanza conocida en la que se impartían clases desde los rudimentos del alfabeto hasta la enseñanza superior en lenguas clásicas, filosofía o teología.

Con la expulsión de los jesuitas en 1767 los Reales Estudios cerraron, pero Carlos III, manteniendo el espíritu de la Ilustración de la época, los reabrió tres años más tarde, aunque sustituyendo ya a los antiguos gestores y docentes jesuitas por personal laico e incrementando significativamente el papel de la biblioteca del Centro, así como el estudio de la Historia Antigüa (griega, egipcia y romana) y de las asignaturas de Matemáticas, Retórica, Poética, Griego, Árabe y Hebreo. Es también durante el reinado del Carlos III cuando a los Reales Estudios se le añadiría el apelativo de "San Isidro" (concretamente, la primera mención aparece en 1788). Dicho añadido realmente no es oficial sino que, popularmente, se le empieza a denominar así debido a que Carlos III, en su intento de borrar toda referencia a los jesuitas, traslada los restos de San Isidro, que estaban en la Parroquia de San Andrés, a la antigua iglesia del Colegio Imperial que, a partir de ahora, se llamará Real Colegiata de San Isidro.

Entre 1816 y 1834 (con el paréntesis del Trienio Liberal), los Reales estudios de San Isidro volverían a ser gestionados nuevamente por jesuitas, para convertirse en institución definitivamente laica en 1836 durante la minoría de edad de Isabel II y tras ser expulsados definitivamente los jesuitas (en 1834 el colegio fue escenario de una de las matanzas de jesuitas que en aquel tiempo se produjo al acusarse a los monjes de la Compañía de haber envenenado las aguas y propagado la epidemia de cólera que asolaba media España).

La normalización de la situación de la institución vendrá en 1845, con la creación del Instituto de Segunda Enseñanza San Isidro. A partir de ese momento y gracias a la conformación de un buen claustro de profesores y a los esfuerzos por difundir las nuevas ideas y conocimientos que surgían a finales del siglo XIX, el Instituto vuelve a ser reconocido y valorado por el pueblo de Madrid.

Durante su larga y fructífera andadura esta institución educativa ha formado a numerosos personajes ilustres. En su primera época fue testigo de la presencia en sus aulas de Calderón de la Barca, Francisco de Quevedo y Lope de Vega quien escribió los poemas del acto inaugural del instituto. En época más reciente por sus aulas han pasado jefes de gobierno como José Canalejas, Alcalá Zamora, Eduardo Dato, Francisco Silvela, Raimundo Fernández Villaverde o Nicolás Salmerón, premios Nóbel como Jacinto Benavente, José de Echegaray, Vicente Aleixandre, Camilo José Cela y gran parte de los intelectualidad española como Mariano Larra, Francisco Ayala, Juan de la Cierva, Julián Besteiro o artistas como Eduardo Rosales, Miguel Mihura, Jose Luis Lopez Vazquez, Emilio Gutiérrez Cava, y un largo etcétera. El rey Juan Carlos también pasó por este Instituto.

Cuando en nuestra visita al museo del Colegio San Isidro traspasamos la puerta principal, fachada por grandes escudos, tras el área de recepción lo primero que sin duda llamará nuestra atención es el magnífico claustro construido en granito. Se trata de un patio cuadrado, con veinte arcos en la parte inferior coronados por el águila bicéfala de los Habsburgo y veinte grandes balcones en la parte superior. En el deambulatorio cubierto por bóvedas de aristas, se abren distintas puertas que dan acceso a la biblioteca, a la escalera imperial y a otras dependencias. En el centro del patio, un sencillo pozo.

El museo está organizado a lo largo de la amplia y bonita escalera imperial de estilo barroco. En la planta baja encontramos varios expositores con explicación de los orígenes del colegio imperial y su plan de estudios, interesantes libros antiguos relacionados con el instituto, así como expedientes de antiguos alumnos célebres. También encontramos que se ha recreado un aula antigua, con pupitres de la época. En nuestro ascenso por las escaleras encontramos junto a los muros, mapas, fotos y diversidad de objetos pertenecientes a los gabinetes de física e historia del Instituto, siendo especialmente llamativa la colección de animales disecados, así como las diversas reproducciones para estudio creadas con papel maché.

¡Sin duda una exposición curiosa e interesante!

La entrada a este museo es gratuita (se puede colaborar al mantenimiento mediante donativo voluntario).

Real Monasterio de la Encarnación



El Monasterio de la Encarnación es conocido seguramente por muchos madrileños no tanto por la gran riqueza de los tesoros artísticos que contiene, sino por poseer la famosa reliquia con la sangre de San Pantaleón, esa que cada 27 de julio, festividad del santo, milagrosamente se licua, atrayendo ex profeso con ese extraño pero simple acontecimiento a numerosos fieles y curiosos (en Nápoles ocurre un fenómeno similar con la sangre de San Genaro, que licua el primer domingo de mayo y el 19 de septiembre). Pero no es del detalle de la reliquia de lo que quiero hablar en esta ocasión, sino del Monasterio en su conjunto y de lo que podemos ver en una de sus visitas guiadas, muy interesantes pero siempre algo aceleradas para el que gusta de la relajada contemplación artística.

Este monasterio fue fundado en el siglo XVII a iniciativa de los reyes Felipe III y su esposa Margarita de Austria. La reina había conocido durante la estancia vallisoletana de la corte española a la madre Mariana de San José, impulsora de la congregación religiosa de monjas contemplativas agustinas recoletas y decidió asignar el Monasterio a dicha orden, siendo nombrada Mariana priora del mismo (su sepulcro se venera en el monasterio).
Dos fueron los arquitectos que intervinieron en la construcción de este Monasterio, Juan Gómez de Mora y Fray Alberto de la Madre de Dios (algunas dependencias y en especial la iglesia fueron años despues remodeladas por Ventura Rodriguez, por lo que también le incluiremos entre los arquitectos artifices del edificio cuya primera piedra se puso en 1611 y se inauguró en 1616). El Monasterio es de estilo barroco pero de gran sobriedad y con muy claras influencias herrerianas, propias de la arquitectura española de la primera mitad del siglo XVII. Como curiosidad, indicar que el Monasterio formaba parte del complejo del Alcazar, estando incluso originariamente unido a este a través de un pasadizo que fue eliminado años después, ya en tiempo de los Borbones, pues habiendo quedado inservible tras el famoso incendio que destruyo el recinto regio en 1734, José Bonaparte decidió suprimirlo aprovechando la remodelación que durante su gobierno se hizo de la plaza de Oriente.

Este edificio gozó desde su fundación y a lo largo de toda su historia de los favores reales y del apoyo de los nobles cortesanos, recibiendo tanto con la Casa de Austria como después con los Borbones, numerosos donativos en forma de obras de arte que, por suerte, han perdurado allí hasta hoy, convirtiendo a este monasterio, al igual que ocurre con el de las Descalzas Reales, en auténticos e impresionantes museos.

El Real Monasterio de la Encarnación conserva importantes conjuntos pictóricos y escultóricos de los siglos XVII y XVIII, con obras de artistas de la talla de Lucas Jordán, Juan Van der Hammen, Vicente Carducho, Francisco Bayeu, Pedro de Mena o Gregorio Fernández. Las estancias son por lo general de decoración modestas, pero hay también algunas de cierta majestuosidad, como la preciosa sala de los Relicarios (contiene cerca de 700 piezas) y, por supuesto, la nave de la iglesia.

Actualmente el Monasterio cuenta con 9 monjas de clausura (creo llegó a haber 33 en sus buenos tiempos) que siguen utilizando en su actividad diaria algunas de las salas que recorremos en nuestra visita, aunque lógicamente lo hacen fuera del horario turístico habilitado.


Real Monasterio de la Encarnación
 

   Dirección: Plaza de la Encarnación, 1
   Horario: De 10 a 14 y de 16 a 18:30 h martes a sábado. Domingos de 10 a 15 h.
   Precio: 7 € tarifa básica (10 € si se combina, en 48 h, con Monasterio de las Descalzas)
   Estaciones de Metro más cercana: Opera

Casa Museo del Ratón Pérez

Ante la pregunta de cuál es el animal que tiene más dientes, un enteradillo en zoología nos diría que seguramente es el pez gato (9280), seguido a cierta distancia del tiburón ballena (4500), pero se equivocaría, pues el animal con más dientes es, de largo, el Ratón Pérez.
He comenzado con este viejo acertijo infantil porque en esta ocasión voy a hablar de uno de esos curiosos pequeños museos con los que cuenta Madrid: La Casita Museo del Ratón Pérez. Está situado en el número 8 de la calle Arenal y su ubicación allí no es casual, pues es donde estaba la confitería Prast en la que el padre Luis Coloma, autor de este personajillo de cuento, situó la vivienda de nuestro ratón, que aunque no tan famoso como Mickey Mouse, si que forma parte de la memoria colectiva de muchos españoles. ¡Quién no dejó uno de sus dientes de leche bajo la almohada para comprobar, a la mañana siguiente que este había desaparecido y en su lugar había una moneda o un pequeño regalo!. La tradición debe seguir manteniéndose, pues padres y abuelos con niños pequeños (se recomienda mayores de 5 años) son los principales visitantes.
La leyenda popular del personajillo mágico que se lleva los dientes caídos del niño no es exclusiva de nuestro país. Los franceses con su “Petite Souris”, los italianos con “Topolino” o “Ratai-Chi” en algunas zonas de Asia Oriental comparten por ejemplo con nosotros el protagonismo de un roedor, mientras que los anglosajones, siempre marcando diferencias, tienen al "Hada de los dientes" (Tooth Fairy).
Nuestro Ratón Pérez, así, con apellido, fue creado en 1894 por el padre Luis Coloma (jesuita y miembro de la Real Academia Española) como coprotagonista del cuento que, a solicitud de la reina regente María Cristina, escribió para el niño Alfonso XIII, que por entonces tenía 8 años, y al que se le había caído un diente. Junto al ratón y su familia, el otro protagonista del cuento es Budy, un niño que se convierte en ratón para poder viajar con Pérez y que representa al propio monarca niño (Buby es como la reina regente María Cristina llamaba por lo visto a su hijo). El  cuento, cuyo manuscrito original conteniendo la firma de Coloma y una dedicatoria al rey Alfonso XIII se conserva en la cámara de seguridad de la Real Biblioteca de Palacio, fue difundido al gran público años después, primero en una edición junto a otras narraciones y por fin, en 1911, de forma independiente e ilustrada por Mariano Pedrero. En el museo puede verse uno de estos ejemplares.
Lógicamente, lo que este museo ofrece se mueve en el ámbito de la ilusión infantil y del merchandising: Retratos de la familia Pérez, recuerdos personales, dientes certificados de ilustres personajes, maqueta de la casa del ratón, etc.
El Ayuntamiento de Madrid rindió un homenaje a este ratoncito de leyenda instalando una placa conmemorativa en la calle del Arenal número 8, la primera concedida en la ciudad a un personaje de ficción.
Además de en la web oficial de este museo, puedes encontrar información adicional sobre el cuento en el siguiente enlace del Centro Virtual Cervantes 

Casita-Museo de Ratón Pérez
  Dirección: Arenal, 8 (planta 1ª)
  Horario: de 11 a 13,15 y de 17 a 19,15
  Precio: 2,5 €
  Metro más próximo: Sol

Museo de la Biblioteca Nacional de España

Los museos forman parte indiscutible de las posibilidades que una ciudad ofrece para disfrutarla y Madrid tiene una gran cantidad y variedad de ellos. Hoy propongo visitar el Museo de la Biblioteca Nacional de España (BNE). La entrada al museo y a las exposiciones temporales que regularmente allí también se organizan es gratuita.

El Museo de la BNE muestra una gran colección de piezas originales que forman parte de la historia de la escritura y de sus soportes, así como de la propia historia de la BNE. Fué inauguró en 1994 bajo el nombre de Museo Interactivo del Libro, aunque se remodeló y modernizó en 2007 para hacerlo más funcional, dinámico y didáctico.

A lo largo de sus ocho salas la exposición nos muestra el ayer y el hoy de la Biblioteca Nacional, algunas claves del trabajo de bibliotecarios y encuadernadores, y una selección de ejemplares escogidos del fondo de la Biblioteca, entre las que se incluyen facsímiles de obras tan importantes como el Códice Metz (tratado de ciencia que data del siglo IX y que es la pieza más antigua que se conserva en la BNE), el Cantar del Mio Cid, un Beato, o diversos libros de horas. Parte de las obras expuestas se renuevan cada tres o cuatro meses con el objeto tanto de evitar su deterioro como de ir dando salida expositiva al amplio fondo documental de la institución.

El origen de la Biblioteca Nacional se remonta al reinado de Felipe V, quien mandó crear en 1711 la primera Real Biblioteca, a la que dotó con fondos provenientes de las colecciones privadas de los monarcas de España, enriquecidas con las colecciones confiscadas a los austriacistas que perdieron la Guerra de Sucesión, como el Marqués de Mondéjar y el duque de Uceda. Posteriormente, a esta colección se añadieron algunas bibliotecas privadas de nobles como el Conde de Aguilar y el Duque de Medinaceli, teniéndose constancia de que en 1715 la Real Biblioteca contaba ya con 28.242 libros impresos y 1.282 manuscritos (actualmente guarda más de 25 millones de documentos).

La sede inicial de la Real Biblioteca (que pasaría en 1836 a denominarse Biblioteca Nacional), estuvo en el pasadizo que unía el Real Alcázar de Madrid con el convento de la Encarnación y hasta su traslado a la ubicación actual pasó antes por diversas localizaciones: En 1809, durante el reinado de José Bonaparte, se trasladó primeramente al convento de los trinitarios calzados en la calle de Atocha, pero tras la vuelta de Fernando VII al trono, los religiosos reclamaron sus posesiones y los fondos se trasladaron en 1819 al Palacio de Buenavista (actual Cuartel General del Ejército, en la Plaza de Cibeles). En 1826 se produjo un tercer traslado a la antigua casa del marqués de Alcañices, en la actual calle de Arrieta, lugar dónde residió hasta que se decide construir durante el reinado de Isabel II un nuevo y definitivo edificio, el que actualmente conocemos, en el Paseo de Recoletos. La inauguración tuvo lugar el 16 de marzo de 1896.

Del exterior de la actual sede de la Biblioteca Nacional sin duda lo que más llama la atención es la hermosa escalinata de acceso, con sus estatuas de importantes personajes ligados a nuestra literatura: El rey Alfonso X el Sabio y San Isidoro en primera línea, detrás, junto a las puertas, Antonio de Nebrija, Luis Vives, Lope de Vega y Miguel de Cervantes. Te recomiendo una visita pausada para admirar el edificio y disfrutar con las exposiciones.

Museo Biblioteca Nacional de España
Dirección: Pº Recoletos 20-22
Horario: Martes a sábados de 10 a 21. Domingos de 10 a 14
Precio: entrada gratuita
Transporte público más próximo: Colón (Metro, línea 4), Recoletos (Cercanias Renfe)

Monasterio de las Descalzas Reales

La visita que propongo hacer en esta ocasión es al Monasterio de las Descalzas Reales, recinto de gran valor histórico situado en pleno centro de Madrid y que encierra en su interior numerosos tesoros artísticos dignos de ser contemplados. La visita deberemos planificarla ex profeso, pues dentro del horario diario que el recinto tiene establecido se van conformando para cada hora grupos de unas 15 o 20 personas (las visitas son todas guiadas y duran unos 50 minutos) y es posible, si no estamos pronto, que nos quedemos sin poder entrar. Indicar así mismo, como aclaración, que la visita sólo permite ver parte del recinto, pues sigue siendo un monasterio de clausura activo, en el que residen unas 22 monjas.

El monasterio de Nuestra Señora de la Visitación o, como es más conocido, de las Descalzas Reales, fue fundado en 1559 por Juana de Austria tras enviudar prematuramente del príncipe Juan Manuel de Portugal y regresar a España (fue reclamada aquí por su hermano el rey Felipe II, a fin de que asumiese la regencia española mientras él permanecía en Inglaterra por motivos de su matrimonio con María Tudor).  El lugar elegido para el monasterio fue un antiguo palacio perteneciente hasta ese momento al tesorero imperial Alonso Gutierrez de Madrid y que tenía el valor emocional de ser donde ella había nacido (recordemos que el Alcazar, edificio emblemático madrileño, tenía una finalidad militar y cuando los reyes acudían a la ciudad solían alojarse preferentemente en viviendas de los nobles del entorno de la corte). El monasterio se habitó con monjas de clausura clarisas coletinas, también conocidas como clarisas descalzas (de ahí el nombre), y tuvo tal relevancia como institución religiosa ligada a la corona que a lo largo de los años muchas mujeres de la casa real y de la alta aristocracia ingresaron en este convento al enviudar o cuando no estaban llamadas a casamientos. Los ingresos y estancias solían ir acompañados de importantes regalos y donaciones para la institución, por lo que el monasterio llegó a tener un verdadero tesoro en obras de arte. Indicar también por último, antes de pasar a centrarnos en la visita, que en el monasterio está enterrada la fundadora, Juana, así como su hermana mayor María de Austria, que decidio ingresar allí  junto con su hija Margarita, de tan sólo trece años por entonces, tras enviudar en 1580 del emperador Maximiliano II de Habsburgo.

El recorrido de la visita se hace, hay que advertirlo, un poco a velocidad de trote, no permitiéndote la recreación en las obras expuestas (el grupo de visitantes lo cierra una persona de seguridad que se encarga de que no te quedes rezagado). Tras reunir el guía al grupo en lo que fue la antigua portería se inicia el recorrido en el Claustro Bajo, que fue cerrado para resguardarlo de las inclemencias meteorológicas en 1773, reinando Carlos III. Desde él accedemos a la espectacular escalera principal de dos tramos y que perteneció al antiguo palacio. Llaman poderosamente la atención los muros, totalmente cubiertos de pinturas murales al temple con perspectivas arquitectónicas fingidas, -las llamadas “ quadraturas barrocas”. En el tramo superior de la escalera destaca la pintura del Balcón Real, en donde aparecen retratados el rey Felipe IV y su familia, Mariana de Austria, su segunda esposa, y sus hijos el príncipe Felipe Próspero y la infanta  Margarita Teresa, la de las Meninas. ¡Preciosa escalera sin duda!.

El recorrido continúa visitándose el Claustro Alto y viendo las capillas que a él se abren, en las que se destacan algunos techos y suelos originales además de tallas, cuadros, reliquias y otras obras artísticas de indudable valor pertenecientes por lo general a los siglos XVI y XVII.

Pasamos seguidamente al Coro, sala que sigue siendo hoy utilizada por las monjas varias veces al día para su oración. Aquí destaca, en alto, el sepulcro de la emperatriz María y bajo él una magnífica talla en busto de “La Dolorosa”, obra de Pedro de Mena. Del coro pasaremos al denominado "Salón de Tapices", antiguo dormitorio de las monjas, en donde se exponen once de los veinte paños de la serie de tapices “El triunfo de la Eucaristía”, regalada al monasterio, en el primer tercio del siglo XVII, por Isabel Clara Eugenia, la hija predilecta de Felipe II. Estos paños, verdaderamente magníficos y en excelente estado de conservación, fueron tejidos en Bruselas sobre cartones y bocetos de Rubens. Las siguientes salas del recorrido nos irán descubriendo sobre todo la gran abundancia pictórica que encierra este monasterio. Pasaremos sucesivamente por la Sala Capitular, el Candilón (lugar donde era velado el cadáver de las monjas que fallecían y que se iluminaba con un gran candil, de ahí el nombre), el Salón de Reyes ( habitación principal reservada fuera de la clausura para las personas de la realeza) y las salas hoy denominadas de pintura flamenca, española e italiana. Hay cuadros de Lucas Giordano, Tiziano, Sanchez Coello, Zurbarán, de la escuela de Rubens y, de un sin fin de grandes artistas. ¡Lastima que uno no pueda recrearse en la contemplación!.

Monasterio de las Descalzas Reales
Dirección: Plaza de las Descalzas
Horario: De 10 a 14 y de 16 a 18:30 h martes a sábado. Domingos de 10 a 15 h.
Precio: 7 € tarifa básica (10 € si se combina, en 48 h, con Monasterio de la Encarnación)
Estaciones de Metro mas cercana: Callao y Sol

Subiendo a la cúpula de La Almudena


La Catedral de la Almudena es uno de las edificaciones emblemáticas de Madrid y merece la pena visitarla, con independencia de que existan motivaciones personales religiosas o no para hacerlo. Posiblemente ya habrás ido, pero ... ¿has subido a su cúpula y contemplado desde su altura Madrid?. Las vistas son amplias y, sin ser deslumbrantes, merecen la pena, por lo que te animo a que te plantees alguna vez la subida. Indicarte, eso sí, que el acceso no es gratuito. En la tarifa general cuesta 6 euros la entrada conjunta al museo catedralíceo y a la cúpula (un precio sinceramente algo caro para lo que se ofrece, pero todo sea por ampliar nuestro conocimiento y disfrute de la oferta madrileña).

Ya comenté anteriormente en este blog el origen de la tradición madrileña por la Virgen de La Almudena, por lo que en línea con el objetivo de informar sobre algunos datos relevantes y curiosos relacionados con la visita propuesta en esta ocasión daré seguidamente unas breves pinceladas en torno a la Catedral de la Almudena.

El proyecto de construcción de la Catedral de la Almudena fue encargado al arquitecto Marqués de Cubas por el rey Alfonso XII,  en recuerdo de su primera mujer, la reina María de las Mercedes, gran devota de la patrona de Madrid. La primera piedra se puso el día 4 de abril de 1883 y unos pocos años después, el proyecto se vería importantemente respaldado al crearse en 1885, mediante bula del Papa León XIII, la Diócesis de Madrid-Alcalá,  (hasta entonces Madrid estaba adscrita a la de Toledo). Posteriormente, en 1991, Madrid es ascendida en la estructura eclesiástica a archidiócesis (como curiosidad indicar que hasta la fecha han sido 11 los obispos de Madrid, siendo el primero que se nombró D. Narciso Martínez Izquierdo).

Las obras de construcción de la catedral de La Almudena sufrieron a lo largo del siglo XX numerosas interrupciones debido a las discrepancias de los sucesivos arquitectos con el proyecto original, a la Guerra Civil y, sobre todo, a problemas económicos. No obstante, después de 110 años, finalmente pudo terminarse y el 15 de junio de 1993 Juan Pablo II la consagró, siendo la primera catedral española que consagra un Papa.

Para subir a la cupula deberemos entrar a la Catedral por la pequeña puerta que veremos a la derecha de la fachada principal, la que da al patio de la Armería del Palacio Real. Iniciamos la visita con la Sala Capitular y la Sacristía mayor, que están decoradas en mosaico de, para mi, dudoso gusto estético. Seguidamente accederemos a una amplia balconada desde la que podemos contemplar en su amplitud el Palacio Real. Continuamos con lo que es el museo catedralício propiamente dicho y en el que se exhiben en una primera galería escudos episcopales, ornamentos y varios documentos importantes. Ascendiendo por una escalera carente de interés especial llegamos a la cúpula y desde allí salimos nuevamente al exterior para admirar Madrid y sus alrrededores a vista casi de pájaro. Veremos también de cerca las doce estatuas obra del escultor Luis Sanguino que representan a los apóstoles: San Felipe, San Bartolomé, San Mateo, San Simón, Judas Tadeo, Santiago Alfeo, San Matías, San Bernabé, San Pedro, Santiago Apóstol, San Juan y San Andrés.

En nuestro regreso descendente pasaremos por la segunda galería del museo, en la que se explica de forma catequética la liturgia de la Iglesia Católica. La salida de nuestro recorrido da al interior de la Catedral, por lo que aprovecharemos para visitarla nuevamente.

La catedral de La Almudena es un templo de exterior neoclásico e interior neogótico, de 99 metros de longitud y 75 de altura. Está construida por piedra de Novelda (Alicante) y granito de las canteras de Colmenar. Tiene un crucero de 66 metros de longitud, trece capillas, tres altares y una gran cúpula de veinte metros de diámetro.

El interior de La Almudena sorprende por tener detalles completamente diferentes a otras catedrales: el techo y las vidrieras dejan de lado el estilo clásico para dar paso a colores vivos y diseños que a muchos no dejarán indiferentes (a mi, personalmente no me entusiasman). El altar de la Virgen de la Almudena, situado en el lateral derecho del templo tiene un bello retablo de Juan de Borgoña del siglo XVI. En la capilla central de la girola se colocó el arcón que en el siglo XIII contenía el cuerpo incorrupto de San Isidro.

Para información sobre el museo catedralicio de La Almudena pulsa aquí

Museo de Artes y Tradiciones Populares

Si en una entrada anterior de este blog animaba a pasear por la zona del Rastro madrileño cualquier mañana de domingo, quiero proponer ahora la visita, en esta misma zona, a un pequeño pero curioso museo. Me refiero al Museo de Artes y Tradiciones Populares, anteriormente ubicado en dependencias de la Facultad de Filosofía y Letras en Cantoblanco (Universidad Autónoma de Madrid) y reinaugurado el pasado 21de junio de 2012 en su nueva sede de la calle Carlos Arniches nº 3 y 5. Está abierto de lunes a viernes en horario de 10 a 14 horas y su entrada es gratuita.

Lo primero que nos llamará la atención de este museo es el propio edificio en el que se ubica, pues en consonancia con el espíritu costumbrista del mismo se ha optado por restaurar y rehabilitar para albergarlo una de las tradicionales viviendas de corredor, -las famosas “corralas”-, que tan populares fueron en el pasado arquitectonico de los barrios humildes madrileños. En concreto, la que nos ocupa era conocida como El Corralón y fue construida hacia 1860 en el llamado Cerrillo del Rastro, junto a la actual plaza del General Vara del Rey. En sus comienzos, la planta baja de la corrala estuvo ocupada por una casa de postas y, cuando está desapareció pasó a ser ocupada por diversos comercios, permaneciendo así, aunque con cambios de negocios, hasta tiempo reciente. Las plantas superiores eran viviendas.

La entrada al Museo de Artes y Tradiciones Populares tiene lugar por un espectacular portalón de madera, antigua entrada de carruajes (los vecinos accedían a sus viviendas por los portales situados junto a él). Traspasado el zaguán llegamos a un llamativo patio, alrededor del cual se organizaba la corrala. Aunque se nota la rehabilitación, he de decir que me gusta el resultado pues se han respetado en lo posible vigas de madera originales y resulta ingenioso, por ejemplo, el  aprovechamiento de la reconstruida fuente-abrevadero para dar iluminación natural al sótano abovedado de la instalación recurriendo a una base acristalada de la misma.

Respecto al fondo museístico  decir que no es especialmente sorprendente, aunque si resulten curiosas algunas piezas.

En el museo se exponen objetos vinculados a la vida cotidiana y a las tradiciones de los pueblos de España. La actual exposición está dedicada al Ciclo festivo del año, representándose a través de objetos y trajes de muchas regiones los principales motivos de celebración que estaban más consolidados, tanto motivados por acontecimientos personales, como nacimientos, bodas o fallecimientos, como por aquellos de carácter más colectivo ligados a fiestas populares.

El fondo museístico existente parte de la donación de más de 2800 piezas de carácter etnográfico que Guadalupe González Hontoria aportó a la Universidad Autónoma de Madrid y con las que se inauguró este museo en 1975. Con posterioridad se ha ido enriqueciendo, disponiéndose actualmente de unas 7000 piezas, de las que en la exposición sólo vemos una muestra que periódicamente se cambia.

Representando a Madrid podemos ver unos estupendos gigantes y cabezudos que sin duda a aquellos que ya tenemos cierta edad nos retraerán por unos momentos a tiempos pasados, pues en la actualidad raramente se ven ya en las fiestas de la capital.

Museo Nacional de Antropología

Frente a la estación de Atocha, en la esquina de la calle Alfonso XII con el Paseo de la Infanta Isabel, encontramos el Museo Nacional de Antropología, un museo que nos ofrece a través de sus cinco salas de exposición permanentes una visión global de las diversidades y similitudes culturales existentes entre los pueblos de los cinco grandes continentes y que, adicionalmente muestra también estos días la exposición fotográfica temporal “La Amazonía Peruana y el Caucho: Imágenes de una época”.

Este museo antropológico fue el primero de su tipo que se creó en España. Inaugurado el 29 de abril de 1875 por el rey Alfonso XII, su fundación se debió a la iniciativa personal de Pedro González Velasco, médico cirujano que habiendo reunido en sus viajes una amplia colección de piezas de antropología y etnografía decide para exponerlas, encargar a uno de los más prestigiosos arquitectos españoles de la segunda mitad del siglo XIX,- el marqués de Cubas-, la construcción del edificio museo que hoy vemos y del que seguramente lo que más nos llama la atención es su fachada principal de estilo neoclásico, con ese pórtico de columnas jónicas y su frontón correspondiente.

No obstante, señalaremos que desde su fundación el museo ha cambiado mucho, pues mientras en el siglo XIX primó el estudio del hombre en su aspecto físico (inicialmente se llamó Museo Anatómico), es a partir del último cuarto del siglo XX cuando pasa a centrarse en la antropología social y cultural que hoy nos muestra.

El museo con ya hemos indicado cuenta con cinco salas de exposición permanente que se distribuyen entre las tres plantas del edificio. Las de la planta baja están dedicadas respectivamente a Filipinas (por su especial relación con España de país asiático), las Religiones Orientales (Hinduismo, Budismo e Islam) y los Orígenes del Museo (muestra como curiosidades una momia guanche y el esqueleto del denominado gigante extremeño). La segunda planta está dedicada a África y la tercera a América. En cada una de ellas podemos ver piezas relacionadas con indumentaria, ajuar domestico, actividades lúdicas, religiosas, etc.

Para finalizar esta entrada, quiero mencionar una curiosa leyenda en torno al fundador de este museo, -el doctor Velasco-, que tuvo por lo visto mucho eco entre los madrileños de finales del diecinueve y que fue recogida incluso muchos años después por el escritor aragonés Ramón J. Sender en un cuento (incluido en su libro “La llave”, publicado en 1960). La historia tiene mucho de escabrosa, pero parece ser que, aunque adornada por la rumorología, tiene en parte una base real: Dice la leyenda que la única hija del doctor G. Velasco, siendo muy joven enfermó de tuberculosis (parece ser que realmente fue de fiebres tifoideas, pero para el caso que nos ocupa es lo mismo), y viendo el padre que los médicos poco podían hacer para curarla le suministró una pócima por él elaborada, muriendo al poco. Tanta fue la tristeza del padre y la impotencia por no haber podido salvar su vida que pide y obtiene un permiso, en base a su prestigio como científico, para embalsamar a su hija y retener el cadáver en su domicilio. En todo el proceso de embalsamiento es ayudado por su discípulo el doctor Muñoz, al parecer, prometido de la joven difunta. A las pocas semanas del fallecimiento, comienza a correr por Madrid la noticia que el doctor Velasco y su ayudante sientan a su mesa el cadáver de su hija, como si de un vivo se tratara, hablando con ella. Algunos llegan a decir que han vestido a la difunta de novia, o que la cambian de ropa varias veces. Los rumores van corriendo cada vez más. Algunos afirman que al atardecer el doctor Velasco saca a pasear a su hija en el coche de caballos y que la sienta enfrente de él, al lado de la ventanilla. Más allá de la imaginación y distorsión popular, la verdad parece ser que el doctor G. Velasco embalsamó realmente a su hija al fallecer y que su cadáver permaneció en su casa hasta la muerte del doctor. Momificado, pasó a la Facultad de Medicina.

Sin duda las dos pasiones del doctor Velasco fueron el amor a su hija y la creación de su Museo Antropológico (para una más detallada información sobre esta leyenda te recomiendo el siguiente enlace: http://gabinetedcuriosidades.blogspot.com.es/2009/05/la-leyenda-del-doctor-velasco.html).

¡Ah!. La entrada al Museo Nacional de Antropología es gratuita los sábados tarde y los domingos, por lo que puedes aprovechar estos días para visitarlo nsi no quieres gastarte los 3 € de la entrada normal.