
La festividad de San Isidro Labrador, patrón de Madrid, se
celebra el 15 de mayo y ese día muchos madrileños mantienen la tradición de ir
en romería hasta la Ermita del Santo, beber agua de su fuente “curativa” y disfrutar
de la verbena, así como de una merienda en la Pradera a semejanza de aquellas
otras que ya Goya reflejó en alguno de sus conocidos cuadros.

La tradición cuenta que mientras San Isidro araba unos terrenos de su señor Iván de Vargas, que estaban situados en el lugar que hoy
ocupa el área de la ermita, hizo brotar milagrosamente una fuente de una roca. Sobre ese lugar se
levantó en 1528 una ermita por mandato de la emperatriz Isabel de Portugal, esposa de
Carlos I, en agradecimiento al santo después de que el príncipe don Felipe
hubiera recobrado la salud al beber agua de la fuente. La sencilla iglesia que
conocemos hoy -en el actual paseo de la Ermita del Santo-, fue reedificada sobre las ruinas de la construcción primitiva en 1725 por Baltasar de Zúñiga, marqués de Valero. Presenta una única nave con cúpula y linterna. En el altar mayor las figuras de San Isidro y de su esposa, Santa Mª de la Cabeza. Detrás de la ermita (abierta durante el año sólo los sábados de 11 a 13 horas), en el llamado cerro de San Isidro, se asentó en 1811 el Cementerio Sacramental de San Isidro.
En el lado norte de la fachada exterior, en un recoleto jardín, encontramos la fuente de la ermita (abierta sólo en la semana de la festividad). El agua te
la sirven de unas jarras, como si estuvieses en un bar, y aunque allí te
facilitan vasos de cristal, es recomendable que si piensas beber te lleves tu
propio vaso o una botella).

Disfruta de la verbena y, si te atreves, vístete de
chulapo/chulapa.