Parque Lineal del Manzanares

Pese a que Madrid no cuente como otras capitales europeas con un río grande y caudaloso (ingeniosas y conocidas son las sátiras que sobre el Manzanares hicieron Quevedo: “Manzanares, aprendiz de río”, o Tirso de Molina: “Como Alcalá y Salamanca tenéis, y no sois colegio, vacaciones en verano y curso sólo en invierno”), muchos madrileños hemos redescubierto el placer de pasear por sus márgenes, no sólo en el tramo puramente urbano del parque Madrid Río, sino algo más allá.

Puesto que en una entrada anterior de este blog ya hablé de Madrid Río y llegamos en nuestro paseo hasta la altura de Legazpi, sugiero ahora que sigamos al Manzanares en su recorrido descendente y nos adentremos en el denominado Parque Lineal del Manzanares, amplio espacio natural de unos 20 kms de longitud que se extiende desde el cruce del río con la M30 hasta la desembocadura del Manzanares en el Jarama, allá en el término municipal de Rivas-Vaciamadrid. Al ser la distancia de extremo a extremo amplia, la bicicleta es el medio más usado por quienes la recorren, pero también es interesante recorrerla a pie si te atrae el senderismo.

El Parque Lineal está organizativamente estructurado en tres tramos:

  • Tramo 1: El comprendido entre el final de Madrid Río, pasado Legazpi, hasta el nudo Supersur de la M-40. Comprende el Parque del Manzanares Sur y los aledaños de la instalación deportiva "La Caja Mágica".
  • Tramo 2: Se extiende desde donde finaliza el anterior tramo hasta el límite del municipio de Madrid con el de Getafe, a la altura de Perales del Río. Recorre una zona sin urbanizar, ocupada en parte por huertos y tierras de cultivo.
  • Tramo 3: Enlaza el espacio anteriormente descrito con el Parque Regional del Sureste, prolongándose hasta la desembocadura del Manzanares en el río Jarama, cerca de Rivas Vaciamadrid.
Empecemos nuestro recorrido: Siguiendo el río en dirección sur abandonaremos Madrid Río sobrepasada la zona de Legazpi y tras pasar bajo el puente de las vías del tren, y antes de llegar al circuito municipal de ciclocross, cruzaremos al otro lado de la M30 por la pasarela peatonal existente. Continuando el camino, llegaremos unos seiscientos metros más adelante a la entrada del Parque de Manzanares Sur, también conocido por algunos como Parque Bofill por ser este arquitecto el autor del proyecto de construcción del mismo en 2003, recuperando como agradable espacio de esparcimiento y paseo una zona anteriormente ocupada por infraestructuras de saneamiento y abastecimiento eléctrico.

Entre los lugares de interés del parque destacan el Paseo de los Sentidos, -eje peatonal compuesto por cuatro plazas, el laberinto, el umbráculo y dos fuentes ornamentales-, el estanque de aproximadamente 1000 metros cuadrados, y la Atalaya, mirador de 21 metros de altura en cuya zona más alta se encuentra la Dama del Manzanares, escultura en bronce y acero de 13 metros de altura y 8 toneladas de peso realizada a partir de un diseño del artista valenciano Manolo Valdés. Como curiosidad reseñar que tanto el montículo de la Atalaya, como el otro existente detrás de la zona deportiva y que constituyen excelentes miradores de Madrid y sus alrededores, son realmente montañas artificiales, hechas a partir de escombreras.

Continuamos nuestro recorrido de acompañamiento al río Manzanares en su encuentro con el Jarama y abandonamos el Parque Bofill para tomar el camino asfaltado que discurre junto a la margen derecha del rio. El cauce del Manzanares, que en Madrid Río se veía artificialmente canalizado entre paredes de hormigón, tiene en este Tramo 1 una apariencia natural que sin lugar a dudas resulta más agradable, y eso que allí, a la otra orilla, la depuradora de La China nos regala a menudo con algunos aromas no del todo gratificantes. En este tramo de nuestro recorrido pasaremos junto a la Caja Mágica, recinto multifuncional para fines deportivos (tenis fundamentalmente) diseñado por el arquitecto Dominique Perrault. Poco después alcanzaremos el Nudo Supersur en el que varias carreteras se concentran y que nuestro camino cruza por debajo de varios puentes.

La concentración de nudos de carreteras y de vías férreas, la presencia de varias estaciones depuradoras y eléctricas, así como el descubrimiento de antiguas escombreras y diversos asentamientos irregulares nos recuerdan que durante muchos años, toda esta zona sur de la Comunidad de Madrid próxima al río no contó con los cuidados ambientales y de conservación del patrimonio que hubiesen sido deseables, y que aunque poco a poco parece que se van haciendo cosas para corregir desmanes y recuperar el río y sus riberas, todavía hay por delante bastante trabajo que hacer.

Pasado el Nudo Supersur nuestro recorrido se adentra en el Tramo 2 del Parque Lineal en el que, poco a poco, iremos alejándonos de la línea de casas del distrito de Villaverde. El paseo junto al río es agradable y vemos como en la zona se están haciendo trabajos de reforestación para recuperar amplios espacios de terreno que sin duda contribuirán, cuando esos plantones arbóreos crezcan, a crear una barrera visual que facilite aún más la sensación de alejamiento de los núcleos urbanos. Tras rebasar un par de pequeños huertos nos apartaremos del camino asfaltado junto al río (poco más adelante finaliza su trazado) para tomar otro de tierra próximo al trazado de la vía del tren AVE, vía que cruzaremos más adelante por una pasarela para continuar nuestro recorrido junto al cortado de la montaña. Todo nuestro camino coincide con el llamado Camino de Uclés que está profusamente señalizado, por lo que no tendremos pérdida si seguimos las marcas.

Toda la zona de la vega del Manzanares tuvo una gran importancia durante la Guerra Civil Española, pues fue escenario parcial de dos grandes batallas, la Batalla de Madrid y la Batalla del Jarama. De aquellos trágicos acontecimientos son visibles actualmente numerosos vestigios en la zona, especialmente los correspondientes al importante frente de defensa que allí mantuvo el ejército republicano, pues instalado en la zona de la montaña que domina la vega, excavaron allí kilómetros de trincheras a lo largo de los cerros que claramente son visibles si alzamos nuestra vista, así como también lo son el gran número de cuevas existentes que se usaron como refugios y paramentos de vigilancia y disparo.

Pero el valor histórico de esta zona no se reduce a recordarnos nuestra Guerra Civil. Mucho antes esta zona fue testigo también de otro hecho relevante: El intento de dar a Madrid una salida navegable al mar. Me refiero al proyecto del Canal del Manzanares iniciado en tiempos de Carlos III y al que me referí en este blog cuando abordé el tema de la Presa del Gasco. El camino por los tramos 2 y 3 del Parque Lineal sigue en buena parte el trazado de lo que fue este canal, que llegó realmente a ser mínimamente navegable hasta la décima esclusa (la mejor conservada actualmente). Dicha esclusa, junto a la novena, fueron creadas ya en el reinado de Fernando VII y fueron las últimas, puesto que el proyecto se abandonaría poco después. Hoy nos quedan algunos restos de aquel sueño y sería bueno que no se dejasen perder del todo pues son parte de nuestra historia.

Algunas pequeñas explotaciones agrícolas y zonas de coto nos acompañan en el recorrido por los tramos 2 y 3. También nos acompaña la presencia en la zona de multitud de cigüeñas y otras aves, así como de conejos cuyas madrigueras horadan las tierras áridas de la zona más de monte.

El cortado de la montaña que nos acompaña a nuestra izquierda empieza a descender y Rivas-Vaciamadrid se ve al fondo. Estamos llegando al final de nuestro recorrido. El Centro Nacional de Protección Civil es una de las edificaciones que nos recibe y ya sólo nos queda seguir la carretera hasta Rivas.

Recomiendo sin duda el recorrido propuesto y animo a los responsables que corresponda de la Comunidad de Madrid a que en la medida que sea posible mejoren ambientalmente este espacio limpiando áreas degradadas que aún persisten, asentando algunos tramos del camino, manteniendo y potenciando la flora y fauna autóctona, y conservando el patrimonio cultural e histórico. También todos los que en bicicleta o andando recorremos este espacio natural tenemos la obligación de contribuir a su conservación. ¡Merece la pena!

Si deseas ver con detalle el recorrido por el Parque Lineal del Manzanares pulsa aquí.

Presa del Gasco

La Presa del Gasco simboliza el fracaso de un sueño de dimensiones faraónicas: Dotar a Madrid de una salida navegable al mar.

En buena parte de Europa y motivados por la necesidad de establecer dentro de cada uno de los países vías de comunicación rápidas para el transporte de mercancías y personas, se impulsó durante los siglos XVII y XVIII, junto a la mejora de los caminos existentes, la construcción de canales por los que poder desplazar barcazas (la llegada del ferrocarril a comienzos del siglo XIX supondrá, por su mayor eficiencia, la paralización definitiva de nuevos grandes proyectos de canalización fluvial). Así por ejemplo, y por destacar uno de los primeros y más importantes canales que por entonces se construyeron en Europa, vemos como en la Francia de Luis XIV se cloncluye en 1681 el Canal de Midi (originariamente denominado Canal Real de Languedoc) que posibilitaba la unión del Océano Atlántico con el Mar Mediterráneo en una colosal obra de ingeniería, la cual sin duda estuvo en la mente soñadora de los nuevos monarcas españoles de la casa de los Borbones que a partir del 1700 se consolidan en la corona de España, y que van a intentar promover en nuestro país proyectos similares como el que aquí voy a referir.  

Aunque la idea de interconectar algunos de los grandes ríos del país para facilitar las comunicaciones viene de antaño y ya desde Felipe II se conocían varios proyectos que por problemas técnicos y económicos nunca llegarían finalmente a materializarse, será en las postrimerías del siglo XVIII, bajo el reinado de Carlos III, cuando España va a sumarse a la corriente de la construcción de grandes canales, incluyendo el intento de materializar incluso el sueño de dotar a la centralista capital del reino de una salida fluvial al mar.

El primer paso a dar será intentar hacer navegable el Manzanares hasta su encuentro con el Jarama, para luego poder llegar a través de este hasta el Tajo a la altura del Real Sitio de Aranjuez, dejando con ello comunicados las dos grandes residencias reales. A tal fin se comenzó a construir, a lo largo de lo que hoy es parte del Parque Lineal del Manzanares, un canal que discurría paralelo al río para facilitar su abastecimiento de agua, y al que se dotó de diversas esclusas que posibilitaban salvar los desniveles naturales del terreno. Las obras se iniciaron en septiembre de 1770 y tras ocho años de trabajos se consiguió que pequeñas chalupas y barcazas pudieran recorrer el tramo comprendido entre el embarcadero existente en la capital, junto al Puente de Toledo, y la denominada octava esclusa, a la altura de la Cañada Real Galiana a su paso por el término de Rivas-Vaciamadrid. Construido este primer tramo del que pretendía ser Real Canal del Manzanares quedó en evidencia, entre otros múltiples problemas para la continuidad del trazado, que el aporte hídrico que ofrecía el río madrileño era en general muy escaso, siendo a menudo insuficiente para asegurar una mínima navegación, incluso de pequeñas barcazas.

En 1785 y con el aval económico de Francisco Cabarrús, asesor financiero de la Corona y primer presidente del por entonces recientemente creado Banco Nacional de San Carlos (esta persona, poseedora de una gran fortuna, había impulsado en 1775 el llamado Canal de Cabarrús que llegó a tener en 1799 cerca de 12 km de longitud, uniendo para uso agrícola entre Torrelaguna y Patones las cuencas de los ríos Lozoya y Jarama), se le va a presentar al rey un proyecto global de canales teóricamente viable que permitiría conectar de forma fluvialmente navegable Madrid con Sevilla, para desde allí alcanzar finalmente por el río Guadalquivir la salida natural al Atlántico (en total 771 km que salvaban técnicamente un desnivel estimado de 700 m en el recorrido). Entre las soluciones que aportaba el proyecto se incluía solventar la escasez de caudal en el Manzanares mediante el trasvase a este de agua procedente de otro de los ríos serrano como es el Guadarrama.  El proyecto global, sin duda muy ambicioso, satisfacía además de la mejora deseada en las comunicaciones hacia el sur de la península, el abastecimiento de agua para el consumo de la capital y el riego de las tierras de labranza de los pueblos de alrededor.
La viabilidad técnica del proyecto venía avalada por la reputación de quien lo había diseñado ahora, el ingeniero militar de origen francés Carlos Lemaur, profesional que había sido llamado a España por el rey Fernando VI, antecesor del rey Carlos III, y al que algunos ilustrados de la época como Jovellanos habían llegado a calificar como uno de los mejores ingenieros del mundo. En España, Lemaur ya había realizado por entonces otras grandes obras de ingeniería, como el Canal de Castilla, el paso de Despeñaperros en el Camino Real de Andalucía o el Real Camino de Galicia.

El proyecto gustó y recibió finalmente luz verde, pero la repentina muerte por suicidio de Carlos Lemaur implicó que finalmente fuesen sus hijos, que habían también colaborado en el diseño general, los que lo pusieron verdaderamente en marcha. Así fue como en 1787, priorizándose en el plan de trabajo la solucionar el aporte de caudal de agua al Canal del Manzanares ya construido y poder luego darle continuidad, empezó a trabajarse en el nuevo Canal del Guadarrama. Este subproyecto comprendía la construcción de una gran presa para embalsar las aguas de la sierra procedentes del tramo alto del río Guadarrama y toda la canalización en abierto desde la presa hasta el río Manzanares. Las obras se iniciaron con solo 100 obreros, cifra que se fue aumentando hasta alcanzar, en ciertos momentos, los 5.000 trabajadores. Hubo por lo que se cuenta muchas dificultades e incidencias, incluyendo importantes problemas de financiación por parte del Banco de San Carlos, de ahí que se empezase utilizando como mano de obra soldados que posteriormente fueron reemplazados por prisioneros condenados a trabajos forzosos.


Para la construcción de la presa se eligió el final de la angostura que forma el río Guadarrama entre el monte del Gasco, de quien tomó el nombre la presa, y los cerros por donde discurre el actual puerto de Galapagar. La estrechez allí del desfiladero y su prolongado curso prometían una reserva de agua más que suficiente para garantizar la inundación de los canales que en el mismo se iniciaban. El diseño previsto admitía un muro de 93 metros de altura, el más alto del mundo en su momento, con una anchura de 72 metros en base y una longitud de 251 metros, construido en mampostería de granito obtenido en canteras cercanas a la presa.

Tras doce años de trabajos, cuando se llevaban levantados 53 metros de altura en la presa y se llevaban construidos unos 27 km de canal, el 14 de mayo de 1799 una fuerte tormenta presionó de tal forma el centro del muro que este se vino parcialmente abajo. Fue la puntilla del Canal del Guadarrama y el del abandono del proyecto faraónico soñado de alcanzar el mar desde Madrid a bordo de una embarcación. Proyecto que seguramente habría podido realizarse técnicamente, pero sobre el que siempre sobrevolaron dudas de rentabilidad y viabilidad económica.

Te animo a que visites la presa y descubras también algunos otros restos existentes de aquel proyecto de canalización hidráulica. Los encontrarás en su mayor parte en el término municipal de Torrelodones, las Matas y las Rozas en lo que respecta al Canal del Guadarrama y en el tramo 2 y 3 del Parque Lineal del Manzanares si nos referimos a los restos del Canal del Manzanares.

Hay varios puntos desde los que puedes acceder tras una más o menos larga caminata al entorno de la Presa del Gasco. El más corto seguramente es desde la urbanización Molino de la Hoz (carretera de Las Rozas a El Escorial) distante caminando de la presa unos 25 minutos, aunque quizás la ruta más aconsejable, especialmente si te gusta algo el senderismo moderado, es llegar a ella desde el otro monumento más sobresaliente de Torrelodones: la Torre de los Lodones, que se alza sobre un cerrete próximo a la autopista de A Coruña. Te indico seguidamente el enlace a una ruta senderista desde Torrelodones a la Presa del Gasco.

Exposición temporal: Historietas del tebeo 1917-1977

Puesto que los tebeos han sido fieles acompañantes de la infancia y juventud de muchos de nosotros, la visita a exposiciones como la que actualmente se muestra en el Museo ABC tiene el atractivo entrañable, más allá de aspectos didácticos, de volver a contactar con personajes que nos fueron muy familiares y que nos hicieron pasar sin duda buenos ratos.

Historietas del tebeo 1917-1977 es, como señalan los organizadores, una exposición sobre los tebeos españoles que se publicaron en el periodo comprendido entre dichos años, y esas fechas se han tomado como referencia por ser el año 1917 en el que nace la revista TBO, que por su éxito dará origen terminológico al medio, y por ser luego el año 1977 en el que con la aparición de la revista Totem el género dará un salto definitivo a los cómics para adultos.

Repasando los títulos de las revistas comprobamos que había para casi todos los gustos: Tebeos de humor para toda la familia, infantiles, juveniles de aventura y de temática romántica, tebeos doctrinales, etc.

Entre los tebeos de humor podemos citar por ejemplo algunos títulos representativos y secciones destacadas que nacieron en los mismos:
  • TBO (1917-1998): “Los grandes inventos del TBO”, “La familia Ulises”, “Josechu el vasco”, “Altamiro de la cueva”.
  • JAIMITO (1944-1982): “Pumby”, “El capitán Salmonete y el grumete Timoteo”
  • PULGARCITO (1921-1987): “El repórter Tribulete”, “Carpanta”, “Don Pio”,”Zipi y Zape”, “Doña Urraca”, “Las hermanas Gilda”, La familia Trapisonda”, "Pitagorín", “Anacleto, agente secreto”, "Mortadelo y Filemón, agencia de información".
  • DDT (1951-1978): “La familia Cebolleta”, “El botones Sacarino”.
  • TIO VIVO (1957-1986): "Rue del Percebe", "Rompetechos"
Victor Mora, Peñarroya, Vazquez, Escobar, Ibañez, son algunos de los autores que colaboraron en estas revistas dejándonos inolvidables personajes gráficos.

Dentro del género de tebeos de aventuras encontramos títulos que, los que tenemos ya cierta edad, recordamos claramente:
  • ROBERTO ALCÁZAR Y PEDRÍN
  • EL GUERRERO DEL ANTIFAZ
  • EL COYOTE
  • EL CAPITÁN TRUENO
  • EL JABATO
  • HAZAÑAS BÉLICAS
Y no hay que olvidar también aquellos tebeos de tinte romántico orientados según los roles de la época a niñas y chicas adolescentes:
  • FLORITA
  • AZUCENA
  • SERENATA
  • ROSAS BLANCAS
Había también algunos tebeos de descarado tinte ideológico, como fueron los ligados tras la guerra civil a exaltar los valores del Movimiento Nacional frente a los ideales republicanos: “FLECHAS Y PELAYOS” (1938-1949) y posteriormente “CLARÍN” (1949-1955).

Con el paso de los años el tebeo va a ir evolucionando. Algunos personajes, como los famosos Mortadelo y Filemón, se van a independizan creándose para ellos una propia revista con historietas largas, Al tiempo, nuevas tendencias culturales y el hecho de que los más fieles seguidores de los tebeos van pasando por edad de jóvenes a adultos, el contenido de las historietas y los personajes se hacen más maduros. A comienzos de los 70 aparecen así revistas de humor como “TRINCA” que son ya la antesala del mundo del comic para adultos. Poco después aparecerán otras revistas satíricas que revolucionarán el panorama del humor gráfico en nuestro país, como fueron “EL PAPUS” o el actualmente vigente “EL JUEVES”, así como series como "Paracuellos" de la revista "Muchas Gracias" (1976-1977).



Museo ABC
c/ Amaniel, 29-31
Horario: De martes a sábado de 11 a 20 horas. Domingo de 10 a 14 h.
Entrada gratuita
Exposición abierta hasta el 25 de febrero de 2018

Ruta de senderismo: Subida a Cabeza Lijar

La cumbre del monte de Cabeza Lijar es con sus 1823 m el  punto más alto del municipio de Guadarrama y el límite provincial de tres provincias colindantes: Madrid, Segovia y Ávila. La subida a dicha cumbre se encuentra en los orígenes del montañismo madrileño y, si eres amante de los paseos de naturaleza, esta puede ser sin duda una ruta de las que merece la pena que no te pierdas, pues no siendo dura en exceso te va a permitir disfrutar de unas inmejorables vistas panorámicas y descubrir de paso algunos restos de construcciones que datan de la pasada Guerra Civil, como el fortín y observatorio existente en la cima y sobre el que se ha construido un mirador (realmente toda la zona en torno al Alto del León conserva aún numerosos restos de edificaciones de dicha contienda: bunkers, puestos de ametralladora, refugios, trincheras, parapetos, etc).


La ruta por la Cuenca del Guadarrama que aquí se propone es de carácter circular, con una longitud totad de entorno a los 10,5 km. Como ya señalé no tiene excesiva dificultad, aunque eso sí, hay que subir y bajar pendiente. Comenzaremos nuestro recorrido en el mismo Alto del León (conocido por muchos más como el Puerto de los Leones). Hasta allí lo mejor es ir en coche y dejarlo aparcarlo en el parking del restaurante-asador. Ya a pie, nos dirigiremos hacia la derecha de dicho establecimiento para tomar el camino inicialmente asfaltado que allí parte y que indica dirección Camorritos. Caminando dejaremos atrás la estación militar de radiotransmisiones y poco después pasaremos un paso canadiense (esa especie de barrera horizontal metálica que impide que el ganado lo cruce pero posibilita el acceso de personas y vehículos). Nada más pasarlo dejaremos la carretera y tomaremos el sendero que a la derecha asciende entre pinos hacia el monte, en concreto al conocido como Cerro Piñonero. En el alto de este, ligeramente escorado hacia el lado izquierdo de la cumbre, existe un bunker-observación desde el que se controlaban los posibles movimientos de tropas en el valle y que hoy, por suerte sin intenciones belicosas, nos permite admirar el paisaje.

Regresamos de nuevo a nuestra senda, que atraviesa la cumbre, y en inicial bajada encaminaremos ahora nuestros pasos hacia Cabeza Lijar que el la cumbre que se nos muestra justo enfrente un poco a la derecha. Seguiremos como antes las marcas del GR 10 y marcas azules, pasando por el llamado Collado de la Gasca, en donde tendremos que cruzar por una puerta al lado Segoviano. A partir de allí comienza la subida a Cabeza Lijar y es sin duda la parte más dura del recorrido pues a la pendiente se suman algunos tramos con piedras que se van superando sin grandes dificultades si nos los tomamos con calma. En la cima tenemos la recompensa a nuestro esfuerzo: Unas vistas increíbles.

Tras la subida a la cima ahora toca bajar, y lo haremos continuando por el sendero. Tendremos que atravesar la valla y aunque en algún tramo perdamos la referencia de las señales no hay pega, pues deberemos salir al camino de Camorritos que se encuentra en el lado izquierdo del cerro. Una vez en el mismo sólo nos queda ya volver por dicho camino hasta el que fue nuestro punto de partida.

El esfuerzo realizado seguro que nos habrá merecido la pena y podemos celebrarlo tomándonos en la cafetería restaurante un refrigerio, o una bebida calentita si el tiempo serrano lo aconseja mejor opción.

¡Disfrutarlo!

Palacio Bauer

Este palacio se encuentra en el número 44 de la calle de San Bernardo, calle históricamente relevantes de Madrid por haber sido una de las principales salidas de la ciudad hacia el norte (esta calle, que durante mucho tiempo se denominó calle Ancha de San Bernardo, tuvo su origen en el antiguo camino al pueblo de Alcobendas que partía del portillo de Santo Domingo y que con el crecimiento de la ciudad se iría consolidando como calle, llegando en tiempos de Felipe IV, en que se construiría en nuevo muro perimetral de Madrid, hasta el nuevo portillo de Fuencarral, situado en las proximidades de lo que hoy es la Glorieta de San Bernardo). La relevancia de la calle atrajo a lo largo de los años la construcción en su entorno de significativos edificios civiles y religiosos, así como de viviendas y locales de negocio propiedad de la nobleza y de la alta burguesía.

La poderosa familia Bauer se estableció en España con la llegada de Ignacio Bauer, un judío húngaro que era agente en nuestro país de los Rothchild, el apellido más conocido de la banca internacional. Él se encargó de canalizar y gestionar, entre otras actividades empresariales, las Minas de Riotinto y las de Peñarroya, la refinería de petróleo Deutschet et Ciapasaron y el Ferrocarril Madrid-Zaragoza-Alicante (MAZ). A su muerte, en 1895, las labores de agente de banca en Madrid para los Rotschild pasan a su descendencia, pero estos perderán paulatinamente peso como representantes financieros, aunque seguirán por algún tiempo manteniendo una relevante posición social en los influyentes ambientes de la alta burguesía, para la que organizan numerosas fiestas y eventos musicales en sus residencias madrileñas, tanto en el palacio de la calle San Bernardo, como en el palacete de La Granja o en el del Parque del Capricho, adquirido junto a dichos jardines en el año 1900 y que mantuvieron bajo su propiedad hasta finalizar la Guerra Civil. En 1929, con el famoso crack, la fortuna de los Bauer se tambaleará seriamente y en 1932, con la proclamación de la 2ª República, se disolverá la Sociedad de los Bauer. El rastro en Madrid de lo que fue esta importante familia se desvanecerá tras la Guerra Civil y actualmente en la ciudad solo nos queda, por así decirlo, el palacio que hoy nos ocupa y el panteón familiar de los Bauer en el Cementerio de Los Ingleses.

Pero centrémonos ya en el palacio de San Bernardo: El edificio constituye externamente un típico ejemplo de palacio decimonónico, con fachadas bien compuestas, a la principal y a la calle del Pez, en las que destacan zócalos de cantería y balcones con antepechos de forja. Inicialmente, antes de su adquisición en el siglo XVIII por el banquero Ignacio Bauer, el edificio fue un caserón de pisos. La reforma trascendental para darle estructura palaciega se acometerá hacia 1870 cuando tras el fallecimiento del banquero, su hijo Gustavo Bauer encargará la transformación a Arturo Mélida, relevante arquitecto, escultor y pintor madrileño, autor, por ejemplo, de las pinturas de la fachada de la Casa de la Panadería en la Plaza Mayor. Este,). Se construirá una escalera más solemne, se establecerá la independencia estructural entre las zonas privadas para la familia y las profesionales para el desempeño de la actividad profesional de la Banca Bauer, y se crearán y decorarán lujosamente salones y nuevos espacios. Destacan, en la planta noble, la carpintería y la decoración de los techos de los salones de la crujía del jardín, pero en especial el salón de baile, decorado ricamente con mármoles, bronces, hornacinas de cerámica vidriada y pinturas murales.

En 1940 el edificio fue adquirido por el Estado con objeto de transformarlo en la sede del real Conservatorio de Música y Declamación. Entre 1940 y 1943 se realizaron importantes obras de reforma para adecuar las estancias, se sustituyó la gran sala de bailes por un salón de actos y se suprimió la escalera central. En 1952 también fue instalada en el palacio la Escuela de Arte Dramático y Danza, pero en 1966 ambas instituciones volvieron a sus antiguas dependencias del Teatro Real, al reabrir éste sus puertas tras un largo periodo de inactividad por reformas. El palacio quedó entonces sin destino alguno y empezó a mostrar crecientes síntomas de deterioro. Finalmente, en 1972 fue declarado Monumento Nacional y al año siguiente el arquitecto Manuel González Valcárcel se encargó de reformarlo con el fin de devolverle su aspecto original y sus decoraciones interiores. Desde entonces el palacio acoge las dependencias de la Escuela Superior de Canto y de la Sociedad de Amigos de la Música.






Palacio de Godoy

En el número 9 de la Plaza de la Marina Española, haciendo esquina con la calle de Bailen, encontramos uno de esos edificios de la ciudad con interesante historia pero que al no ser especialmente llamativo actualmente en su estética exterior pasa desapercibido para muchos paseantes. Me estoy refiriendo al Palacio Godoy, también conocido como Palacio Grimaldi o Palacio de los Ministerios (llegó a alojar simultáneamente en un tiempo la sede de varios de ellos) y que en la actualidad es sede del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.

Este edificio fue construido en 1776 según proyecto de Francesco Sabatini, quien como arquitecto real había recibido el encargo de Carlos III de construir en las cercanías del Palacio Real (por aquel entonces recientemente inaugurado como nueva residencia real) el Palacio de los Secretario de Estado, destinado a albergar al Primer Secretario de Estado o primer ministro y a varias de las dependencias administrativas ligadas a la función de este. El lugar elegido fue el solar situado junto al Colegio Convento de doña María de Aragón, hoy Palacio del senado, frente al Real Monasterio de la encarnación.

El palacio resultante fue un edificio sencillo y externamente de trazas clásicas madrileñas: Sobre basamento de piedra se elevan los muros de ladrillo visto en los que se abren, en rígida simetría, vanos y ventanas. El edificio que vemos hoy es resultado de diversas modificaciones que entre otras cosas redujeron parte de sus dimensiones (por ejemplo, se tiró buena parte de la fachada frente a los actuales Jardines de Sabatini para ensanchar la calle Baién). El interior, si bien muchos de los elementos decorativos se han perdido, está en cambio más estéticamente ornamentado, destacando sin duda arquitectónicamente la escalera de marmol de tipo imperial que arranca del vestíbulo porticado y, subdividiéndose en dos tramos perpendiculares, desemboca en el piso principal. Se conserva la disposición de los grandes salones, así como la mayor parte de las pinturas de sus techos, de motivos chinescos, neopompeyanos o paisajistas.

Como ya he comentado una de las denominaciones de este palacio es la que se le asocia al marqués de Grimaldi por ser éste el Secretario de Estado vigente cuando se finalizó la construcción, aunque en realidad él no llego a instalarse en el edificio pues fue destituido en 1777. Su sucesor, el conde de Floridablanca sí habitó el inmueble hasta 1792 (tras el fallecimiento de Carlos III había sido mantenido en el cargo por el nuevo rey Carlos IV). El Conde de Aranda, sucesor del anterior, reusó instalarse en él durante el ejercicio de su cargo, por lo que será ya el nuevo Secretario de Estado, Manuel Godoy, quien no sólo va a habitar el Palacio sino que va a comprárselo a la corona para convertirlo en su vivienda habitua. A raíz de ello el palacio experimentará diversas obras de ampliación y mejora. No sólo se introducen mármoles y maderas nobles, sino que se decoran techos y se embellecen estancias, especialmente con el aporte de la fantástica colección de obras de arte el "Principe de la Paz" posee. A modo de ejemplo recordemos que allí se colgaron pinturas tan sobresalientes como “La Venus del espejo” de Diego Velázquez, “La educación de Cupido” de Correggio o “La maja desnuda” y “La maja vestida” de Francisco de Goya, quien además pintó por encargo de Godoy cuatro pinturas alegóricas de formato circular, de las que actualmente se conservan tres en el Museo del Prado (la otra se ha dado por desaparecida).

En 1807 Godoy va a recibir como regalo del Ayuntamiento de Madrid el Palacio de Buenavista, en la actual Plaza de Cibeles (sede ahora del Cuartel General del Ejército de Tierra), edificio que hasta ese momento había pertenecido a los duques de Alba. Godoy procedió a hacer el traslado de domicilio y, aunque realmente no llego a habitar su nueva residencia, pues cayo pronto política y socialmente en desgracia, lo cierto es que pronto dejaría ya el Palacio del Marqués de Grimaldi. En 1808 Madrid va a ser ocupado por las tropas napoleónicas y Joaquín Murat, cuñado de Napoleón, decide en calidad de máxima autoridad militar de las tropas francesas acantonadas en la capital instalarse en nuestro palacio. Desde allí, este comandante con serias aspiraciones a ser proclamado rey de España (finalmente ya sabemos que Napoleón reservó dicho título para su hermano José Bonaparte y otorgó a Murat el de rey de Nápoles) vivió el levantamiento del pueblo de Madrid y fue desde allí desde donde gestionó la violenta represión acaecida durante el 2 y 3 de mayo.

El Palacio sufrirá durante la invasión napoleónica el expolio de las tropas francesas y, perdido buena parte de su antiguo esplendor. en los años sucesivos cambiará a menudo ya de finalidad como inmueble de uso público: Fue primero sede del Consejo del Almirantazgo, pasando en 1819 a albergar las dependencias de la Biblioteca Real; en 1826 se convirtió en sede de las Secretarías del Despacho de Gracia y Justicia, Hacienda, Guerra y Marina, hasta que un incendio en el edificio ocurrido el 29 de noviembre de 1846 aconsejó el traslado de estas dependencias, ya convertidas con el régimen liberal en Ministerios. Sólo quedaron en el edificio las dependencias del Ministerio de Marina, al que pocos años después se le agregarían las del recientemente creado Museo Naval (1844). El resto del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX siguió desempeñando funciones ministeriales, aunque en algunas ocasiones parte de sus habitaciones y salones recuperaron el lujo de tiempos pasados al convertirse en los alojamientos de las futuras reinas de España, María Cristina de Austria y Victoria Ana de Battenberg, antes de sus respectivas bodas con Alfonso XII -en segundas nupcias- y Alfonso XIII. En 1941 se decidió instalar en el palacio el Museo del Pueblo Español, donde se podían contemplar trajes regionales e históricos, así como productos y manifestaciones artísticas locales y populares. En 1977 se convertiría en el actual Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.
En 1962 fue declarado Monumento Histórico-Artístico y desde el 2000 tiene la consideración de Bien de Interés Cultural (BIC).

Para terminar, no quiero dejar de referir una curiosidad más relacionada con este palacio, y es que a día de hoy sigue conservándose íntegro el despacho que Manuel Godoy tuvo allí (no sólo la mesa y la silla, sino también la lámpara dieciochesca, el recubrimiento enmaderado en caoba de los muros, los adornos en paredes, la alfombra de la desaparecida Real Fábrica de Santa Bárbara, … ), pero no se conserva en el Palacio de la plaza de la Marina, sino en la planta noble del actual Cuartel general de la Armada situado en la confluencia entre el Paseo del Prado y la calle Montalbán. Pinturas y mobiliario fueron trasladados allí en 1929, pieza a pieza y respetando para la nueva ubicación las dimensiones y detalles de la estancia original. El despacho no está abierto al público y solo se abre actualmente para recepciones del más alto rango estatal.


Si sientes curiosidad por como es dicho despacho pincha en el enlace que te facilito correspondiente a una información publicada en su día por el ABC.

Casa-palacio de don Manuel González-Longoria

En la calle Juan de Mena, esquina con la de Ruiz de Alarcón, se encuentra la casa-palacio de don Manuel González-Longoria, uno de esos elegantes palacetes que la burguesía de finales del siglo XIX se hizo construir en el incipiente barrio de los Jerónimos que hacia 1865 empezó a configurarse cerca del Paseo del Prado, sobre los antiguos terrenos del que fuera Palacio del Buen Retiro.

González-Longoria, indiano de origen asturiano, fue miembro de diferentes consejos administrativos, diputado por el partido conservador entre 1879 y 1886 y senador vitalicio desde 1891. Además, a través del matrimonio de sus hijas, emparentó con la nobleza y obtuvo en 1895 para su hijo el título de marqués de la Rodriga. Este último heredará el inmueble en 1912 y unos años después, puesto que había fijado su residencia en Oviedo, decide  poner a la venta el edificio, siendo adquirido en 1925 por el Colegio de Notarios de Madrid. 

El diseño de la casa data de 1888 y es obra del arquitecto José Marañón Gómez-Acebo (autor también, por ejemplo, del Hospital Central de la Cruz Roja, en la Avda. Reina Victoria, quien se ajustará al objetivo demandado por González-Longoria de disponer tanto de una residencia familiar como de un lugar de trabajo, obteniendo además una rentabilidad económica adicional con la construcción en la finca de varias viviendas para su arrendamiento. Así, el interior del edificio está organizado en dos zonas, con accesos independientes. La primera zona, con portal y entrada por la calle Ruiz de Alarcón (actualmente zona de oficina del Colegio Notarial de Madrid), fue la destinada a arrendamiento y contaba con dos viviendas en las plantas segunda y tercera, y un estudio de artista en la buhardilla, comunicadas por una escalera interior que era también usada para el servicio de los González-Longoria. Su semisótano disponía también de acceso propio y directo desde la calle Ruiz de Alarcón, siendo utilizado como local. La segunda zona del edificio, más suntuosa, tenía su entrada por la calle Juan de Mena y correspondía a la parte destinada a la residencia y las oficinas de los González-Longoria. Es está parte del edificio la que resulta más interesante y la que se puede visitar de forma guiada en el marco del programa "¡Bienvenidos a palacio!" organizado anualmente por la Comunidad de Madrid.

En el espacio del “postportal” descendían los ocupantes de los carruajes que accedían al interior del edificio. La escalera situada a la derecha comunicaba directamente con el despacho de González-Longoria y las oficinas, mientras que la de la izquierda con la residencia. Esta segunda escalera era más noble, y contaba con dos tramos hasta el piso principal y a partir de ese nivel con doble ramal. Ambas escaleras son de mármol.


La planta principal es de estilo palaciego y conserva actualmente parte de su mobiliario original. En ella encontramos el vestíbulo, salón dorado, el salón chinesco y el comedor de gala y la biblioteca (hoy reconvertida en ampliación del salón de actos del Colegio).