Ante la
simpática provocación a los madrileños que nos lanzaba el grupo Los Refrescos cuando decían aquello de “podéis tener Retiro, Casa
Campo y Ateneo, podéis tener mil cines, mil teatros, mil museos, podéis tener
Corrala, organillos y chulapas, pero al llegar agosto, ¡vaya, vaya!, aquí no hay playa”, hemos de responder que eso no es
verdad del todo. Somos imaginativos y puesto que el
verano madrileño es caluroso, ante la falta de mar bueno es el río y las
piscinas.
Aunque
hoy resulte impensable bañarse en el río Manzanares a su paso por la
ciudad, está costumbre estuvo arraigada entre los madrileños hasta principios
delos años setenta del siglo XX.Las riberas del río, preferentemente en áreas
no urbanizadas como Puerta de Hierro y El Pardo, se llenaban de bañistas dispuestos
a darse un refrescante remojón, pues nadar, lo que se dice nadar, difícilmente se
conseguía en un río con tan escaso caudal. Fue por ello que, tras la canalización
del Manzanares llevada a cabo entre 1914 y 1925, van a empezar a crearse, en
las márgenes del mismo, las primeras piscinas madrileñas. Así, en 1931 se abre la
Piscina de La Isla y, en 1932, la Playa de Madrid, considerada la primera playa
artificial de España.
La
Piscina de la Isla se denominó así porque se ubicaba realmente sobre una isla que
había en medio del río, en las proximidades del Puente del Rey. Dicha isla fue
ampliada artificialmente para construir el recinto de baños. Al conjunto se le quiso dar un toque marinero y para ello se construyó dándole forma de buque varado,
con la proa en línea con la corriente del río. El recinto contaba con tres
piletas de baño, dos de ellas al aire libre y una cubierta.
Con la
posterior apertura de La Playa de Madrid se palió en buena medida el complejo de orfandad playera, pues se disponía ahora realmente de todo aquello que asociamos con ella: La
arena hasta la orilla del agua, las sombrillas, el alquiler de tumbonas, e incluso barcas de recreo. Esta playa, de carácter público, fue posible gracias a un gran embalse del río que se
construyó cerca del actual Hipódromo de la Zarzuela, a la altura de la
desembocadura del Arroyo del Fresno, dos kilómetros aguas arriba del Puente de
San Fernando. Con el tiempo se abandonó la opción de baño en el río y el recinto pasó a ser polideportivo privado, funcionando como tal hasta que hace ya varios años cerró.
Poco a
poco Madrid fue ampliando su oferta de baño con la apertura de nuevas piscinas
públicas y privadas por toda la ciudad, aunque el entorno del río ha mantenido
desde entonces siempre cierta asociación preferente con el baño. En sus
cercanías, por ejemplo, podemos mencionar recintos como el populoso Parque Sindical, conocido como “la charca del obrero”, que se inauguró en 1955 (actualmente se denomina Parque Deportivo Puerta de
Hierro), o la en su día aperturista, por ser una de las pioneras en acoger el topless, piscina de El Lago (estaba junto al Puente de los
Franceses, en el lugar que hoy ocupa la Clínica Moncloa ).
Con la
reciente creación del Parque Madrid Río nuevamente resurgió el sueño de dotar de playa a
Madrid y, aunque al resultado hay que echarle imaginación para ver la
equiparación, ahí tenemos las tumbonas, las sombrillas y el refrescante agua “a
chorros”. ¡A disfrutarla!
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