Gatos al agua

Cuando el calor veraniego aprieta en la Comunidad de Madrid, bueno es conocer donde podemos los madrileños darnos un chapuzón refrescante más allá de las piscinas municipales o privadas de nuestro barrio. Aquí van algunas propuestas interesantes:

Pantano de San Juan (S. Matín de Valdeiglesias): Una de sus playas, la de la Virgen de la Nueva, cuenta con bandera azul, siendo la única con tal reconocimiento en la Comunidad de Madrid. Acceso gratuito.

Embalse de Picadas (Pelayos de la Presa): Hay zonas acotadas de este embalse para el baño. Puede hacerse también un agradable paseo por la vía verde que lo recorre. Acceso gratuito.

Las Presillas de Rascafría: Muy frecuentada los fines de semana, cuenta con amplia área verde y buena zona de baño en el propio río represado. Desde allí, alejándonos un poco, podemos ir a la cascada del Purgatorio. Acceso gratuito andando desde El Paular. En coche, aparcamiento 9 €.

La Isla (Rascafría): El área recreativa se encuentra en el km 31,700 de la carretera M-604 que nos lleva de Rascafría al Paular. La zona de baño es en el río y se dispone de amplia zona de campo. También existe un restaurante. Acceso gratuito.

Las Berceas de Cercedilla: Recinto de piscinas con agua serrana fresquita. Cuenta con vestuarios, merenderos, bar, etc. Abierto hasta el 2 de septiembre de 10 a 20 h. Entrada adultos 6 € (7€ fin de semana).

La Playa de los Villares (Estremara): En este municipio, a unos 60 kms de Madrid, existe una coqueta playa fluvial con servicios y un chiringuito.

El Arenal del Río Alberche (Aldea del Fresno): En este paraje unen sus cauces el río Perales y el Alberche y cuenta con zonas de arena, merendero, algunos chiringuitos e incluso duchas. Acceso gratuito. Aparcamiento 2€.

Riosequillo (Buitrago de Lozoya): Complejo cuenta con una larga piscina junto al río y amplia zona verde con sombrillas y área de pícnic. Entrada adultos 4€.

Pozas de Puebla de la Sierra: Algunos las conocen como las pozas de Berrueco, aunque realmente están en Puebla de la Sierra, cerca de Torrelaguna, en la caida de Somosierra. El acceso es gratuito a la mayor parte de las pozas naturales.

Polideportivo Puerta de Hierro (Ctra. Coruña, km 7): Este Complejo Deportivo, antígüamente conocido por los madrileños como El Parque Sindical, cuenta con la piscina al aire libre más extensa de Madrid. Acceso 4,5 €.


La zona de la Pedriza, en la que era posible el baño antes, ha dejado de serlo pues en el verano del 2016 la Comunidad prohibió el baño en todas sus pozas y chascas (la más famosa era la Charca Verde). ¡Lástima! Compensemos no obstante esta pérdida incorporando a nuestra relación de áreas de baño dos interesantes lugares que aunque pertenecientes a Segovia, limitan con la Comunidad de Madrid:

Área recreativa del Chorro (Navafría): Zona serrana muy arbolada, cuenta con mesas y cocinas de barbacoa. Hay también un restaurante. El baño es posible en varias lagunillas artificiales con agua del río. Cerca, a 20 minutos de marcha, se alcanza la vistosa cascada de El Chorro. Aparcamiento 5 €.

Área recreativa de La Panera (El Espinar-estación): Amplia zona arbolada que cuenta con mesas y cocinas de barbacoa. Hay también un bar que ofrece comidas. Dispone de piscina de adultos e infantil. Aparcamiento 6 €.

Ruta de senderismo: Subida a Cabeza Lijar

La cumbre del monte de Cabeza Lijar es con sus 1823 m el  punto más alto del municipio de Guadarrama y el límite provincial de tres provincias colindantes: Madrid, Segovia y Ávila. La subida a dicha cumbre se encuentra en los orígenes del montañismo madrileño y, si eres amante de los paseos de naturaleza, esta puede ser sin duda una ruta de las que merece la pena que no te pierdas, pues no siendo dura en exceso te va a permitir disfrutar de unas inmejorables vistas panorámicas y descubrir de paso algunos restos de construcciones que datan de la pasada Guerra Civil, como el fortín y observatorio existente en la cima y sobre el que se ha construido un mirador (realmente toda la zona en torno al Alto del León conserva aún numerosos restos de edificaciones de dicha contienda: bunkers, puestos de ametralladora, refugios, trincheras, parapetos, etc).


La ruta por la Cuenca del Guadarrama que aquí se propone es de carácter circular, con una longitud totad de entorno a los 10,5 km. Como ya señalé no tiene excesiva dificultad, aunque eso sí, hay que subir y bajar pendiente. Comenzaremos nuestro recorrido en el mismo Alto del León (conocido por muchos más como el Puerto de los Leones). Hasta allí lo mejor es ir en coche y dejarlo aparcarlo en el parking del restaurante-asador. Ya a pie, nos dirigiremos hacia la derecha de dicho establecimiento para tomar el camino inicialmente asfaltado que allí parte y que indica dirección Camorritos. Caminando dejaremos atrás la estación militar de radiotransmisiones y poco después pasaremos un paso canadiense (esa especie de barrera horizontal metálica que impide que el ganado lo cruce pero posibilita el acceso de personas y vehículos). Nada más pasarlo dejaremos la carretera y tomaremos el sendero que a la derecha asciende entre pinos hacia el monte, en concreto al conocido como Cerro Piñonero. En el alto de este, ligeramente escorado hacia el lado izquierdo de la cumbre, existe un bunker-observación desde el que se controlaban los posibles movimientos de tropas en el valle y que hoy, por suerte sin intenciones belicosas, nos permite admirar el paisaje.

Regresamos de nuevo a nuestra senda, que atraviesa la cumbre, y en inicial bajada encaminaremos ahora nuestros pasos hacia Cabeza Lijar que el la cumbre que se nos muestra justo enfrente un poco a la derecha. Seguiremos como antes las marcas del GR 10 y marcas azules, pasando por el llamado Collado de la Gasca, en donde tendremos que cruzar por una puerta al lado Segoviano. A partir de allí comienza la subida a Cabeza Lijar y es sin duda la parte más dura del recorrido pues a la pendiente se suman algunos tramos con piedras que se van superando sin grandes dificultades si nos los tomamos con calma. En la cima tenemos la recompensa a nuestro esfuerzo: Unas vistas increíbles.

Tras la subida a la cima ahora toca bajar, y lo haremos continuando por el sendero. Tendremos que atravesar la valla y aunque en algún tramo perdamos la referencia de las señales no hay pega, pues deberemos salir al camino de Camorritos que se encuentra en el lado izquierdo del cerro. Una vez en el mismo sólo nos queda ya volver por dicho camino hasta el que fue nuestro punto de partida.

El esfuerzo realizado seguro que nos habrá merecido la pena y podemos celebrarlo tomándonos en la cafetería restaurante un refrigerio, o una bebida calentita si el tiempo serrano lo aconseja mejor opción.

¡Disfrutarlo!

Los monarcas desplazados

Las 20 estatuas que adornan los laterales de la Plaza de Oriente son popularmente conocidas por los madrileños como las de los reyes godos, aunque en realidad solo algunas de ellas representan realmente a monarcas anteriores al 711, fecha en que estos dejaron de reinar en nuestro país. La generalización sin duda tiene algo que ver con el estigma que durante años supuso para los estudiantes españoles el aprendizaje memorístico, completo y cronológico, de los 33 monarcas visigóticos que desde Ataulfo hasta Rodrigo gobernaron la mayor parte de la península Ibérica desde el siglo V hasta la invasión musulmana. ¡La famosa "lista de los Reyes Godos!.

Esta estatuas son realmente parte de un gran proyecto con el que se pretendía ornamentar la cornisa y balaustradas del Palacio Real, y que se vio frustrado tras un cambio final de planes. Veamos seguidamente con un poco de detalle la historia de estas estatuas:

Tras el incendio sufrido por el Real Alcazar madrileño en la Nochebuena de 1734, el rey del momento, Felipe V, decide construir sobre sus ruinas el nuevo Palacio Real que hoy admiramos. La madera, predominante en el edificio anterior, es ahora remplazada por robusta piedra que minimiza nuevos riesgos y, de paso, todo el palacio se ajusta a la estética barroca que estaba de moda ya por entonces. Para completar la decoración exterior del palacio, cuyas obras se acometieron entre 1738 y 1755, se planteó una ornamentación que reforzase el sentimiento real, ideándose entonces el proyecto de representar a todos los reyes que hasta ese momento había tenido España. Se encargó al erudito benedictino Fray Martín Sarmiento (1695-1772) la dirección iconografico de una historia de España a través de esculturas individualizadas de cada uno de sus reyes y el proyecto fue fielmente cumplido, esculpiéndose en total 108 estatuas, representativas de la monarquía hispana desde los reyes godos hasta los Borbones, e incluyendo además algunos grandes personajes vinculados con el Imperio, como los emperadores de México y Perú.

Las esculturas, labradas todas en piedra blanca y de similares dimensiones, muestran un valor artístico desigual, pues no sólo son fruto de diversos escultores, sino que debemos tener presente además que la mayoría se hicieron para ser contempladas a distancia y por tanto no siempre se han trabajado bien los detalles. Pese a todo, su valor iconográfico es alto. Curioso, por ejemplo es el significado de los escudos que aparecen junto a muchas de las figuras y que hacen referencia al cónyuge, indicando, si está a la izquierda y contiene el retrato de la esposa (hay también algún hormbre, pues hubo reinas), que esta fue madre de heredero de la corona. Si el heredero no era el hijo legítimo el escudo del rey queda sin labrar y en él no aparece el rostro de su esposa, y si el escudo se sitúa a la derecha y no pegado a su cuerpo, significa que ninguno de los cónyuges eran los padres del sucesor del trono. ¡Toda una simbología esculpida en piedra para la historia!

Como ya comenté, la idea inicial era que todas estas estatuas adornasen las balaustradas y coronases las cuatro fachadas del Palacio Real, pero la gran mayoría de ellas nunca llegó a ocupar dicho lugar. Cuenta una leyenda madrileña que fue Isabel de Farnesio, segunda esposa de Felipe V, quién pidió a su esposo que no se pusiesen finalmente sobre la cornisa, pues una noche tuvo una pesadilla en la que soñó que se producía un terremoto en el Palacio Real y una de las enormes esculturas le caía encima y la mataba. La verdad parece que fue sin embargo menos onírica y apunta que fue Sabatini, el arquitecto encargado de la conclusión de las obras del Palacio, quien sugirió a Carlos III, el monarca reinante ya entonces y que sería en verdad el primer inquilino real del Palacio, que no se izasen sobre la cornisa, tanto por prudencia para no sobrecargar el peso del edificio (cada estatua pesa unas tres toneladas) como por sobriedad estética, ya que la ostentación barroca había pasado de moda y ahora se llevaba el más austero estilo neoclásico. ¡Eran demasiados reyes por encima de la cabeza del monarca!

Despojadas de su propósito inicial de ornamentación palaciega y despreciado el sentido pedagógico que Sarmiento pretendió dar al conjunto unido de todas ellas, las estatuas empezaron poco a poco a ser distribuidas por plazas y jardines, no sólo de la capital, sino tambien de otras ciudades españolas (Toledo, Burgos, Vitoria, Logroño y Pamplona son algunos ejemplos de destinos). En Madrid, las que se decidió finalmente no mantener en la fachada del Palacio Real fueron repartiéndose por la Plaza de Oriente, los jardines de Sabatini, El Retiro, la fachada del Museo del Ejército y la Glorieta de las Pirámides (hoy estas últimas ya no están, pero la foto anexa de tiempos de la Guerra Civil nos ofrece testimonio de su existencia).

Para el paseante curioso puede ser un aliciente motivador el redescubrir personalmente qué estatuas son las que permanecen en la ciudad. No hay aparentemente demasiada lógica en la distribución de las figuras, pero quizás tu descubras nexos. Por ejemplo, al primer y último rey godo los tenemos relativamente cerca uno de otro en la Plaza de Oriente. ¡Algo es algo!


El siguiente enlace puede ayudarte a localizar las estatuas: http://commons.wikimedia.org/wiki/Estatuas_del_Palacio_Real_de_Madrid


Arroyo Meaques (Casa de Campo)


La Casa de Campo madrileña, nuestro gran pulmón verde, es atravesada por varios arroyos de pequeño caudal que van aportando sus modestas aguas al río Manzanares, siendo de ellos los denominados Meaques y Antequina los únicos que lo hacen de forma permanente a lo largo del año. De estos dos arroyos, el Meaques es el más relevante y a él voy a dedicar hoy la entrada de este blog, invitando a quienes gusten de pasear en bicicleta o a pie a acompañarlo a lo largo de su discurrir por el parque. El recorrido, que tendrá unos cinco kilómetros, es cómodo y, a parte de disfrutar con el paseo, nos va a permitir conocer significativas construcciones, algunas existentes desde el siglo XVIII.

Nuestro Arroyo Meaques nace allá por el paraje conocido como Ventorro del Cano, en el término municipal de Alcorcón fronterizo con el de Pozuelo. Tras avanzar bordeando la Ciudad de la Imagen por la parte trasera de los cines Kinépolis, el arroyo va a entrar en la Casa de Campo a través de la colonia Santa Mónica (recomiendo, si vamos a hacer el recorrido a pie, desplazarnos en metro hasta la estación de Colonia Jardín y desde allí bajar caminando hasta la tapia de la Casa de Campo, que no está lejos).


Como ya comenté en una entrada anterior, la Casa de Campo madrileña fue coto privado de la realeza durante gran parte de su historia, debiéndose a Carlos III el encargo del cerramiento perimetral completo del recinto. Así, tanto el muro de ladrillo y piedra existente, como varias puertas y enrejados fluviales que lo jalonan y hoy podemos ver, corresponden al siglo XVIII, siendo el responsable de su construcción, como también de diversos elementos funcionales y ornamentales del interior del parque, el afamado arquitecto Francesco Sabatini. Es por ello que nuestro primer foco de interés en el recorrido que hoy hacemos vamos a encontrarlo en la misma entrada al parque del cauce original del arroyo: La Reja de Meaques (actualmente el agua del arroyo llega canalizada bajo tierra a este punto, por lo que no la veremos hasta que nos adentremos unos metros en la Casa de Campo).

A poca distancia de la Reja de Meaques encontramos nuestro segundo punto de interés: El Puente de la Culebra (1782), sin duda el más bonito de los cinco puentes sobre el arroyo proyectados por Sabatini (Culebra, Batán, Álamo Negro, Siete Hermanas y Agachadiza) y de los que hay que decir que actualmente se conservan total o parcialmente sólo tres. El nombre de Puente de la Culebra se entiende rápidamente en este caso al observar el original trazado serpenteante que tiene. Cerca de él, en su orilla derecha, encontraremos algunos restos de varias fortificaciones de la Guerra Civil (parece ser que fueron polvorines de las tropas franquistas) y un poco más adelante, una pequeña presa que embalsa el arroyo y forma allí un estanque relativamente hermoso en el que habitan patos y alguna que otra ave acuática.

Seguiremos nuestra marcha por cualquiera de las márgenes del arroyo y, tras un buen rato, alcanzaremos uno de los costados de la valla perimetral del Zoo. Allí un nuevo puente de Sabatini, conocido como el del Álamo Negro, cruza el cauce, aunque su vista no va a merecernos especial interés pues carece de ornamentación y está además muy transformado (el original fue semidestruido en la riada de 1995). Nuestro recorrido deberá abandonar por un rato la cercanía del arroyo pues este se adentra en el interior del Zoo . Deberemos bordear el recinto y, aunque podemos hacerlo por cualquiera de sus lados, nos será más cómodo por la derecha, dirigiéndonos hacia lo que es la entrada principal del Zoo. Si así lo hacemos descubriremos, en nuestro paso junto al vértice del vallado, los curiosos restos de la que fue Ermita de San Pedro, erigida en 1954.

Retomando nuestro acompañamiento al Arroyo Meaques una vez superado el Zoo, avanzaremos por la orilla derecha de este hasta alcanzar el llamado "Puente de Hierro" que es de factura contemporánea (en su proximidad encontramos varios de los árboles singulares de la Casa de Campo). Recomiendo cruzar el puente y seguir nuestra marcha ya por la margen izquierda del arroyo, pues nos alejaremos así algo de bullicio del cercano Parque de Atracciones y disfrutaremos más de la naturaleza que nos ofrece el encinar del Fraile. En el recorrido de este tramo pasaremos junto a la popular fuente de los Tres Caños, llegando poco después al puente del Batán (es una replica moderna del que en su día diseño allí Sabatini) y algo más allá al de las Siete Hermanas (muy dañado también en la riada de 1995). Seguimos nuestro avance, siempre ya por la margen izquierda (en la de la derecha del arroyo se levanta el Albergue Juvenil Richard Schirrmann, nombre del fundador de la red mundial de albergues juveniles, y que funciona desde 1947). Tras pasar junto al conocidísimo Pinar de las Siete Hermanas alcanzaremos el reconstruido puente de la Agachadiza, que durante la Guerra Civil sufrió grandes desperfectos (hay que recordar que esta zona formó parte de la línea del frente entre finales del 1936 y abril de 1939).

Siguiendo nuestro recorrido de acompañamiento al Meaques entraremos ahora en el conocido como Paseo de los Castaños que nos llevará ya hasta El Lago, final de nuestra visión del arroyo, pues allí, junto a la Fuente de Los Neveros (el nombre hace alusión a los pozos de nieve que se encontraban antiguamente en el lugar y que se nutrían por lo visto del hielo recogido en el estanque durante los fríos inviernos), el arroyo se introduce en un colector e irá ya soterrado hasta su encuentro con el río Manzanares. Pero, aunque ya no veamos el arroyo propiamente dicho, propongo seguir de frente para, llegados al Embarcadero, continuar hasta la Puerta del Rey, entrada principal de la Casa de Campo, y en cuya proximidad el Meaques tiene la desembocadura. En este tramo encontraremos vestigios de las antiguas canalizaciones de tiempos de Carlos III por las que se derivaba agua para abastecer los jardines del Palacete de Iván de Vargas y el regadío de la huerta de la Partida. El acueducto junto a la curva de la carretera interior de la Casa de Campo es seguramente el recuerdo visible más llamativo.