Las Reales Academias, surgidas del espíritu de la Ilustración y amparadas por la Corona, empezaron a constituirse en España en el siglo XVIII. Existen ocho Reales Academias oficiales con sede en Madrid (la RAE o de La Lengua, la de Bellas Artes de San Fernando, la de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, la de Ciencias Morales y Políticas, la de Medicina, la de Jurisprudencia y Legislación, y la de Farmacia). Además de estas, que tienen un carácter centralizador, hay otras cincuenta Reales Academias con dimensión autonómica y sectorial.
Tras su constitución, la Real Academia de Medicina pasó por diversas sedes a lo largo de los años hasta asentarse definitivamente, a comienzos del siglo XX, en su ubicación actual, gracias a un real decreto por el que se aprobaba la construcción de un nuevo edificio, pensado ya específicamente para servir a dicha institución, en el solar de la calle de Arrieta que hasta ese momento había ocupado la Biblioteca Nacional. El arquitecto fue Luis María Cabello Lapiedra y la primera piedra, valga la curiosa redundancia, se colocó en 1911, finalizando las obras en 1914. Puede observarse que en la fachada del edificio están grabadas la fechas significativas de constitución de la Academia (1733) y de inauguración de la sede (1913), detalle este último que nos lleva a constatar que entonces, como ahora, las inauguraciones no siempre se hacían después de la finalización de las obras.
Tras atravesar el zaguán de entrada (se muestra en él una de las copias originales del famoso plano de Texeira) encontramos el vestíbulo y el Patio de Honor (el solar del edificio es relativamente pequeño y toda la edificación se construyó buscando la optimización de espacios). Este último presenta un bonito techo acristalado y está rematado con una majestuosa lámpara de La Granja. Pasando el Patio se entra en la que sin duda es la pieza más interesante de la casa: El Salón de Actos. Coquetón, solemne y con apariencia de reducido teatro, se encuentra presidido, con permiso de la mesa, por un gran cuadro de Felipe V. Frente a la presidencia, o mejor dicho de costado a ella, los sillones de los 50 académicos. A continuación, en butacas de patio y anfiteatro, el resto de asistentes. Retratos de destacadas figuras de todos los tiempos ligadas a la medicina contemplan la sala desde medallones en lo alto de las paredes.
En el primer piso, el tradicionalmente concebido como principal en las casas de época, encontramos el Salón de Gobierno, lugar donde los académicos celebran sus reuniones de trabajo, y la hermosísima biblioteca. El edificio tiene un piso más, pero creo que no es visitable, o al menos no lo fue en el recorrido que nos mostraron (entiendo que no contiene ya aspectos destacables para los foráneos a la institución).