Sin duda, uno de los rincones más bellos del casco histórico
de Madrid es la Plaza de la Villa, coqueto espacio que se abre junto a la calle
Mayor flanqueado por varios edificios de gran valor histórico-artístico, como
son la Torre y Casa de los Lujanes, la
Casa de Cisneros y la Casa de la Villa.
La plaza data originalmente de la Edad Media y antiguamente
era llamada Plazuela de San Salvador debido a que en su proximidad se encontraba una iglesia del mismo nombre hoy
desaparecida (fue derruida en 1843). La ubicación estratégica de la plaza,
equidistante de las dos principales puertas de entrada a Madrid (la de
Guadalajara, en torno al actual Mercado de San Miguel, y la de la Vega, al
final de la calle Mayor) otorgó a este espacio un carácter especialmente relevante
y céntrico, siendo elegido ya desde el reinado de Alfonso VIII, a comienzos del
siglo XIII, como el lugar de celebración de las reuniones del concejo de la ciudad
(utilizaban el pórtico de la iglesia anteriormente mencionada).
En el siglo XV, la Plaza de la Villa adoptó su actual
denominación, coincidiendo con la otorgación del título de Noble y Leal Villa
recibido por Madrid de manos del rey Enrique IV de Castilla.


El fiero turco, en Lepanto,
en la tercera el francés,
y todo el mar el inglés,
tuvieron de verme espanto.
Rey servido y patria honrada
dirán mejor quien he sido:
por la Cruz de mi apellido,
y por la cruz de mi espada
En las siguientes entradas de este blog hablaré con algo más de
detalle de cada uno de los edificios de esta plaza, pues cada uno de ellos
tiene interés artístico y, también, alguna curiosidad histórica digna de mención.