Senderismo por la Comunidad: Guadalix-Cascada del Hervidero y Canal del Mesto

No sólo la flora imprime a los campos de la Comunidad de Madrid matices que invitan a visitarlos en diversas épocas del año, también los ríos, con sus importantes variaciones de caudal, introducen en el paisaje por el que discurren variables que animan al paseo por las veredas de sus márgenes en diferentes épocas. En estos días, tras las copiosas lluvias generalizadas y la acumulación de nieves en las cumbres, los ríos serranos de nuestra Comunidad bajan especialmente caudalosos, aportando con su discurrir bravío ese plus de belleza visual y sonora que acompaña la presencia de rápidos y pequeños y grandes saltos de agua.

Cerca de la población de San Agustín de Guadalix el río Guadalix nos ofrece una de esas cascadas que estos días merece la pena visitarse por su espectacularidad. Hablo de la cascada del Hervidero, accesible en un paseo senderista relativamente sencillo, aunque eso sí, sin olvidar la lógica prudencia y cumpliendo las recomendaciones básicas asociadas a todo paseo senderista por el campo.

El río Guadalix nace en la sierra de la Morcuera y desemboca en el río Jarama a la altura del término de San Sebastián de los Reyes. Es pues un río que en sus 33 kilómetros de longitud discurre íntegramente por la Comunidad de Madrid, siendo sus aguas retenidas en su recorrido dos veces, primeramente en el embalse de Miraflores y luego en el de Pedrezuela (también llamado de El Vellón). Desde este último parte del agua embalsada es trasvasada a través del llamado canal de El Vellón hacia el canal de El Atazar para el suministro de la ciudad de Madrid. Además del mencionado canal de El Vellón, el río Guadalix cuenta por su otra margen con otro canal, llamado canal del Guadalix o canal del Mesto, que enlaza las aguas del río con el denominado Canal Bajo que también aporta agua a Madrid.

El trazado de este canal del Mesto pasa próximo a la zona de la cascada del Hervidero y si deseas ampliar el paseo campero hoy propuesto es una opción muy recomendable, pues te permite descubrir no sólo algunas de las construcciones de esta obra de ingeniería hidráulica sino también disfrutar del paisaje del cañón del Guadalix. Y para animarte a emprender el paseo veamos seguidamente un poco de la historia asociada a la construcción de este canal, historia íntimamente ligada a la de los comienzos del Canal de Isabel II y los esfuerzos por abastecer de agua a la capital.

Hasta el siglo XIX Madrid sobrevivió a sus necesidades de abastecimiento de agua explotando los numerosos acuíferos subterráneos existentes en sus alrrededores y extendiendo desde ellos a la ciudad toda una red de “viajes de agua”. Estas construcciones, implantadas originalmente por los primeros pobladores árabes, consistían en esencia en la creación de una hilera de pozos unida por una galería subterránea que llegaba hasta la ciudad como si de ríos bajo tierra se tratase, finalizando su recorrido generalmente en caños de fuentes públicas para abastecimiento de vecinos y aguadores, aunque también existían ya algunos caños de uso privado con salida en palacios, hospitales, conventos, albercas para campos de cultivo, etc.

Pero entrado el siglo XIX, con una población en rápido crecimiento y con hábitos sociales que demandan un mayor suministro de agua y que esta llegue hasta las viviendas, va urgiendo la necesidad de buscar nuevas soluciones que pasarán necesariamente por tratar de canalizar hacia la ciudad el agua de alguno de los "grandes" ríos medianamente próximos, pues el Manzanares nunca fue la solución por su bajísimo caudal. Diversos proyectos asociados fundamentalmente con los cauces de los ríos Jarama, Guadalix y Lozoya son sometidos a análisis de viabilidad técnica y presupuestaria, aprobándose finalmente el 18 de junio de 1851, siendo reina de España Isabel II, la creación de un canal desde el Lozoya. Dicho canal, en honor a la soberana, promotora en buena medida de la aprobación final del proyecto, llevaría el nombre de Canal de Isabel II. Ese mismo año se inician las obras, que incluyen como parte del proyecto la construcción del Pontón de la Oliva (1851 – 1857) para embalsar las aguas del río Lozoya y hacer desde allí el trasvase. En 1858 se culminas las obras y tras la solemne inauguración del 24 de junio el agua del Lozoya llega a la capital (para la ocasión se construyó una fuente provisional en el solar del cuartel de Monteleón, en la calle Ancha de San Bernardo, a la altura de la iglesia de Montserrat, del que brotaba un gran chorro vertical que en la época se definió como "un río puesto en pie"). Como curiosidad decir que el pilón de esta fuente pasó dos años después a la Puerta del Sol, luego a la Glorieta de Cuatro Caminos y actualmente es el que puede verse a la entrada de la Casa de Campo por el puente del Rey, frente al Palacete de los Vargas.


La alegría de aquella traída de agua va a verse pronto matizada, pues el proyecto se constata ese mismo año que “hace aguas”. Las filtraciones que se presentaban en el terreno donde se había construido el embalse del Pontón de la Oliva son de tal magnitud que, en las épocas de estiaje del río, el nivel del agua en esta presa descendía por debajo de la cota del canal de salida, haciendo imposible el aprovechamiento de las aguas del embalse. Como solución de emergencia, en el año 1859 se construyó en pocos meses, entre febrero y julio, un pequeño canal de sección rectangular de 0,42 por 0,55 metros que desembocaba en el Canal Bajo. Este canal tomaba el agua del río Guadalix, en concreto de un pequeño azud de 4 m. de altura y 26 m de longitud (el término azud es de origen árabe y hace referencia a una barrera, una presa de pequeño tamaño). Años después, con la construcción en el Lozoya de la pequeña presa de Navarejos (1860) y sobre todo de la Presa del Villar (1873 – 1882) el problema del Pontón de la Oliva quedó subsanado y el canal del Guadalix primigenio quedó sin uso.

En 1906 y ante la necesidad de acometer algunas obras en el canal primitivo de la red de abastecimiento a la ciudad se va a retomar el uso del canal del Guadalix como canal de refuerzo, aunque introduciendo reformas. Se construyó en la zona donde estaba el antiguo azud, una presa algo mayor a la que se denominó Azud de El Mesto y también un nuevo canal que siguiendo en parte el trazado del anterior enlazaba con el Canal Bajo. El canal cumplió su cometido, aunque no podía utilizarse a menudo en verano pues el azud no disponía de capacidad de almacenamiento de agua y el caudal del río en esta época es muy bajo. Fue por ello que años después se va a proyectar la construcción de un embalse aguas arriba, obra que no se ejecutaría hasta 1967. Se trata del embalse de El Vellón, que más tarde pasó a denominarse oficialmente Embalse de Pedrezuela, aunque por ambos nombres es conocido hoy en día. Con la construcción de este embalse el azud quedó en desuso para los objetivos del canal, pero ahí permanece como parte de la historia.

Te animo a que visites tanto la cascada del Hervidero como el trazado hidráulico del canal del Guadalix. En el enlace que facilito al pie de esta entrada de blog puedes ver una ruta senderista que recorre ambos lugares. Se trata de una ruta que parte de la población de San Agustín de Guadalix y en un primer tramo, siguiendo la ribera del río en dirección ascendente nos acerca, tras pasar por instalaciones del denominado Canal Bajo de Isabel II, a unos pequeños pero vistosos saltos de agua en la conocida como zona del Charco del Aliso (el aliso es un árbol abundante en el lugar). Más adelante encontraremos la espectacular cascada del Hervidero.

Una vez vista la cascada, la ruta propuesta nos exige ascender una corta pero empinada pendiente para alcanzar la llamada Senda del Mesto. Dicha senda discurre, ya en suave pendiente, sobre el trazado mismo del Canal del Guadalix (veremos varios respiraderos y algunas construcciones más durante el recorrido, así como varios viejos túneles en las rocas del cañón por los que pasó en su día el canal primitivo).

El camino hasta la presa del Azud del Mesto discurre en todo momento a bastante altura respecto al río, lo que nos permite contemplar bien el paisaje de la zona y descubrir más construcciones hidráulicas de canalización, como el acueducto del Zegrí que se divisa al fondo y que forma parte del Canal del Vellón, que desde el embalse del mismo nombre trasvasa agua al canal del Atazar. Tras visitar la antigua presa de Azud del Mesto propongo emprender el camino de vuelta, aunque la ruta descrita se prolongue un poco más.


Puedes ver la descripción detallada del recorrido propuesto pulsando aquí.

Exposición temporal: "Gerardo Contreras. La mirada amable"


En la Sala El Águila (c/ Ramírez de Prado, 3) puede verse hasta el 15 de mayo la exposición “Gerardo Contreras. La mirada amable, una pequeña retrospectiva de imágenes captadas por este reportero fotográfico en Madrid desde la posguerra hasta los años sesenta de mediados del siglo XX.

Gerardo Contreras Saldaña, nacido en La Coruña en 1902, comenzó su carrera profesional con catorce años en el diario La Tribuna, primero como ayudante y más tarde como fotógrafo. Se asoció con Alejandro Vilaseca para formar la Agencia Contreras y Vilaseca. En 1926 fueron contratados por la Compañía Telefónica Nacional de España, junto a otros fotógrafos como Marín, Alfonso, Gaspar y Claret, para documentar las actividades de esta nueva empresa. Además, la agencia suministró fotografías a las revistas Estampa y Semanario Gráfico As, y al periódico ilustrado Ahora. Contreras fue también uno de los miembros fundadores en Madrid de la Unión de Informadores Gráficos de Prensa, que se crea en 1934 para la defensa de los derechos de los reporteros gráficos en el ejercicio de su profesión, siendo durante dos años y medio, hasta el levantamiento militar de julio de 1936, el organismo encargado de regular la actividad de los fotógrafos de prensa vinculados a los principales diarios, revistas y agencias con sede en la capital.

La Guerra Civil Española supuso la incautación y posterior desaparición de estas publicaciones y la disolución de la Agencia Contreras y Vilaseca. Al finalizar la contienda Gerardo Contreras, afín a la causa de los sublevados, comenzó a trabajar con las revistas Destino y Fotos, así como especialmente con el oficialista diario Arriba. Su buena relación con el régimen le posibilito estar incluso acreditado para trabajar en el Palacio de El Pardo.

A lo largo de su carrera Contreras obtuvo numerosos e importantes premios, entre los que destacan el Premio Nacional de Periodismo en la categoría de Periodismo Gráfico por su fotografía “Visita de los astronautas del Apolo XI” en 1969 (no incluida en la muestra actual), o el premio Rodríguez Santamaría con el que le galardonó la Asociación de la Prensa de Madrid.


En el año 2016 la Comunidad de Madrid compró a los herederos del fotógrafo, fallecido en 1971, centenares de negativos en nitrato o acetato de celulosa, placas de vidrio y cajas de positivos, a fin de garantizar la conservación del importante legado fotográfico y dejarlo custodiado en el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, que desde el año 2003 tiene su sede en la antigua fábrica de cervezas El Águila, lugar en el que se integra también la sala de exposiciones que acoge la muestra de la que hoy hablo, y que sin duda es uno de los más importantes ejemplos de la arquitectura industrial madrileña de principios del siglo XX.


La exposición que invito a visitar nos muestra 77 fotografías agrupadas en diversos temas, resaltándose en unas instantáneas la visión más periodística noticiable y en otras centrándose más el enfoque en aspectos costumbrista. Así y por citar sólo algunos ejemplos, encontramos imágenes del primer incendio de los Almacenes Arias, del desbordamiento del lago de la Casa de Campo en 1966, de la visita a Madrid de artistas de fama internacional (Cary Grant en La Castellana, Orson Welles en los toros, o Sofía Loren en Chicote), edificios y elementos de la ciudad hoy desaparecidos (como el Circo Price, el estadio Metropolitano, o el Scalextric de Atocha), así como detalles de la cotidianidad ciudadana de aquellos tiempos, como un grupo de operarias cosiendo sombreros en su taller, una secretaria escribiendo a máquina o las larga cola de personas listas para coger el autobús. Imágenes en definitiva de un Madrid que ya se fue pero cuya memoria no debe perderse.


La exposición es de entrada libre, existiendo adicionalmente la posibilidad de apuntarse a hacer en grupo un recorrido teatralizado por la misma, que debido al tono simpático que imprime el actor, añade al visitante un plus de esa "mirada amable" objetivo de la muestra. Si te interesa consulta la información que se suministra en la web de la sala de exposiciones.




Quijorna

A unos 40 kms de Madrid capital, dentro de la comarca de la “Cuenca del Guadarrama” pero ya en su límite con la llamada “Sierra Oeste”, se encuentra la población de Quijorna, municipio que junto a algunas de sus poblaciones vecinas, fue escenario protagonista de una de las más cruentas batallas que se libraron durante nuestra pasada Guerra Civil: “La Batalla de Brunete”. La ofensiva del ejército Republicano primero y sobre todo la contraofensiva posterior de los Nacionales que bombardearon profusamente Quijorna redujeron el pueblo a un montón de escombros. Todas las edificaciones quedaron destruidas y fue necesario, ya en la posguerra, reedificar nuevamente todo el pueblo para que sus gentes pudieran volver a habitar las que fueron sus casas.

Hoy quiero desde aquí animaros a visitar Quijorna, no tanto para descubrir aspectos relevantes en su casco urbano, pues realmente no tiene atractivos especialmente destacables más allá de su reconstruida iglesia (de la originaria del s. XVI sólo quedó en pie el ábside y los cuerpos inferiores de la torre) y el populoso restaurante El Águila, con su afamado cocido de los miércoles al increíble precio fijo de 7 €, sino porque en su entorno podemos descubrir un interesante espacio natural en el que persisten además varios elementos históricos de interés.

Empezaré por señalar, pues será el camino que seguiremos en su dirección hacia Valdemorillo, que por Quijorna pasa la Cañada Real Segoviana, antigua vía pecuaria de alrededor de 500 km de longitud que desde La Rioja a tierras de Badajoz atravesaba el centro de la Península Ibérica entrando en la Comunidad de Madrid por el Puerto de Somosierra y saliendo por Navalcarnero. Testimonio del trazado de esta cañada es, además del cartel actual indicativo de Vía Pecuaria, la presencia en el recorrido de algunos antiguos mojones de piedra instalados en la segunda mitad del siglo XVIII que marcaban el camino de trashumancia. Siguiendo nosotros la pista de tierra de esta vieja cañada encontraremos, además de algún mojón de los antes señalados, otro mojón curioso que destaca por su tamaño y por las marcas que tiene grabadas en su piedra. Se trata de una señalización de 1793 indicativa de que aquellas tierras formaban parte de un Coto Real para la caza menor, que estuvo adscrito al señorío del Castillo de Villaviciosa de Odón.

La flora visible en nuestro recorrido es variada, abundando especialmente las encinas, quejigos, matorrales y pastizales. Entre la fauna destacan los conejos, cuyas madrigueras se observan en las lindes del camino, y sobre todo las aves (la dehesa municipal es zona ZEPA, es decir, Zona de Especial Protección de Aves). Podremos descubrir por ejemplo perdices, águilas, cernícalos, etc.

Avanzando en nuestro recorrido descubriremos poco después, a unos 3,5 kms del pueblo, en el denominado lugar de Vetago, un área con abundantes antiguas caleras. Las caleras, u hornos de cal, son construcciones en las que se cocía a temperatura de más de 1000 grados la piedra caliza extraída de las canteras cercanas para obtener el óxido de calcio, es decir la cal. De estas caleras se sabe que se surtió material ya en 1566 para las obras del Monasterio del Escorial y que también aportaron su cal, por ejemplo, para la construcción en el s. XVIII del Puente de Toledo en Madrid. La abundancia de caleras que hubo en Quijorna explica incluso según dicen el nombre del municipio, pues “jorna” se asocia a la palabra “horno” y “qui” derivaría de “quinientos”, indicativo de que había muchos (hay estudiosos del tema que asocian el “qui” más con una de las especies arbóreas predominantes en la zona como es el quejigo).

Las caleras de la zona se corresponden a la clasificación de horno de cuba con bóveda efímera, estando construidas con mampostería de rocas del entorno trabadas con cal y recubiertas en su interior, de unos tres metros de diámetro, con arcilla refractaria. La parte inferior del horno se encuentra excavada en el suelo para evitar al máximo las pérdidas de calor. Como combustible se utilizaba la leña del entorno, principalmente jaras y retamas, lo que llegó a despoblar de estas variedades una gran extensión de tierra. Actualmente, de las en torno a 12 caleras que hubo en Vetago pueden verse restos de bastantes de ellas, así como de las canteras anejas de donde se sacaba la piedra y de la zona de escombrera donde se arrojaban los restos quemados (terreno negruzco). De entre todos los hornos hay uno que se mantiene en bastante buen estado y al que podemos acercarnos tomando una pequeña desviación del camino tal como se indica en la descripción de la ruta. Este horno, visible en la distancia por su forma de botella puesta en pie, mantiene su techumbre de ladrillo abovedada con un gran hueco para la salida de humos. Aparte de su boca de acceso, por donde se cargaba el combustible, hay varios respiraderos para el control de la combustión.
A mediados del siglo XVIII se inicia el declive productivo de la cal en la zona y hacia finales del XIX las caleras de Vetago prácticamente están ya todas abandonadas. ¡ Ojalá no se dejen perder los restos aún existentes !

Tras la visita a las canteras, continuamos por la pista en dirección noreste hacia el Cerro del Castillejo, desviándonos a la derecha para contemplar los restos de otro horno de cal y, en lo alto, un bunker de la Guerra Civil con amplia visibilidad sobre el área de caleras que antes habíamos visitado. En sus alrededores se pueden observar los restos de las trincheras excavadas en zigzag, para evitar en la medida de lo posible los ataques aéreos y que facilitaba el acceso a los fortines existentes en la zona. Como ya señalé, en terrenos de esta localidad tuvo lugar parte del enfrentamiento de la llamada Batalla de Brunete, desarrollada desde el 6 hasta el 25 de julio de 1937 durante la Guerra Civil Española, ofensiva lanzada por el ejército de la República con el objetivo de disminuir la presión ejercida por las fuerzas sublevadas sobre Madrid y al mismo tiempo de aliviar la situación en el Frente Norte Peninsular.

En nuestro recorrido por esta zona descubriremos otros restos de aquella contienda, como las ruinas del que fue un puesto de mando con un bien conservado refugio antiaéreo y más adelante, en un corto desvío a la derecha, la sorprendente cueva construida por los soldados republicanos a pico y pala para ser utilizada como cuartel y refugio antiaéreo. Te recomiendo que no olvides llevarte en este paseo una linterna si quieres admirar el trabajo que debió suponer crear esta cueva. Sorprende la gran cantidad de galerías que salen a derecha e izquierda de la principal. Toda una maravilla, por suerte en perfecto estado de conservación, que sirve ahora como morada de algunos pequeños murciélagos.

Retomamos nuestro camino que empieza a ascender hacia la cima de El Madroñal, con magníficas vistas de la planicie y de la sierra. Arriba, dejando a nuestra derecha una chimenea sifón de la conducción del embalse de Picadas a Majadahonda, tomaremos el camino de regreso al pueblo por la parte alta del monte. Pasaremos por el llamado Alto de los Llanos, en cuya cima se encuentran las ruinas de lo que fuera el Cuartel de Mando del ejército republicano. Un poco más adelante, encontramos el vértice geodésico de este cerro marcándonos que estamos a 746 metros de altitud. Siguiendo nuestro camino descubriremos, amenazando desde la altura al pueblo de Quijorna, los restos de un nido de ametralladora. Desde esta cima ya sólo nos resta descender y adentrarnos en el pueblo para dar por finalizada nuestra ruta de hoy. Si te animas a realizarla seguro que la disfrutarás.

Puedes encontrar la descripción del itinerario propuesto pulsando aquí.

Vía verde del río Alberche. Embalse de Picadas

La Comunidad de Madrid cuenta con diversas vías verdes, es decir, antiguos trazados de líneas ferroviarias que han sido reconvertidos, con mayor o menor intervención, en rutas aptas para ser recorridas sin peligro por senderistas y ciclistas. Una de estas vías verdes es la que discurre junto al río Alberche y que en un cómodo recorrido de unos 7 kms de longitud nos acerca desde prácticamente el pie de la presa del embalse de San Juan hasta el dique del embalse de Picadas, siguiendo el trazado de la que fue fallida línea Madrid-Arenas de San Pedro. La ruta es sencilla y puesto que atraviesa un entorno natural muy agradable te la recomiendo desde aquí, animándote también a que sigas leyendo esta entrada del blog y conozcas algo de la historia de dicha vía ferroviaria y del embalse que nos acompañará en el recorrido.

El tren como medio de transporte de personas y mercancías experimentó un gran auge durante la segunda mitad del siglo XIX (recordemos que en España el primer trayecto, Barcelona-Mataró, se inauguró en 1848). Numerosas líneas ferroviarias se fueron construyendo en nuestro país impulsadas por diversas compañías que posteriormente el Estado concentraría bajo su tutela, líneas que como ocurre con la que nos ocupa, se proyectan inicialmente en ocasiones de forma aislada, sin conexión funcional con el resto de la red general. Así, la decisión de instalar una línea de ferrocarril de vía estrecha entre Madrid y Arenas de San Pedro partió de un proyecto planteado por el Ministerio de la Guerra allá por 1891, y que posteriormente se verá modificado en 1927 a fin de aprovechar para su trazado parte de otra línea ya existente y en funcionamiento, la que unía Madrid con Almorox (Toledo).

Dicha línea partía en Madrid de la hoy desaparecida estación de Goya, situada en la zona de Puerta del Ángel próxima al Puente Segovia. Esta estación, que algunos recordamos fundamentalmente porque junto a las de Delicias, Norte (Príncipe Pío) y Mediodía (Atocha) formaban el cuarteto de casillas cardinales del juego de mesa Monopoly, se llamó de Goya por construirse en terrenos próximos a la que fue Quinta el Sordo, residencia última del artista aragonés antes de su marcha definitiva a Burdeos y en cuyos muros estampó sus famosas Pinturas Negras. Desde dicha estación y atravesando la zona de Cuatro Vientos, Móstoles, Villaviciosa y Navalcarnero se llegaba a Villamanta, en donde se fijó la desviación del ramal hacia Arenas siguiendo el trazado que por allí marcaba el río Alberche.

Pero este ramal operativamente nunca llegó a funcionar. Hacia 1934 el tramo entre Arenas de San Pedro y Casavieja ni siquiera se había comenzado y del resto, aunque muy avanzada la construcción, sólo llegaron a tenderse vías en el tramo entre San Martín de Valdeiglesias y Pelayos (cuentan que llegó a trasladarse una locomotora hasta San Martín  y que se realizó un viaje inaugural con autoridades civiles y militares ente ambas poblaciones, pero que todo quedo sólo en eso y no hubo más viajes ni trenes). Poco después de aquello llegó la Guerra Civil y la línea sufrió importantes destrozos, que la llevaron, pese a algún pequeño intento de recuperación infructuoso, a su abandono definitivo, quedando hoy para el recuerdo algunas edificaciones y el trazado ahora reconvertido en vía verde.

En lo que respecta al embalse de Picadas señalaré que fue construido en el año 1952 sobre el mismo cauce del Alberche, río que en su paso por la Comunidad de Madrid es retenido dos veces, primero en el embalse de San Juan y luego en el de Picadas, así llamado porque el dique de presa se encuentra en el paraje conocido como Las Picadas, próximo ya a Aldea del Fresno. El embalse, con una superficie de 92 hectáreas está encajado en una larga y estrecha franja de terreno que sigue el cauce natural del río, rodeada a ambos lados por extensos bosques de pinos piñoneros.

El pantano de Picadas se utiliza para la obtención de energía hidroeléctrica, riego y abastecimiento de agua potable. De él parten los canales del Trasvase Picadas-Toledo, que abastece de aguas a la comarca toledana de La Sagra y los del Transvase Picadas-Valmayor que abastece el área madrileña.

Para acceder al comienzo de la ruta de esta vía verde debemos entrar por una pequeña pista que, poco antes de llegar a Pelayos de la Presa, sale según venimos por la M-501 de Madrid a la izquierda, después de cruzar el Alberche por el puente de San Juan. El camino baja a un área recreativa a orillas del embalse donde aparcaremos nuestro vehículo. Desde el aparcamiento y tras una pequeña subida alcanzaremos la plataforma ferroviaria. Ya sólo queda seguir el margen del pantano hasta la presa. No hay pérdida. Como señalé, son siete kilómetros de ida y otros tanto de vuelta en agradable y cómodo paseo, pero si no te importa andar algo más, te sugiero complementes el trayecto incorporando al mismo un pequeño recorrido por los espléndidos pinares de la zona, paseo que además te permitirá obtener unas buenas vistas de todo aquel entorno natural.

Si te interesa la propuesta puedes ver el recorrido pinchando aquí.



Exposición temporal: Historietas del tebeo 1917-1977

Puesto que los tebeos han sido fieles acompañantes de la infancia y juventud de muchos de nosotros, la visita a exposiciones como la que actualmente se muestra en el Museo ABC tiene el atractivo entrañable, más allá de aspectos didácticos, de volver a contactar con personajes que nos fueron muy familiares y que nos hicieron pasar sin duda buenos ratos.

Historietas del tebeo 1917-1977 es, como señalan los organizadores, una exposición sobre los tebeos españoles que se publicaron en el periodo comprendido entre dichos años, y esas fechas se han tomado como referencia por ser el año 1917 en el que nace la revista TBO, que por su éxito dará origen terminológico al medio, y por ser luego el año 1977 en el que con la aparición de la revista Totem el género dará un salto definitivo a los cómics para adultos.

Repasando los títulos de las revistas comprobamos que había para casi todos los gustos: Tebeos de humor para toda la familia, infantiles, juveniles de aventura y de temática romántica, tebeos doctrinales, etc.

Entre los tebeos de humor podemos citar por ejemplo algunos títulos representativos y secciones destacadas que nacieron en los mismos:
  • TBO (1917-1998): “Los grandes inventos del TBO”, “La familia Ulises”, “Josechu el vasco”, “Altamiro de la cueva”.
  • JAIMITO (1944-1982): “Pumby”, “El capitán Salmonete y el grumete Timoteo”
  • PULGARCITO (1921-1987): “El repórter Tribulete”, “Carpanta”, “Don Pio”,”Zipi y Zape”, “Doña Urraca”, “Las hermanas Gilda”, La familia Trapisonda”, "Pitagorín", “Anacleto, agente secreto”, "Mortadelo y Filemón, agencia de información".
  • DDT (1951-1978): “La familia Cebolleta”, “El botones Sacarino”.
  • TIO VIVO (1957-1986): "Rue del Percebe", "Rompetechos"
Victor Mora, Peñarroya, Vazquez, Escobar, Ibañez, son algunos de los autores que colaboraron en estas revistas dejándonos inolvidables personajes gráficos.

Dentro del género de tebeos de aventuras encontramos títulos que, los que tenemos ya cierta edad, recordamos claramente:
  • ROBERTO ALCÁZAR Y PEDRÍN
  • EL GUERRERO DEL ANTIFAZ
  • EL COYOTE
  • EL CAPITÁN TRUENO
  • EL JABATO
  • HAZAÑAS BÉLICAS
Y no hay que olvidar también aquellos tebeos de tinte romántico orientados según los roles de la época a niñas y chicas adolescentes:
  • FLORITA
  • AZUCENA
  • SERENATA
  • ROSAS BLANCAS
Había también algunos tebeos de descarado tinte ideológico, como fueron los ligados tras la guerra civil a exaltar los valores del Movimiento Nacional frente a los ideales republicanos: “FLECHAS Y PELAYOS” (1938-1949) y posteriormente “CLARÍN” (1949-1955).

Con el paso de los años el tebeo va a ir evolucionando. Algunos personajes, como los famosos Mortadelo y Filemón, se van a independizan creándose para ellos una propia revista con historietas largas, Al tiempo, nuevas tendencias culturales y el hecho de que los más fieles seguidores de los tebeos van pasando por edad de jóvenes a adultos, el contenido de las historietas y los personajes se hacen más maduros. A comienzos de los 70 aparecen así revistas de humor como “TRINCA” que son ya la antesala del mundo del comic para adultos. Poco después aparecerán otras revistas satíricas que revolucionarán el panorama del humor gráfico en nuestro país, como fueron “EL PAPUS” o el actualmente vigente “EL JUEVES”, así como series como "Paracuellos" de la revista "Muchas Gracias" (1976-1977).



Museo ABC
c/ Amaniel, 29-31
Horario: De martes a sábado de 11 a 20 horas. Domingo de 10 a 14 h.
Entrada gratuita
Exposición abierta hasta el 25 de febrero de 2018

Palacio Bauer

Este palacio se encuentra en el número 44 de la calle de San Bernardo, calle históricamente relevantes de Madrid por haber sido una de las principales salidas de la ciudad hacia el norte (esta calle, que durante mucho tiempo se denominó calle Ancha de San Bernardo, tuvo su origen en el antiguo camino al pueblo de Alcobendas que partía del portillo de Santo Domingo y que con el crecimiento de la ciudad se iría consolidando como calle, llegando en tiempos de Felipe IV, en que se construiría en nuevo muro perimetral de Madrid, hasta el nuevo portillo de Fuencarral, situado en las proximidades de lo que hoy es la Glorieta de San Bernardo). La relevancia de la calle atrajo a lo largo de los años la construcción en su entorno de significativos edificios civiles y religiosos, así como de viviendas y locales de negocio propiedad de la nobleza y de la alta burguesía.

La poderosa familia Bauer se estableció en España con la llegada de Ignacio Bauer, un judío húngaro que era agente en nuestro país de los Rothchild, el apellido más conocido de la banca internacional. Él se encargó de canalizar y gestionar, entre otras actividades empresariales, las Minas de Riotinto y las de Peñarroya, la refinería de petróleo Deutschet et Ciapasaron y el Ferrocarril Madrid-Zaragoza-Alicante (MAZ). A su muerte, en 1895, las labores de agente de banca en Madrid para los Rotschild pasan a su descendencia, pero estos perderán paulatinamente peso como representantes financieros, aunque seguirán por algún tiempo manteniendo una relevante posición social en los influyentes ambientes de la alta burguesía, para la que organizan numerosas fiestas y eventos musicales en sus residencias madrileñas, tanto en el palacio de la calle San Bernardo, como en el palacete de La Granja o en el del Parque del Capricho, adquirido junto a dichos jardines en el año 1900 y que mantuvieron bajo su propiedad hasta finalizar la Guerra Civil. En 1929, con el famoso crack, la fortuna de los Bauer se tambaleará seriamente y en 1932, con la proclamación de la 2ª República, se disolverá la Sociedad de los Bauer. El rastro en Madrid de lo que fue esta importante familia se desvanecerá tras la Guerra Civil y actualmente en la ciudad solo nos queda, por así decirlo, el palacio que hoy nos ocupa y el panteón familiar de los Bauer en el Cementerio de Los Ingleses.

Pero centrémonos ya en el palacio de San Bernardo: El edificio constituye externamente un típico ejemplo de palacio decimonónico, con fachadas bien compuestas, a la principal y a la calle del Pez, en las que destacan zócalos de cantería y balcones con antepechos de forja. Inicialmente, antes de su adquisición en el siglo XVIII por el banquero Ignacio Bauer, el edificio fue un caserón de pisos. La reforma trascendental para darle estructura palaciega se acometerá hacia 1870 cuando tras el fallecimiento del banquero, su hijo Gustavo Bauer encargará la transformación a Arturo Mélida, relevante arquitecto, escultor y pintor madrileño, autor, por ejemplo, de las pinturas de la fachada de la Casa de la Panadería en la Plaza Mayor. Este,). Se construirá una escalera más solemne, se establecerá la independencia estructural entre las zonas privadas para la familia y las profesionales para el desempeño de la actividad profesional de la Banca Bauer, y se crearán y decorarán lujosamente salones y nuevos espacios. Destacan, en la planta noble, la carpintería y la decoración de los techos de los salones de la crujía del jardín, pero en especial el salón de baile, decorado ricamente con mármoles, bronces, hornacinas de cerámica vidriada y pinturas murales.

En 1940 el edificio fue adquirido por el Estado con objeto de transformarlo en la sede del real Conservatorio de Música y Declamación. Entre 1940 y 1943 se realizaron importantes obras de reforma para adecuar las estancias, se sustituyó la gran sala de bailes por un salón de actos y se suprimió la escalera central. En 1952 también fue instalada en el palacio la Escuela de Arte Dramático y Danza, pero en 1966 ambas instituciones volvieron a sus antiguas dependencias del Teatro Real, al reabrir éste sus puertas tras un largo periodo de inactividad por reformas. El palacio quedó entonces sin destino alguno y empezó a mostrar crecientes síntomas de deterioro. Finalmente, en 1972 fue declarado Monumento Nacional y al año siguiente el arquitecto Manuel González Valcárcel se encargó de reformarlo con el fin de devolverle su aspecto original y sus decoraciones interiores. Desde entonces el palacio acoge las dependencias de la Escuela Superior de Canto y de la Sociedad de Amigos de la Música.






Palacio de Godoy

En el número 9 de la Plaza de la Marina Española, haciendo esquina con la calle de Bailen, encontramos uno de esos edificios de la ciudad con interesante historia pero que al no ser especialmente llamativo actualmente en su estética exterior pasa desapercibido para muchos paseantes. Me estoy refiriendo al Palacio Godoy, también conocido como Palacio Grimaldi o Palacio de los Ministerios (llegó a alojar simultáneamente en un tiempo la sede de varios de ellos) y que en la actualidad es sede del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.

Este edificio fue construido en 1776 según proyecto de Francesco Sabatini, quien como arquitecto real había recibido el encargo de Carlos III de construir en las cercanías del Palacio Real (por aquel entonces recientemente inaugurado como nueva residencia real) el Palacio de los Secretario de Estado, destinado a albergar al Primer Secretario de Estado o primer ministro y a varias de las dependencias administrativas ligadas a la función de este. El lugar elegido fue el solar situado junto al Colegio Convento de doña María de Aragón, hoy Palacio del senado, frente al Real Monasterio de la encarnación.

El palacio resultante fue un edificio sencillo y externamente de trazas clásicas madrileñas: Sobre basamento de piedra se elevan los muros de ladrillo visto en los que se abren, en rígida simetría, vanos y ventanas. El edificio que vemos hoy es resultado de diversas modificaciones que entre otras cosas redujeron parte de sus dimensiones (por ejemplo, se tiró buena parte de la fachada frente a los actuales Jardines de Sabatini para ensanchar la calle Baién). El interior, si bien muchos de los elementos decorativos se han perdido, está en cambio más estéticamente ornamentado, destacando sin duda arquitectónicamente la escalera de marmol de tipo imperial que arranca del vestíbulo porticado y, subdividiéndose en dos tramos perpendiculares, desemboca en el piso principal. Se conserva la disposición de los grandes salones, así como la mayor parte de las pinturas de sus techos, de motivos chinescos, neopompeyanos o paisajistas.

Como ya he comentado una de las denominaciones de este palacio es la que se le asocia al marqués de Grimaldi por ser éste el Secretario de Estado vigente cuando se finalizó la construcción, aunque en realidad él no llego a instalarse en el edificio pues fue destituido en 1777. Su sucesor, el conde de Floridablanca sí habitó el inmueble hasta 1792 (tras el fallecimiento de Carlos III había sido mantenido en el cargo por el nuevo rey Carlos IV). El Conde de Aranda, sucesor del anterior, reusó instalarse en él durante el ejercicio de su cargo, por lo que será ya el nuevo Secretario de Estado, Manuel Godoy, quien no sólo va a habitar el Palacio sino que va a comprárselo a la corona para convertirlo en su vivienda habitua. A raíz de ello el palacio experimentará diversas obras de ampliación y mejora. No sólo se introducen mármoles y maderas nobles, sino que se decoran techos y se embellecen estancias, especialmente con el aporte de la fantástica colección de obras de arte el "Principe de la Paz" posee. A modo de ejemplo recordemos que allí se colgaron pinturas tan sobresalientes como “La Venus del espejo” de Diego Velázquez, “La educación de Cupido” de Correggio o “La maja desnuda” y “La maja vestida” de Francisco de Goya, quien además pintó por encargo de Godoy cuatro pinturas alegóricas de formato circular, de las que actualmente se conservan tres en el Museo del Prado (la otra se ha dado por desaparecida).

En 1807 Godoy va a recibir como regalo del Ayuntamiento de Madrid el Palacio de Buenavista, en la actual Plaza de Cibeles (sede ahora del Cuartel General del Ejército de Tierra), edificio que hasta ese momento había pertenecido a los duques de Alba. Godoy procedió a hacer el traslado de domicilio y, aunque realmente no llego a habitar su nueva residencia, pues cayo pronto política y socialmente en desgracia, lo cierto es que pronto dejaría ya el Palacio del Marqués de Grimaldi. En 1808 Madrid va a ser ocupado por las tropas napoleónicas y Joaquín Murat, cuñado de Napoleón, decide en calidad de máxima autoridad militar de las tropas francesas acantonadas en la capital instalarse en nuestro palacio. Desde allí, este comandante con serias aspiraciones a ser proclamado rey de España (finalmente ya sabemos que Napoleón reservó dicho título para su hermano José Bonaparte y otorgó a Murat el de rey de Nápoles) vivió el levantamiento del pueblo de Madrid y fue desde allí desde donde gestionó la violenta represión acaecida durante el 2 y 3 de mayo.

El Palacio sufrirá durante la invasión napoleónica el expolio de las tropas francesas y, perdido buena parte de su antiguo esplendor. en los años sucesivos cambiará a menudo ya de finalidad como inmueble de uso público: Fue primero sede del Consejo del Almirantazgo, pasando en 1819 a albergar las dependencias de la Biblioteca Real; en 1826 se convirtió en sede de las Secretarías del Despacho de Gracia y Justicia, Hacienda, Guerra y Marina, hasta que un incendio en el edificio ocurrido el 29 de noviembre de 1846 aconsejó el traslado de estas dependencias, ya convertidas con el régimen liberal en Ministerios. Sólo quedaron en el edificio las dependencias del Ministerio de Marina, al que pocos años después se le agregarían las del recientemente creado Museo Naval (1844). El resto del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX siguió desempeñando funciones ministeriales, aunque en algunas ocasiones parte de sus habitaciones y salones recuperaron el lujo de tiempos pasados al convertirse en los alojamientos de las futuras reinas de España, María Cristina de Austria y Victoria Ana de Battenberg, antes de sus respectivas bodas con Alfonso XII -en segundas nupcias- y Alfonso XIII. En 1941 se decidió instalar en el palacio el Museo del Pueblo Español, donde se podían contemplar trajes regionales e históricos, así como productos y manifestaciones artísticas locales y populares. En 1977 se convertiría en el actual Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.
En 1962 fue declarado Monumento Histórico-Artístico y desde el 2000 tiene la consideración de Bien de Interés Cultural (BIC).

Para terminar, no quiero dejar de referir una curiosidad más relacionada con este palacio, y es que a día de hoy sigue conservándose íntegro el despacho que Manuel Godoy tuvo allí (no sólo la mesa y la silla, sino también la lámpara dieciochesca, el recubrimiento enmaderado en caoba de los muros, los adornos en paredes, la alfombra de la desaparecida Real Fábrica de Santa Bárbara, … ), pero no se conserva en el Palacio de la plaza de la Marina, sino en la planta noble del actual Cuartel general de la Armada situado en la confluencia entre el Paseo del Prado y la calle Montalbán. Pinturas y mobiliario fueron trasladados allí en 1929, pieza a pieza y respetando para la nueva ubicación las dimensiones y detalles de la estancia original. El despacho no está abierto al público y solo se abre actualmente para recepciones del más alto rango estatal.


Si sientes curiosidad por como es dicho despacho pincha en el enlace que te facilito correspondiente a una información publicada en su día por el ABC.