
Merece nuestra atención este mercado porque está declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de monumentos, ya que es el único ejemplo de mercado de arquitectura en hierro que se conserva en Madrid.
El mercado de San Miguel se levanta sobre el solar que ocupó en el siglo XVIII la iglesia parroquial de San Miguel de los Ochotes (en ella fue bautizado Lope de Vega) y que sería demolida como consecuencia del gran deterioro que sufrió el edificio y la zona colindante en un gran incendio ocurrido en 1790. El solar se transformó en una plaza pública en la que se celebraba un mercado al aire libre y en el que, como era usual en la época, los productos eran exhibidos en tenderetes o sobre simples cajones. La existencia poco higiénica de este tipo de mercados va a ser la generalizada hasta que a finales del siglo XIX el ayuntamiento asume una mayor regulación sanitaria de los mismos y comienza además a cubrirlos. Así lo hace primero con los mercados de los Mostenses (construido en 1875), la Cebada (1875), Chamberí (1876) y la Paz (1882). En 1913, bajo la dirección del arquitecto Alfonso Dubí, le llega el turno al de San Miguel, utilizándose para su recubrimiento la vistosa estructura de hierro fundido que hoy vemos y que estaba en boga en aquel momento (los otros mercados anteriormente citados también la tuvieron pero la perdieron en las remodelaciones que a lo largo de estos años han sufrido).
