Guadalix: Cascada del Hervidero y Canal del Mesto

No sólo la flora imprime a los campos de la Comunidad de Madrid matices que invitan a visitarlos en diversas épocas del año, también los ríos, con sus importantes variaciones de caudal, introducen en el paisaje por el que discurren variables que animan al paseo por las veredas de sus márgenes en diferentes épocas. En estos días, tras las copiosas lluvias generalizadas y la acumulación de nieves en las cumbres, los ríos serranos de nuestra Comunidad bajan especialmente caudalosos, aportando con su discurrir bravío ese plus de belleza visual y sonora que acompaña la presencia de rápidos y pequeños y grandes saltos de agua.

Cerca de la población de San Agustín de Guadalix el río Guadalix nos ofrece una de esas cascadas que estos días merece la pena visitarse por su espectacularidad. Hablo de la cascada del Hervidero, accesible en un paseo senderista relativamente sencillo, aunque eso sí, sin olvidar la lógica prudencia y cumpliendo las recomendaciones básicas asociadas a todo paseo senderista por el campo.

El río Guadalix nace en la sierra de la Morcuera y desemboca en el río Jarama a la altura del término de San Sebastián de los Reyes. Es pues un río que en sus 33 kilómetros de longitud discurre íntegramente por la Comunidad de Madrid, siendo sus aguas retenidas en su recorrido dos veces, primeramente en el embalse de Miraflores y luego en el de Pedrezuela (también llamado de El Vellón). Desde este último parte del agua embalsada es trasvasada a través del llamado canal de El Vellón hacia el canal de El Atazar para el suministro de la ciudad de Madrid. Además del mencionado canal de El Vellón, el río Guadalix cuenta por su otra margen con otro canal, llamado canal del Guadalix o canal del Mesto, que enlaza las aguas del río con el denominado Canal Bajo que también aporta agua a Madrid.

El trazado de este canal del Mesto pasa próximo a la zona de la cascada del Hervidero y si deseas ampliar el paseo campero hoy propuesto es una opción muy recomendable, pues te permite descubrir no sólo algunas de las construcciones de esta obra de ingeniería hidráulica sino también disfrutar del paisaje del cañón del Guadalix. Y para animarte a emprender el paseo veamos seguidamente un poco de la historia asociada a la construcción de este canal, historia íntimamente ligada a la de los comienzos del Canal de Isabel II y los esfuerzos por abastecer de agua a la capital.

Hasta el siglo XIX Madrid sobrevivió a sus necesidades de abastecimiento de agua explotando los numerosos acuíferos subterráneos existentes en sus alrrededores y extendiendo desde ellos a la ciudad toda una red de “viajes de agua”. Estas construcciones, implantadas originalmente por los primeros pobladores árabes, consistían en esencia en la creación de una hilera de pozos unida por una galería subterránea que llegaba hasta la ciudad como si de ríos bajo tierra se tratase, finalizando su recorrido generalmente en caños de fuentes públicas para abastecimiento de vecinos y aguadores, aunque también existían ya algunos caños de uso privado con salida en palacios, hospitales, conventos, albercas para campos de cultivo, etc.

Pero entrado el siglo XIX, con una población en rápido crecimiento y con hábitos sociales que demandan un mayor suministro de agua y que esta llegue hasta las viviendas, va urgiendo la necesidad de buscar nuevas soluciones que pasarán necesariamente por tratar de canalizar hacia la ciudad el agua de alguno de los "grandes" ríos medianamente próximos, pues el Manzanares nunca fue la solución por su bajísimo caudal. Diversos proyectos asociados fundamentalmente con los cauces de los ríos Jarama, Guadalix y Lozoya son sometidos a análisis de viabilidad técnica y presupuestaria, aprobándose finalmente el 18 de junio de 1851, siendo reina de España Isabel II, la creación de un canal desde el Lozoya. Dicho canal, en honor a la soberana, promotora en buena medida de la aprobación final del proyecto, llevaría el nombre de Canal de Isabel II. Ese mismo año se inician las obras, que incluyen como parte del proyecto la construcción del Pontón de la Oliva (1851 – 1857) para embalsar las aguas del río Lozoya y hacer desde allí el trasvase. En 1858 se culminas las obras y tras la solemne inauguración del 24 de junio el agua del Lozoya llega a la capital (para la ocasión se construyó una fuente provisional en el solar del cuartel de Monteleón, en la calle Ancha de San Bernardo, a la altura de la iglesia de Montserrat, del que brotaba un gran chorro vertical que en la época se definió como "un río puesto en pie"). Como curiosidad decir que el pilón de esta fuente pasó dos años después a la Puerta del Sol, luego a la Glorieta de Cuatro Caminos y actualmente es el que puede verse a la entrada de la Casa de Campo por el puente del Rey, frente al Palacete e los Vargas.


La alegría de aquella traída de agua va a verse pronto matizada, pues el proyecto se constata ese mismo año que “hace aguas”. Las filtraciones que se presentaban en el terreno donde se había construido el embalse del Pontón de la Oliva son de tal magnitud que, en las épocas de estiaje del río, el nivel del agua en esta presa descendía por debajo de la cota del canal de salida, haciendo imposible el aprovechamiento de las aguas del embalse. Como solución de emergencia, en el año 1859 se construyó en pocos meses, entre febrero y julio, un pequeño canal de sección rectangular de 0,42 por 0,55 metros que desembocaba en el canal Bajo. Este canal tomaba el agua unos 4 kms aguas arriba del Guadalix de un pequeño azud de 4 m. de altura y 26 m de longitud (el término azud es de origen árabe y hace referencia a una barrera, una presa de pequeño tamaño) y desde él un canal que partiendo del río Guadalix, permitían introducir el agua que fluía por este río en el canal cuando el agua del Lozoya escaseaba. Años después, con la construcción en el Lozoya de la pequeña presa de Navarejos (1860) y sobre todo de la Presa del Villar (1873 – 1882) el problema del Pontón de la Oliva quedó subsanado y el canal del Guadalix primigenio quedó sin uso. El canal apenas era capaz de conducir 110 l/s, pero ayudó a paliar los problemas existentes hasta la construcción del embalse de El Villar.

En 1906 se efectuaron nuevas obras sobre el canal del Guadalix que había caído en desuso. El objetivo era utilizarlo como vía de abastecimiento de la capital durante las obras que había que efectuar en algunos tramos del canal primitivo y que implicaban el corte del mismo. Para ello se construyó en la zona donde estaba el antiguo azud, una presa algo mayor a la que se denominó Azud de El Mesto y también un nuevo canal que siguiendo en parte el trazado del anterior enlazaba con el Canal Bajo. El canal cumplió su cometido, aunque no podía utilizarse en verano pues el azud no tiene capacidad de almacenamiento de agua y el caudal del río en esta época es muy bajo. Por ello se proyectó la construcción de un embalse aguas arriba, obra que no se ejecutó hasta 1967, año en que se puso en servicio el denominado inicialmente embalse de El Vellón, que más tarde se denominó Embalse de Pedrezuela. Con la construcción de este embalse el azud quedó en desuso, aunque se encuentra todavía operativo.

Te animo a que visites tanto la cascada del Hervidero como el trazado hidráulico del canal del Guadalix. En el enlace que facilito al pie de esta entrada de blog puedes ver una ruta senderista que recorre ambos lugares. Se trata de una ruta que parte de la población de San Agustín de Guadalix y en un primer tramo, siguiendo la ribera del río en dirección ascendente nos acerca, tras pasar por instalaciones del denominado Canal Bajo de Isabel II, a unos pequeños pero vistosos saltos de agua en la conocida como zona del Charco del Aliso (el aliso es un árbol abundante en el lugar). Más adelante encontraremos la espectacular cascada del Hervidero.

Una vez vista la cascada, la ruta propuesta nos exige ascender una corta pero empinada pendiente para alcanzar la llamada Senda del Mesto. Dicha senda discurre, ya en suave pendiente, sobre el trazado mismo del Canal del Guadalix (veremos varios respiraderos y algunas construcciones más durante el recorrido, así como varios viejos túneles en las rocas del cañón por los que pasó en su día el canal primitivo).

El camino hasta la presa del Azud del Mesto discurre en todo momento a bastante altura respecto al río, lo que nos permite contemplar bien el paisaje de la zona y descubrir más construcciones hidráulicas de canalización, como el acueducto del Zegrí que se divisa al fondo y que forma parte del canal que desde el embalse del Vellón trasvasa agua al canal del Atazar. Tras visitar la antigua presa de Azud del Mesto propongo emprender el camino de vuelta, aunque la ruta descrita se prolongue un poco más.


Puedes ver la descripción detallada del recorrido propuesto pulsando aquí.

Exposición temporal: "Gerardo Contreras. La mirada amable"


En la Sala El Águila (c/ Ramírez de Prado, 3) puede verse hasta el 15 de mayo la exposición “Gerardo Contreras. La mirada amable, una pequeña retrospectiva de imágenes captadas por este reportero fotográfico en Madrid desde la posguerra hasta los años sesenta de mediados del siglo XX.

Gerardo Contreras Saldaña, nacido en La Coruña en 1902, comenzó su carrera profesional con catorce años en el diario La Tribuna, primero como ayudante y más tarde como fotógrafo. Se asoció con Alejandro Vilaseca para formar la Agencia Contreras y Vilaseca. En 1926 fueron contratados por la Compañía Telefónica Nacional de España, junto a otros fotógrafos como Marín, Alfonso, Gaspar y Claret, para documentar las actividades de esta nueva empresa. Además, la agencia suministró fotografías a las revistas Estampa y Semanario Gráfico As, y al periódico ilustrado Ahora. Contreras fue también uno de los miembros fundadores en Madrid de la Unión de Informadores Gráficos de Prensa, que se crea en 1934 para la defensa de los derechos de los reporteros gráficos en el ejercicio de su profesión, siendo durante dos años y medio, hasta el levantamiento militar de julio de 1936, el organismo encargado de regular la actividad de los fotógrafos de prensa vinculados a los principales diarios, revistas y agencias con sede en la capital.

La Guerra Civil Española supuso la incautación y posterior desaparición de estas publicaciones y la disolución de la Agencia Contreras y Vilaseca. Al finalizar la contienda Gerardo Contreras, afín a la causa de los sublevados, comenzó a trabajar con las revistas Destino y Fotos, así como especialmente con el oficialista diario Arriba. Su buena relación con el régimen le posibilito estar incluso acreditado para trabajar en el Palacio de El Pardo.

A lo largo de su carrera Contreras obtuvo numerosos e importantes premios, entre los que destacan el Premio Nacional de Periodismo en la categoría de Periodismo Gráfico por su fotografía “Visita de los astronautas del Apolo XI” en 1969 (no incluida en la muestra actual), o el premio Rodríguez Santamaría con el que le galardonó la Asociación de la Prensa de Madrid.


En el año 2016 la Comunidad de Madrid compró a los herederos del fotógrafo, fallecido en 1971, centenares de negativos en nitrato o acetato de celulosa, placas de vidrio y cajas de positivos, a fin de garantizar la conservación del importante legado fotográfico y dejarlo custodiado en el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, que desde el año 2003 tiene su sede en la antigua fábrica de cervezas El Águila, lugar en el que se integra también la sala de exposiciones que acoge la muestra de la que hoy hablo, y que sin duda es uno de los más importantes ejemplos de la arquitectura industrial madrileña de principios del siglo XX.


La exposición que invito a visitar nos muestra 77 fotografías agrupadas en diversos temas, resaltándose en unas instantáneas la visión más periodística noticiable y en otras centrándose más el enfoque en aspectos costumbrista. Así y por citar sólo algunos ejemplos, encontramos imágenes del primer incendio de los Almacenes Arias, del desbordamiento del lago de la Casa de Campo en 1966, de la visita a Madrid de artistas de fama internacional (Cary Grant en La Castellana, Orson Welles en los toros, o Sofía Loren en Chicote), edificios y elementos de la ciudad hoy desaparecidos (como el Circo Price, el estadio Metropolitano, o el Scalextric de Atocha), así como detalles de la cotidianidad ciudadana de aquellos tiempos, como un grupo de operarias cosiendo sombreros en su taller, una secretaria escribiendo a máquina o las larga cola de personas listas para coger el autobús. Imágenes en definitiva de un Madrid que ya se fue pero cuya memoria no debe perderse.


La exposición es de entrada libre, existiendo adicionalmente la posibilidad de apuntarse a hacer en grupo un recorrido teatralizado por la misma, que debido al tono simpático que imprime el actor, añade al visitante un plus de esa "mirada amable" objetivo de la muestra. Si te interesa consulta la información que se suministra en la web de la sala de exposiciones.




Quijorna

A unos 40 kms de Madrid capital, dentro de la comarca de la “Cuenca del Guadarrama” pero ya en su límite con la llamada “Sierra Oeste”, se encuentra la población de Quijorna, municipio que junto a algunas de sus poblaciones vecinas, fue escenario protagonista de una de las más cruentas batallas que se libraron durante nuestra pasada Guerra Civil: “La Batalla de Brunete”. La ofensiva del ejército Republicano primero y sobre todo la contraofensiva posterior de los Nacionales que bombardearon profusamente Quijorna redujeron el pueblo a un montón de escombros. Todas las edificaciones quedaron destruidas y fue necesario, ya en la posguerra, reedificar nuevamente todo el pueblo para que sus gentes pudieran volver a habitar las que fueron sus casas.

Hoy quiero desde aquí animaros a visitar Quijorna, no tanto para descubrir aspectos relevantes en su casco urbano, pues realmente no tiene atractivos especialmente destacables más allá de su reconstruida iglesia (de la originaria del s. XVI sólo quedó en pie el ábside y los cuerpos inferiores de la torre) y el populoso restaurante El Águila, con su afamado cocido de los miércoles al increíble precio fijo de 7 €, sino porque en su entorno podemos descubrir un interesante espacio natural en el que persisten además varios elementos históricos de interés.

Empezaré por señalar, pues será el camino que seguiremos en su dirección hacia Valdemorillo, que por Quijorna pasa la Cañada Real Segoviana, antigua vía pecuaria de alrededor de 500 km de longitud que desde La Rioja a tierras de Badajoz atravesaba el centro de la Península Ibérica entrando en la Comunidad de Madrid por el Puerto de Somosierra y saliendo por Navalcarnero. Testimonio del trazado de esta cañada es, además del cartel actual indicativo de Vía Pecuaria, la presencia en el recorrido de algunos antiguos mojones de piedra instalados en la segunda mitad del siglo XVIII que marcaban el camino de trashumancia. Siguiendo nosotros la pista de tierra de esta vieja cañada encontraremos, además de algún mojón de los antes señalados, otro mojón curioso que destaca por su tamaño y por las marcas que tiene grabadas en su piedra. Se trata de una señalización de 1793 indicativa de que aquellas tierras formaban parte de un Coto Real para la caza menor, que estuvo adscrito al señorío del Castillo de Villaviciosa de Odón.

La flora visible en nuestro recorrido es variada, abundando especialmente las encinas, quejigos, matorrales y pastizales. Entre la fauna destacan los conejos, cuyas madrigueras se observan en las lindes del camino, y sobre todo las aves (la dehesa municipal es zona ZEPA, es decir, Zona de Especial Protección de Aves). Podremos descubrir por ejemplo perdices, águilas, cernícalos, etc.

Avanzando en nuestro recorrido descubriremos poco después, a unos 3,5 kms del pueblo, en el denominado lugar de Vetago, un área con abundantes antiguas caleras. Las caleras, u hornos de cal, son construcciones en las que se cocía a temperatura de más de 1000 grados la piedra caliza extraída de las canteras cercanas para obtener el óxido de calcio, es decir la cal. De estas caleras se sabe que se surtió material ya en 1566 para las obras del Monasterio del Escorial y que también aportaron su cal, por ejemplo, para la construcción en el s. XVIII del Puente de Toledo en Madrid. La abundancia de caleras que hubo en Quijorna explica incluso según dicen el nombre del municipio, pues “jorna” se asocia a la palabra “horno” y “qui” derivaría de “quinientos”, indicativo de que había muchos (hay estudiosos del tema que asocian el “qui” más con una de las especies arbóreas predominantes en la zona como es el quejigo).

Las caleras de la zona se corresponden a la clasificación de horno de cuba con bóveda efímera, estando construidas con mampostería de rocas del entorno trabadas con cal y recubiertas en su interior, de unos tres metros de diámetro, con arcilla refractaria. La parte inferior del horno se encuentra excavada en el suelo para evitar al máximo las pérdidas de calor. Como combustible se utilizaba la leña del entorno, principalmente jaras y retamas, lo que llegó a despoblar de estas variedades una gran extensión de tierra. Actualmente, de las en torno a 12 caleras que hubo en Vetago pueden verse restos de bastantes de ellas, así como de las canteras anejas de donde se sacaba la piedra y de la zona de escombrera donde se arrojaban los restos quemados (terreno negruzco). De entre todos los hornos hay uno que se mantiene en bastante buen estado y al que podemos acercarnos tomando una pequeña desviación del camino tal como se indica en la descripción de la ruta. Este horno, visible en la distancia por su forma de botella puesta en pie, mantiene su techumbre de ladrillo abovedada con un gran hueco para la salida de humos. Aparte de su boca de acceso, por donde se cargaba el combustible, hay varios respiraderos para el control de la combustión.
A mediados del siglo XVIII se inicia el declive productivo de la cal en la zona y hacia finales del XIX las caleras de Vetago prácticamente están ya todas abandonadas. ¡ Ojalá no se dejen perder los restos aún existentes !

Tras la visita a las canteras, continuamos por la pista en dirección noreste hacia el Cerro del Castillejo, desviándonos a la derecha para contemplar los restos de otro horno de cal y, en lo alto, un bunker de la Guerra Civil con amplia visibilidad sobre el área de caleras que antes habíamos visitado. En sus alrededores se pueden observar los restos de las trincheras excavadas en zigzag, para evitar en la medida de lo posible los ataques aéreos y que facilitaba el acceso a los fortines existentes en la zona. Como ya señalé, en terrenos de esta localidad tuvo lugar parte del enfrentamiento de la llamada Batalla de Brunete, desarrollada desde el 6 hasta el 25 de julio de 1937 durante la Guerra Civil Española, ofensiva lanzada por el ejército de la República con el objetivo de disminuir la presión ejercida por las fuerzas sublevadas sobre Madrid y al mismo tiempo de aliviar la situación en el Frente Norte Peninsular.

En nuestro recorrido por esta zona descubriremos otros restos de aquella contienda, como las ruinas del que fue un puesto de mando con un bien conservado refugio antiaéreo y más adelante, en un corto desvío a la derecha, la sorprendente cueva construida por los soldados republicanos a pico y pala para ser utilizada como cuartel y refugio antiaéreo. Te recomiendo que no olvides llevarte en este paseo una linterna si quieres admirar el trabajo que debió suponer crear esta cueva. Sorprende la gran cantidad de galerías que salen a derecha e izquierda de la principal. Toda una maravilla, por suerte en perfecto estado de conservación, que sirve ahora como morada de algunos pequeños murciélagos.

Retomamos nuestro camino que empieza a ascender hacia la cima de El Madroñal, con magníficas vistas de la planicie y de la sierra. Arriba, dejando a nuestra derecha una chimenea sifón de la conducción del embalse de Picadas a Majadahonda, tomaremos el camino de regreso al pueblo por la parte alta del monte. Pasaremos por el llamado Alto de los Llanos, en cuya cima se encuentran las ruinas de lo que fuera el Cuartel de Mando del ejército republicano. Un poco más adelante, encontramos el vértice geodésico de este cerro marcándonos que estamos a 746 metros de altitud. Siguiendo nuestro camino descubriremos, amenazando desde la altura al pueblo de Quijorna, los restos de un nido de ametralladora. Desde esta cima ya sólo nos resta descender y adentrarnos en el pueblo para dar por finalizada nuestra ruta de hoy. Si te animas a realizarla seguro que la disfrutarás.

Puedes encontrar la descripción del itinerario propuesto pulsando aquí.

Vía verde del río Alberche. Embalse de Picadas

La Comunidad de Madrid cuenta con diversas vías verdes, es decir, antiguos trazados de líneas ferroviarias que han sido reconvertidos, con mayor o menor intervención, en rutas aptas para ser recorridas sin peligro por senderistas y ciclistas. Una de estas vías verdes es la que discurre junto al río Alberche y que en un cómodo recorrido de unos 7 kms de longitud nos acerca desde prácticamente el pie de la presa del embalse de San Juan hasta el dique del embalse de Picadas, siguiendo el trazado de la que fue fallida línea Madrid-Arenas de San Pedro. La ruta es sencilla y puesto que atraviesa un entorno natural muy agradable te la recomiendo desde aquí, animándote también a que sigas leyendo esta entrada del blog y conozcas algo de la historia de dicha vía ferroviaria y del embalse que nos acompañará en el recorrido.

El tren como medio de transporte de personas y mercancías experimentó un gran auge durante la segunda mitad del siglo XIX (recordemos que en España el primer trayecto, Barcelona-Mataró, se inauguró en 1848). Numerosas líneas ferroviarias se fueron construyendo en nuestro país impulsadas por diversas compañías que posteriormente el Estado concentraría bajo su tutela, líneas que como ocurre con la que nos ocupa, se proyectan inicialmente en ocasiones de forma aislada, sin conexión funcional con el resto de la red general. Así, la decisión de instalar una línea de ferrocarril de vía estrecha entre Madrid y Arenas de San Pedro partió de un proyecto planteado por el Ministerio de la Guerra allá por 1891, y que posteriormente se verá modificado en 1927 a fin de aprovechar para su trazado parte de otra línea ya existente y en funcionamiento, la que unía Madrid con Almorox (Toledo).

Dicha línea partía en Madrid de la hoy desaparecida estación de Goya, situada en la zona de Puerta del Ángel próxima al Puente Segovia. Esta estación, que algunos recordamos fundamentalmente porque junto a las de Delicias, Norte (Príncipe Pío) y Mediodía (Atocha) formaban el cuarteto de casillas cardinales del juego de mesa Monopoly, se llamó de Goya por construirse en terrenos próximos a la que fue Quinta el Sordo, residencia última del artista aragonés antes de su marcha definitiva a Burdeos y en cuyos muros estampó sus famosas Pinturas Negras. Desde dicha estación y atravesando la zona de Cuatro Vientos, Móstoles, Villaviciosa y Navalcarnero se llegaba a Villamanta, en donde se fijó la desviación del ramal hacia Arenas siguiendo el trazado que por allí marcaba el río Alberche.

Pero este ramal operativamente nunca llegó a funcionar. Hacia 1934 el tramo entre Arenas de San Pedro y Casavieja ni siquiera se había comenzado y del resto, aunque muy avanzada la construcción, sólo llegaron a tenderse vías en el tramo entre San Martín de Valdeiglesias y Pelayos (cuentan que llegó a trasladarse una locomotora hasta San Martín  y que se realizó un viaje inaugural con autoridades civiles y militares ente ambas poblaciones, pero que todo quedo sólo en eso y no hubo más viajes ni trenes). Poco después de aquello llegó la Guerra Civil y la línea sufrió importantes destrozos, que la llevaron, pese a algún pequeño intento de recuperación infructuoso, a su abandono definitivo, quedando hoy para el recuerdo algunas edificaciones y el trazado ahora reconvertido en vía verde.

En lo que respecta al embalse de Picadas señalaré que fue construido en el año 1952 sobre el mismo cauce del Alberche, río que en su paso por la Comunidad de Madrid es retenido dos veces, primero en el embalse de San Juan y luego en el de Picadas, así llamado porque el dique de presa se encuentra en el paraje conocido como Las Picadas, próximo ya a Aldea del Fresno. El embalse, con una superficie de 92 hectáreas está encajado en una larga y estrecha franja de terreno que sigue el cauce natural del río, rodeada a ambos lados por extensos bosques de pinos piñoneros.

El pantano de Picadas se utiliza para la obtención de energía hidroeléctrica, riego y abastecimiento de agua potable. De él parten los canales del Trasvase Picadas-Toledo, que abastece de aguas a la comarca toledana de La Sagra y los del Transvase Picadas-Valmayor que abastece el área madrileña.

Para acceder al comienzo de la ruta de esta vía verde debemos entrar por una pequeña pista que, poco antes de llegar a Pelayos de la Presa, sale según venimos por la M-501 de Madrid a la izquierda, después de cruzar el Alberche por el puente de San Juan. El camino baja a un área recreativa a orillas del embalse donde aparcaremos nuestro vehículo. Desde el aparcamiento y tras una pequeña subida alcanzaremos la plataforma ferroviaria. Ya sólo queda seguir el margen del pantano hasta la presa. No hay pérdida. Como señalé, son siete kilómetros de ida y otros tanto de vuelta en agradable y cómodo paseo, pero si no te importa andar algo más, te sugiero complementes el trayecto incorporando al mismo un pequeño recorrido por los espléndidos pinares de la zona, paseo que además te permitirá obtener unas buenas vistas de todo aquel entorno natural.

Si te interesa la propuesta puedes ver el recorrido pinchando aquí.



Parque Lineal del Manzanares

Pese a que Madrid no cuente como otras capitales europeas con un río grande y caudaloso (ingeniosas y conocidas son las sátiras que sobre el Manzanares hicieron Quevedo: “Manzanares, aprendiz de río”, o Tirso de Molina: “Como Alcalá y Salamanca tenéis, y no sois colegio, vacaciones en verano y curso sólo en invierno”), muchos madrileños hemos redescubierto el placer de pasear por sus márgenes, no sólo en el tramo puramente urbano del parque Madrid Río, sino algo más allá.

Puesto que en una entrada anterior de este blog ya hablé de Madrid Río y llegamos en nuestro paseo hasta la altura de Legazpi, sugiero ahora que sigamos al Manzanares en su recorrido descendente y nos adentremos en el denominado Parque Lineal del Manzanares, amplio espacio natural de unos 20 kms de longitud que se extiende desde el cruce del río con la M30 hasta la desembocadura del Manzanares en el Jarama, allá en el término municipal de Rivas-Vaciamadrid. Al ser la distancia de extremo a extremo amplia, la bicicleta es el medio más usado por quienes la recorren, pero también es interesante recorrerla a pie si te atrae el senderismo.

El Parque Lineal está organizativamente estructurado en tres tramos:

  • Tramo 1: El comprendido entre el final de Madrid Río, pasado Legazpi, hasta el nudo Supersur de la M-40. Comprende el Parque del Manzanares Sur y los aledaños de la instalación deportiva "La Caja Mágica".
  • Tramo 2: Se extiende desde donde finaliza el anterior tramo hasta el límite del municipio de Madrid con el de Getafe, a la altura de Perales del Río. Recorre una zona sin urbanizar, ocupada en parte por huertos y tierras de cultivo.
  • Tramo 3: Enlaza el espacio anteriormente descrito con el Parque Regional del Sureste, prolongándose hasta la desembocadura del Manzanares en el río Jarama, cerca de Rivas Vaciamadrid.
Empecemos nuestro recorrido: Siguiendo el río en dirección sur abandonaremos Madrid Río sobrepasada la zona de Legazpi y tras pasar bajo el puente de las vías del tren, y antes de llegar al circuito municipal de ciclocross, cruzaremos al otro lado de la M30 por la pasarela peatonal existente. Continuando el camino, llegaremos unos seiscientos metros más adelante a la entrada del Parque de Manzanares Sur, también conocido por algunos como Parque Bofill por ser este arquitecto el autor del proyecto de construcción del mismo en 2003, recuperando como agradable espacio de esparcimiento y paseo una zona anteriormente ocupada por infraestructuras de saneamiento y abastecimiento eléctrico.

Entre los lugares de interés del parque destacan el Paseo de los Sentidos, -eje peatonal compuesto por cuatro plazas, el laberinto, el umbráculo y dos fuentes ornamentales-, el estanque de aproximadamente 1000 metros cuadrados, y la Atalaya, mirador de 21 metros de altura en cuya zona más alta se encuentra la Dama del Manzanares, escultura en bronce y acero de 13 metros de altura y 8 toneladas de peso realizada a partir de un diseño del artista valenciano Manolo Valdés. Como curiosidad reseñar que tanto el montículo de la Atalaya, como el otro existente detrás de la zona deportiva y que constituyen excelentes miradores de Madrid y sus alrededores, son realmente montañas artificiales, hechas a partir de escombreras.

Continuamos nuestro recorrido de acompañamiento al río Manzanares en su encuentro con el Jarama y abandonamos el Parque Bofill para tomar el camino asfaltado que discurre junto a la margen derecha del rio. El cauce del Manzanares, que en Madrid Río se veía artificialmente canalizado entre paredes de hormigón, tiene en este Tramo 1 una apariencia natural que sin lugar a dudas resulta más agradable, y eso que allí, a la otra orilla, la depuradora de La China nos regala a menudo con algunos aromas no del todo gratificantes. En este tramo de nuestro recorrido pasaremos junto a la Caja Mágica, recinto multifuncional para fines deportivos (tenis fundamentalmente) diseñado por el arquitecto Dominique Perrault. Poco después alcanzaremos el Nudo Supersur en el que varias carreteras se concentran y que nuestro camino cruza por debajo de varios puentes.

La concentración de nudos de carreteras y de vías férreas, la presencia de varias estaciones depuradoras y eléctricas, así como el descubrimiento de antiguas escombreras y diversos asentamientos irregulares nos recuerdan que durante muchos años, toda esta zona sur de la Comunidad de Madrid próxima al río no contó con los cuidados ambientales y de conservación del patrimonio que hubiesen sido deseables, y que aunque poco a poco parece que se van haciendo cosas para corregir desmanes y recuperar el río y sus riberas, todavía hay por delante bastante trabajo que hacer.

Pasado el Nudo Supersur nuestro recorrido se adentra en el Tramo 2 del Parque Lineal en el que, poco a poco, iremos alejándonos de la línea de casas del distrito de Villaverde. El paseo junto al río es agradable y vemos como en la zona se están haciendo trabajos de reforestación para recuperar amplios espacios de terreno que sin duda contribuirán, cuando esos plantones arbóreos crezcan, a crear una barrera visual que facilite aún más la sensación de alejamiento de los núcleos urbanos. Tras rebasar un par de pequeños huertos nos apartaremos del camino asfaltado junto al río (poco más adelante finaliza su trazado) para tomar otro de tierra próximo al trazado de la vía del tren AVE, vía que cruzaremos más adelante por una pasarela para continuar nuestro recorrido junto al cortado de la montaña. Todo nuestro camino coincide con el llamado Camino de Uclés que está profusamente señalizado, por lo que no tendremos pérdida si seguimos las marcas.

Toda la zona de la vega del Manzanares tuvo una gran importancia durante la Guerra Civil Española, pues fue escenario parcial de dos grandes batallas, la Batalla de Madrid y la Batalla del Jarama. De aquellos trágicos acontecimientos son visibles actualmente numerosos vestigios en la zona, especialmente los correspondientes al importante frente de defensa que allí mantuvo el ejército republicano, pues instalado en la zona de la montaña que domina la vega, excavaron allí kilómetros de trincheras a lo largo de los cerros que claramente son visibles si alzamos nuestra vista, así como también lo son el gran número de cuevas existentes que se usaron como refugios y paramentos de vigilancia y disparo.

Pero el valor histórico de esta zona no se reduce a recordarnos nuestra Guerra Civil. Mucho antes esta zona fue testigo también de otro hecho relevante: El intento de dar a Madrid una salida navegable al mar. Me refiero al proyecto del Canal del Manzanares iniciado en tiempos de Carlos III y al que me referí en este blog cuando abordé el tema de la Presa del Gasco. El camino por los tramos 2 y 3 del Parque Lineal sigue en buena parte el trazado de lo que fue este canal, que llegó realmente a ser mínimamente navegable hasta la décima esclusa (la mejor conservada actualmente). Dicha esclusa, junto a la novena, fueron creadas ya en el reinado de Fernando VII y fueron las últimas, puesto que el proyecto se abandonaría poco después. Hoy nos quedan algunos restos de aquel sueño y sería bueno que no se dejasen perder del todo pues son parte de nuestra historia.

Algunas pequeñas explotaciones agrícolas y zonas de coto nos acompañan en el recorrido por los tramos 2 y 3. También nos acompaña la presencia en la zona de multitud de cigüeñas y otras aves, así como de conejos cuyas madrigueras horadan las tierras áridas de la zona más de monte.

El cortado de la montaña que nos acompaña a nuestra izquierda empieza a descender y Rivas-Vaciamadrid se ve al fondo. Estamos llegando al final de nuestro recorrido. El Centro Nacional de Protección Civil es una de las edificaciones que nos recibe y ya sólo nos queda seguir la carretera hasta Rivas.

Recomiendo sin duda el recorrido propuesto y animo a los responsables que corresponda de la Comunidad de Madrid a que en la medida que sea posible mejoren ambientalmente este espacio limpiando áreas degradadas que aún persisten, asentando algunos tramos del camino, manteniendo y potenciando la flora y fauna autóctona, y conservando el patrimonio cultural e histórico. También todos los que en bicicleta o andando recorremos este espacio natural tenemos la obligación de contribuir a su conservación. ¡Merece la pena!

Si deseas ver con detalle el recorrido por el Parque Lineal del Manzanares pulsa aquí.

Presa del Gasco

La Presa del Gasco simboliza el fracaso de un sueño de dimensiones faraónicas: Dotar a Madrid de una salida navegable al mar.

En buena parte de Europa y motivados por la necesidad de establecer dentro de cada uno de los países vías de comunicación rápidas para el transporte de mercancías y personas, se impulsó durante los siglos XVII y XVIII, junto a la mejora de los caminos existentes, la construcción de canales por los que poder desplazar barcazas (la llegada del ferrocarril a comienzos del siglo XIX supondrá, por su mayor eficiencia, la paralización definitiva de nuevos grandes proyectos de canalización fluvial). Así por ejemplo, y por destacar uno de los primeros y más importantes canales que por entonces se construyeron en Europa, vemos como en la Francia de Luis XIV se cloncluye en 1681 el Canal de Midi (originariamente denominado Canal Real de Languedoc) que posibilitaba la unión del Océano Atlántico con el Mar Mediterráneo en una colosal obra de ingeniería, la cual sin duda estuvo en la mente soñadora de los nuevos monarcas españoles de la casa de los Borbones que a partir del 1700 se consolidan en la corona de España, y que van a intentar promover en nuestro país proyectos similares como el que aquí voy a referir.  

Aunque la idea de interconectar algunos de los grandes ríos del país para facilitar las comunicaciones viene de antaño y ya desde Felipe II se conocían varios proyectos que por problemas técnicos y económicos nunca llegarían finalmente a materializarse, será en las postrimerías del siglo XVIII, bajo el reinado de Carlos III, cuando España va a sumarse a la corriente de la construcción de grandes canales, incluyendo el intento de materializar incluso el sueño de dotar a la centralista capital del reino de una salida fluvial al mar.

El primer paso a dar será intentar hacer navegable el Manzanares hasta su encuentro con el Jarama, para luego poder llegar a través de este hasta el Tajo a la altura del Real Sitio de Aranjuez, dejando con ello comunicados las dos grandes residencias reales. A tal fin se comenzó a construir, a lo largo de lo que hoy es parte del Parque Lineal del Manzanares, un canal que discurría paralelo al río para facilitar su abastecimiento de agua, y al que se dotó de diversas esclusas que posibilitaban salvar los desniveles naturales del terreno. Las obras se iniciaron en septiembre de 1770 y tras ocho años de trabajos se consiguió que pequeñas chalupas y barcazas pudieran recorrer el tramo comprendido entre el embarcadero existente en la capital, junto al Puente de Toledo, y la denominada octava esclusa, a la altura de la Cañada Real Galiana a su paso por el término de Rivas-Vaciamadrid. Construido este primer tramo del que pretendía ser Real Canal del Manzanares quedó en evidencia, entre otros múltiples problemas para la continuidad del trazado, que el aporte hídrico que ofrecía el río madrileño era en general muy escaso, siendo a menudo insuficiente para asegurar una mínima navegación, incluso de pequeñas barcazas.

En 1785 y con el aval económico de Francisco Cabarrús, asesor financiero de la Corona y primer presidente del por entonces recientemente creado Banco Nacional de San Carlos (esta persona, poseedora de una gran fortuna, había impulsado en 1775 el llamado Canal de Cabarrús que llegó a tener en 1799 cerca de 12 km de longitud, uniendo para uso agrícola entre Torrelaguna y Patones las cuencas de los ríos Lozoya y Jarama), se le va a presentar al rey un proyecto global de canales teóricamente viable que permitiría conectar de forma fluvialmente navegable Madrid con Sevilla, para desde allí alcanzar finalmente por el río Guadalquivir la salida natural al Atlántico (en total 771 km que salvaban técnicamente un desnivel estimado de 700 m en el recorrido). Entre las soluciones que aportaba el proyecto se incluía solventar la escasez de caudal en el Manzanares mediante el trasvase a este de agua procedente de otro de los ríos serrano como es el Guadarrama.  El proyecto global, sin duda muy ambicioso, satisfacía además de la mejora deseada en las comunicaciones hacia el sur de la península, el abastecimiento de agua para el consumo de la capital y el riego de las tierras de labranza de los pueblos de alrededor.
La viabilidad técnica del proyecto venía avalada por la reputación de quien lo había diseñado ahora, el ingeniero militar de origen francés Carlos Lemaur, profesional que había sido llamado a España por el rey Fernando VI, antecesor del rey Carlos III, y al que algunos ilustrados de la época como Jovellanos habían llegado a calificar como uno de los mejores ingenieros del mundo. En España, Lemaur ya había realizado por entonces otras grandes obras de ingeniería, como el Canal de Castilla, el paso de Despeñaperros en el Camino Real de Andalucía o el Real Camino de Galicia.

El proyecto gustó y recibió finalmente luz verde, pero la repentina muerte por suicidio de Carlos Lemaur implicó que finalmente fuesen sus hijos, que habían también colaborado en el diseño general, los que lo pusieron verdaderamente en marcha. Así fue como en 1787, priorizándose en el plan de trabajo la solucionar el aporte de caudal de agua al Canal del Manzanares ya construido y poder luego darle continuidad, empezó a trabajarse en el nuevo Canal del Guadarrama. Este subproyecto comprendía la construcción de una gran presa para embalsar las aguas de la sierra procedentes del tramo alto del río Guadarrama y toda la canalización en abierto desde la presa hasta el río Manzanares. Las obras se iniciaron con solo 100 obreros, cifra que se fue aumentando hasta alcanzar, en ciertos momentos, los 5.000 trabajadores. Hubo por lo que se cuenta muchas dificultades e incidencias, incluyendo importantes problemas de financiación por parte del Banco de San Carlos, de ahí que se empezase utilizando como mano de obra soldados que posteriormente fueron reemplazados por prisioneros condenados a trabajos forzosos.


Para la construcción de la presa se eligió el final de la angostura que forma el río Guadarrama entre el monte del Gasco, de quien tomó el nombre la presa, y los cerros por donde discurre el actual puerto de Galapagar. La estrechez allí del desfiladero y su prolongado curso prometían una reserva de agua más que suficiente para garantizar la inundación de los canales que en el mismo se iniciaban. El diseño previsto admitía un muro de 93 metros de altura, el más alto del mundo en su momento, con una anchura de 72 metros en base y una longitud de 251 metros, construido en mampostería de granito obtenido en canteras cercanas a la presa.

Tras doce años de trabajos, cuando se llevaban levantados 53 metros de altura en la presa y se llevaban construidos unos 27 km de canal, el 14 de mayo de 1799 una fuerte tormenta presionó de tal forma el centro del muro que este se vino parcialmente abajo. Fue la puntilla del Canal del Guadarrama y el del abandono del proyecto faraónico soñado de alcanzar el mar desde Madrid a bordo de una embarcación. Proyecto que seguramente habría podido realizarse técnicamente, pero sobre el que siempre sobrevolaron dudas de rentabilidad y viabilidad económica.

Te animo a que visites la presa y descubras también algunos otros restos existentes de aquel proyecto de canalización hidráulica. Los encontrarás en su mayor parte en el término municipal de Torrelodones, las Matas y las Rozas en lo que respecta al Canal del Guadarrama y en el tramo 2 y 3 del Parque Lineal del Manzanares si nos referimos a los restos del Canal del Manzanares.

Hay varios puntos desde los que puedes acceder tras una más o menos larga caminata al entorno de la Presa del Gasco. El más corto seguramente es desde la urbanización Molino de la Hoz (carretera de Las Rozas a El Escorial) distante caminando de la presa unos 25 minutos, aunque quizás la ruta más aconsejable, especialmente si te gusta algo el senderismo moderado, es llegar a ella desde el otro monumento más sobresaliente de Torrelodones: la Torre de los Lodones, que se alza sobre un cerrete próximo a la autopista de A Coruña. Te indico seguidamente el enlace a una ruta senderista desde Torrelodones a la Presa del Gasco.

Exposición temporal: Historietas del tebeo 1917-1977

Puesto que los tebeos han sido fieles acompañantes de la infancia y juventud de muchos de nosotros, la visita a exposiciones como la que actualmente se muestra en el Museo ABC tiene el atractivo entrañable, más allá de aspectos didácticos, de volver a contactar con personajes que nos fueron muy familiares y que nos hicieron pasar sin duda buenos ratos.

Historietas del tebeo 1917-1977 es, como señalan los organizadores, una exposición sobre los tebeos españoles que se publicaron en el periodo comprendido entre dichos años, y esas fechas se han tomado como referencia por ser el año 1917 en el que nace la revista TBO, que por su éxito dará origen terminológico al medio, y por ser luego el año 1977 en el que con la aparición de la revista Totem el género dará un salto definitivo a los cómics para adultos.

Repasando los títulos de las revistas comprobamos que había para casi todos los gustos: Tebeos de humor para toda la familia, infantiles, juveniles de aventura y de temática romántica, tebeos doctrinales, etc.

Entre los tebeos de humor podemos citar por ejemplo algunos títulos representativos y secciones destacadas que nacieron en los mismos:
  • TBO (1917-1998): “Los grandes inventos del TBO”, “La familia Ulises”, “Josechu el vasco”, “Altamiro de la cueva”.
  • JAIMITO (1944-1982): “Pumby”, “El capitán Salmonete y el grumete Timoteo”
  • PULGARCITO (1921-1987): “El repórter Tribulete”, “Carpanta”, “Don Pio”,”Zipi y Zape”, “Doña Urraca”, “Las hermanas Gilda”, La familia Trapisonda”, "Pitagorín", “Anacleto, agente secreto”, "Mortadelo y Filemón, agencia de información".
  • DDT (1951-1978): “La familia Cebolleta”, “El botones Sacarino”.
  • TIO VIVO (1957-1986): "Rue del Percebe", "Rompetechos"
Victor Mora, Peñarroya, Vazquez, Escobar, Ibañez, son algunos de los autores que colaboraron en estas revistas dejándonos inolvidables personajes gráficos.

Dentro del género de tebeos de aventuras encontramos títulos que, los que tenemos ya cierta edad, recordamos claramente:
  • ROBERTO ALCÁZAR Y PEDRÍN
  • EL GUERRERO DEL ANTIFAZ
  • EL COYOTE
  • EL CAPITÁN TRUENO
  • EL JABATO
  • HAZAÑAS BÉLICAS
Y no hay que olvidar también aquellos tebeos de tinte romántico orientados según los roles de la época a niñas y chicas adolescentes:
  • FLORITA
  • AZUCENA
  • SERENATA
  • ROSAS BLANCAS
Había también algunos tebeos de descarado tinte ideológico, como fueron los ligados tras la guerra civil a exaltar los valores del Movimiento Nacional frente a los ideales republicanos: “FLECHAS Y PELAYOS” (1938-1949) y posteriormente “CLARÍN” (1949-1955).

Con el paso de los años el tebeo va a ir evolucionando. Algunos personajes, como los famosos Mortadelo y Filemón, se van a independizan creándose para ellos una propia revista con historietas largas, Al tiempo, nuevas tendencias culturales y el hecho de que los más fieles seguidores de los tebeos van pasando por edad de jóvenes a adultos, el contenido de las historietas y los personajes se hacen más maduros. A comienzos de los 70 aparecen así revistas de humor como “TRINCA” que son ya la antesala del mundo del comic para adultos. Poco después aparecerán otras revistas satíricas que revolucionarán el panorama del humor gráfico en nuestro país, como fueron “EL PAPUS” o el actualmente vigente “EL JUEVES”, así como series como "Paracuellos" de la revista "Muchas Gracias" (1976-1977).



Museo ABC
c/ Amaniel, 29-31
Horario: De martes a sábado de 11 a 20 horas. Domingo de 10 a 14 h.
Entrada gratuita
Exposición abierta hasta el 25 de febrero de 2018