La plazuela más pequeña de Madrid

La plazuela de San Javier es un pequeño y algo recóndito espacio del Madrid de los Austrias que pasa por ser considerada la más pequeña de la Villa, curiosidad que por sí misma puede ser motivo para dedicarle una visita, pero que además tiene, en torno a ella, algunas anécdotas que sin duda reforzarán el interés del paseante curioso.

Situada entre las calles Segovia y Sacramento, se accede a esta plazuela a través de la Calle Conde, que así se llama porque en ella tuvo su palacio el conde de Revillagigedo, virrey de la Nueva España e impulsor de la colonización de California. La plazuela, que por pequeña y por dar sólo a una calle más parece una protuberancia de esta que realmente una plaza, ya existía en el siglo XVII, pues así queda reflejada, aunque sin nombre aparente, en el famoso plano de Texeira de 1656.

Se la llamó posteriormente Plazuela de San Javier por existir, en la fachada del edificio que hace chaflán con la calle Conde y que perteneció a la Compañía de Jesús, una imagen pintada de dicho santo ejerciendo su papel de apóstol de las Indias. Dicho edificio fue sometido en los siglos posteriores a diversas reformas, transformándose hace ya tiempo en bloque de viviendas, pero sin perder del todo cierta noble apariencia arquitectónica de antaño, como lo atestigua su puerta adintelada en piedra.

En el número 3 de la calle Conde, frente a la plazuela y cerrando visualmente el contorno de esta, encontramos un edificio con un escudo nobiliario en medio de su fachada. Se trata de una casona del siglo XVI, aunque reformada en los dos siglos siguientes, en la que se cree vivió el Aposentador de Felipe II (dicha persona era la encargada de la separación de los cuartos de las personas reales y de señalar los espacios para oficinas y habitación de los que debían vivir dentro de palacio). En la planta baja del edificio se abrió en el siglo XVIII un almacén de vinos que, un siglo después, ya por 1857, se transformaría en una posada con habitaciones para huéspedes estables, con cuadra para guardar las acémilas y con un afamado mesón que cuentan fue frecuentado con cierta asiduidad por el famosos bandolero Luis Candelas. Aquella vieja posada, que como la plazuela se llamó de San Javier, se mantuvo en funcionamiento hasta comienzos de la Guerra Civil, pero aunque hoy ha desaparecido, su recuerdo y el de esa pequeña plaza han quedado inmortalizados, gracias al maestro Federico Moreno Torroba, en una de las más conocidas y populares zarzuelas de ambiente madrileño, -Doña Francisquita-, estrenada en el teatro Calderón en 1932 y en la que vemos como el primer acto de la obra transcurre a las puertas de dicha posada, de la que es inquilina la joven protagonista. Si sientes curiosidad, te ofrezco seguidamente el enlace a un fragmento de dicha zarzuela.